26.04.2002

Acto realizado el 26 de abril de 2002 en recordación al compañero Raúl Sendic .

Hace 6 meses, el 12 de octubre, en oportunidad de recordar nuevamente la muerte del Che, y el copamiento de Pando, tuvimos que hablar acerca de las consecuencias del atentado en las Torres Gemelas, y también desenmascarar lo que en ese momento el imperialismo estaba perpetrando en Afganistán. Muchos de los que están acá recordarán ahora lo que en aquel entonces dijimos, que luego se fue confirmando a lo largo de estos meses, cuando las noticias, después del engaño de la gran prensa, comenzaron a llegar mucho más puntuales, y las compañeras y los compañeros pudieron estudiar mejor y más detenidamente a qué mundo estábamos asistiendo.

Pocos días después de aquel entonces, estalla la previsible situación argentina. Refresquemos la memoria, parece que haya pasado tanto tiempo y sin embargo esto fue como quien dice hace unas horas, en que estalla la previsible situación de Argentina, tan cerca nuestro, que todavía continúa.

Pocas veces a lo largo de la historia y de los tiempos, nosotros todos pudimos asistir y estamos asistiendo al desmantelamiento por la crisis y por el neoliberalismo, y por el capitalismo salvaje, y por la globalización de un gran país, de un país riquísimo; desmantelamiento, al punto que hoy, seriamente, como si no pasara nada, muchos analistas discuten la viabilidad de la Argentina, su futuro como país.

Hace pocas horas también, asistimos al intento de golpe de Estado de la querida Venezuela perpetrado, como ahora bien sabemos todos, con una injerencia importantísima de los EEUU; como en sus mejores épocas, como en aquel lejano pasado de la década de los 60 y de los 70, cuando organizaba todos los golpes de Estado, todas las tiranías a lo largo y ancho del mundo, y también de América Latina, y asistimos a la crisis de Uruguay con Cuba o de Cuba con Uruguay. Hace unas horas