Abril 2001.

Acto realizado en el mes de abril de 2001. “Por la Soberanía, por la tierra y contra la pobreza”.

Como pocas veces a lo largo de la historia, la identidad nacional está amenazada. Hoy en el fondo de este gran debate lo que se está discutiendo es la viabilidad de esta patria y de quienes vivimos en ella. Porque se nos está yendo hasta la gente.

Algunas reflexiones: podemos quedarnos en la superficie de lo que nos pasa o podemos sacar enseñanzas y conclusiones de fondo, como si fuera una parábola. Yo podría elegir cualquier tema de los grandes, al azar, por ejemplo, el tema de la aftosa.

El año pasado, cuando empezábamos a discutir el presupuesto, los funcionarios del Instituto Rubino venían a reclamar mejoras para lo que se les destinaba, que era magro, misérrimo, paupérrimo. Pocas semanas después, estalló lo de Artigas, la invasión del virus de la fiebre aftosa parecía como que aquellos funcionarios del Instituto Rubino encargados, entre otras cosas, de vigilar a esa enfermedad, habían adivinado lo que le iba a pasar al país. Hace pocas horas me visitó un funcionario jubilado de aquel instituto vino a contarme, que soy de la ciudad, que ignoro, como gran parte de la izquierda los problemas de nuestro campo. Lamentablemente, una pequeña historia y la parábola.

Este fue un país con aftosa y sin vacuna en los orígenes, obviamente. Hubo una época en que había ganado, había aftosa y no había ni siquiera vacuna. Después fue un país con aftosa y con vacuna, elaborada por laboratorios particulares pero sin lucha estatal contra la aftosa. Un poco “a la que te criaste”, el productor rural que quería podía comprar la vacuna, el que no quería no vacunaba y convivíamos con la aftosa. Y a fines de la década del 60 en el Laboratorio Rubino, allá en el Cno. Maldonado, cerca de Pando, el gobierno construyó tres grandes galpones, cada uno destinado a luchar contra cada una de las formas del virus: la a, la o y la c, un matadero chiquito, modélico para faenar los animales con los cuales iba a experimentar, oficinas, laboratorios, camionetas, islas en el Río Negro del lado de Baigorria para tener animales vírgenes de toda contaminación a los efectos de experimentar con ellos; y declaramos oficialmente entonces la guerra a la aftosa para tratar de liberarnos de esa plaga.

Se invirtieron enormes recursos y un día juntaron una especie de seleccionado de veterinarios, funcionarios del Ministerio, etcétera. y los destinaron a esa tarea. Una especie de pequeño “ejército loco”, al cual reunió un día el Dr. De Freitas y les explicó qué tamaña empresa iban a encarar, diciéndoles que les iba a llevar décadas, tal vez un siglo; era una lucha larga y prolongada, les dijo, contra ese flagelo y a uno, escuchando el relato le parecía oír al Che, además tiene que ser continental. No podemos ni soñar con erradicar la aftosa del Uruguay si no se la erradica del Paraguay, del Brasil, de Argentina, esta es una batalla continental, una batalla regional. Conviviremos con esta enfermedad mientras ella no sea extirpada en la región. Eso les dijo aquel veterinario, Dr. De Freitas, fallecido hoy, que peleó luego en Paraguay, y que murió allá peleando contra la fiebre aftosa, aquel sabio uruguayo. Y este país, este Uruguay de aquella época desempeñó la proeza, cumplió la proeza.

Podríamos elegir como relato de la parábola cualquier otro tema. Brasil devalúa en el marco del Mercosur en el año 99 sin decir “agua va” y nos sume a todos en una profunda recesión. A Argentina se le ocurre levantar las barreras arancelarias sin consulta, y en el marco del Mercosur lo hace. Habiendo compromisos contraídos, oculta durante seis meses que tenía aftosa y engaña al mundo, y nos jode, y no nos dejan entrar con nuestros productos inventando barreras sanitarias y de otro tipo.

Entonces, Jorge Batlle, desorientado, sale a decir que nos vamos para el ALCA o nos vamos para el NAFTA o nos quedamos en el Mercosur, o nos vamos para una relación bilateral con los EEUU, no se sabe bien qué piensa con la Unión Europea, y todo esto dicho por la prensa sin consultar a su propio partido donde tiene discrepancias. Y es otra parábola. ¿No habíamos apostado en el año 91 como estrategia al Mercosur? ¿Y ahora qué nos ha pasado?

Nosotros tenemos el orgullo de haber sido de los pocos que votamos contra el Mercosur , pero eso no importa, no venimos a cobrar boletas amarillentas, porque somos integracionistas, pero estábamos en contra de ese modo de integración. Nos preocupa más que eso hoy, constatar la realidad actual y la desorientación del gobierno, de los partidos tradicionales frente a los grandes problemas del país y la desorientación del pueblo.

¿Quieren cualquier otro tema? La contaminación por plomo en La Teja, que yo creo que no es sólo allí. Pienso que estamos todos contaminados con plomo, por las cañerías de OSE y porque consumimos casi uno de los últimos pocos países del mundo nafta con plomo. Ibamos a arreglar la refinería para producir nafta sin plomo, y el gobierno decretó paralizar las obras de la refinería para seguir produciendo nafta con plomo.

¿Quieren otra parábola? Este país hizo una de las más grandes y mejores inversiones de América Latina en ANTEL, bajo la dictadura y posteriormente. Digitalizamos todo el sistema, telefonizamos el Uruguay, construimos una de las mejores infraestructuras telefónicas del mundo, de punta en América Latina. Y después que tenemos esa realidad sacrificadamente construida, y que comienza a dar ganancias como es lógico con una potencialidad tremenda de desarrollo, ellos vienen y dicen: “vamos a venderla”.

Plantan madera, plantan árboles, subsidian en la plantación; nos transformamos en un país forestal. Plantan hectáreas de eucaliptos y se olvidan nada menos que los eucaliptos crecen, y que después hay que cortarlos, y que debe salir hacia los puertos. Se nos derrumba un monte de eucaliptos sobre Montevideo, sobre Nueva Palmira, sobre los puertos, no hay por dónde sacarlos. Pero antes destruyeron AFE, y ahora dicen: “tenemos que reconstruirla”.

Algunas conclusiones. La primera: estamos inmersos en una profunda crisis del sistema de dominación, en una crisis de los partidos tradicionales. Y este país tuvo modelos con los cuales podíamos estar en contra o a favor generalmente en contra, pero los tuvo. Un proyecto, una estrategia, ideas claras, y a rajatabla, a veces pasando por encima de la miseria de los pueblos, la aplicación de ese modelo. Y hoy lo que tenemos es la no estrategia, a veces es la desorientación, otras veces esto es conscientemente buscado. Parece que hay una crisis profunda de proyecto en los partidos que tradicionalmente representaron a los sectores dominantes.

Una de las primeras conclusiones que tenemos que sacar de estas parábolas: “no dan pie con bola”, “están como perro en cancha de bochas”, “son un terremoto”, “gato entre la leña”, “cachila en tierra suelta”, no saben ni para dónde ir, ni qué hacer, sólo repetir slóganes vacíos.

Segunda conclusión: está en debate lo que en términos teóricos se llama la cuestión nacional, la existencia o no de este país.

Miren para cualquier lado: la aftosa nos viene de afuera; el Mercosur: nos vienen de afuera las dificultades y los problemas; y el ALCA. Y hoy, como pocas veces a lo largo de su historia, su identidad nacional está amenazada. Hoy en el fondo de este gran debate lo que se está discutiendo es la viabilidad de esta patria y de quienes vivimos en ella. Porque se nos está yendo hasta la gente…

El otro tema que emerge, claro, nítido, rotundo, es la hoz; la izquierda uruguaya fue puro martillo de tan urbana y asfáltica. Y hoy que recordamos a Raúl, de los pocos que se acordó de la hoz, de que somos un país ganadero, agricultor, lanero, pescador, minero, extractivo, que el país no es Montevideo, que el país es mucho más.

Y acá hasta nos tenemos que hacer una autocrítica. Salva sea la parte de que quienes provenimos de la línea de Raúl, somos de los pocos que nos ocupamos del campo. Y muy criticado es hoy, incluso en sofisticadas tiendas de la izquierda el Pepe, por su desviación agrarista, poco asfáltica, no tiene tufín universitario…

Pero por cualquier lado para la clase obrera, para los del martillo y el yunque, para esta izquierda tan querida, proletaria, trabajadora y empleada, la parábola es clara: aparece la fiebre aftosa y 3 mil obreros de la carne van al seguro de paro. El proletariado tiene que sentir como sintió siempre, históricamente, y de ahí la hoz y el martillo, que sin la alianza entre las dos cosas es imposible el país. Que podrá haber 48 mil productores rurales, de los cuales la mitad vive bajo la línea de la pobreza, podrá haber muy pocos obreros que trabajen en las canteras, pocos pescadores, o pocos obreros, tamberos o productores, pero ellos son los que ponen en marcha la máquina para que miles y miles de obreros de la industria láctea, de la industria pesquera, de la industria de la construcción, del cemento portland, trabajen en las fábricas. El campo está ligado íntimamente a la clase obrera, por lo que tiene que tomar conciencia de eso. Y ligar una alianza estratégica del campo y la ciudad para derrotar el proyecto de la oligarquía.

Hasta que la izquierda no tenga claro eso, no se abrirán como decía Salvador Allende en nuestro país “la puerta de las anchas Alamedas, para que por ella pase el hombre libre”.

Estámos ante el fracaso del Estado compañeros. Esa es una asignatura pendiente que tenemos. Todos ustedes y nosotros militamos en el año 92. Perdimos en julio. Se acuerdan lo que marchamos…Ganamos en octubre y después le dimos la paliza en diciembre, para impedir la privatización de las empresas públicas. ¿Se acuerdan de esa batalla histórica? Ejemplo en América Latina y en el mundo. Pero recuerden que en aquellas tribunas a las que fuimos, a la gente le dijimos: queremos tu voto y tu firma para derogar esta ley privatizadora, pero te prometemos una reforma del Estado, porque este Estado así como está es indefendible.

Estámos ante el fracaso de este Estado que construyeron ellos y no tenemos porqué defenderlo. Hay que levantar una propuesta de un Estado moderno, al servicio del pueblo, al servicio de las clases populares. ¿Qué proyecto alternativo tenemos?

Raúl fue siempre un heterodoxo, un canario que pensaba con cabeza propia, incluso, ante las más grandes autoridades teóricas de moda en su época.

Y han cambiado muchas cosas en el mundo, compañeros. Nosotros no podemos seguir, por pereza mental, repitiendo eslógan que hoy ya no funcionan, o que están vacíos o que no dicen nada, que son nada más que una comodidad para no estudiar, para no elaborar, para no profundizar. El mundo cambió. No es, como se decía hoy, por parte de algunos intelectuales urbanos de acá de Montevideo, que la fiebre aftosa mata hoy más que antes. La fiebre aftosa no mató nunca porque no es letal, enferma nomás, no mata a las vacas. Las vacas se mueren por otro motivo, no por la fiebre aftosa. Pero hay que perdonarles a esos intelectuales de Montevideo que no sepan eso en un país ganadero. Lo que ha cambiado es que ahora somos un país de comercio de tránsito; los camiones van y vienen para todos lados, van a Chile, van al profundo Brasil. Ha habido revoluciones tecnológicas, revoluciones informáticas, revoluciones en el sistema financiero capitalista mundial. Tenemos que tener ante esos fenómenos, como tenía Raúl en su época, la cabeza abierta, innovadora, original, revolucionaria. Porque revolucionario es eso, es revolucionar, es pensar con la cabeza propia, cambiar lo que existe por algo nuevo pero viable y no vivir apegados a viejas recetas que no sirven ya más.

Y finalmente, para irme, hay que apostar a la vida, ¿verdad?

Nosotros no podemos recordar muertos, compañeros, los actos como éste, tienen un solo sentido: decir que los compañeros viven porque pelearon, que viven en el corazón, está bien. Pero para que vivan, tenemos que hacer actos como éstos, reafirmatorios de que están vivos, porque este acto lo convocan ellos. Pero también tenemos que elaborar acción y lucha que demuestre que su pensamiento, que su memoria, que su tradición está viva. Y esa es una apuesta a la vida, al optimismo de este país.

Hay que hacer una apuesta a la vida y no a la muerte, compañeros y compañeras. Y estos compañeros que se quedaron eran timberos a favor de la vida.

Muchas gracias compañeros.

 

Eleuterio Fernández Huidobro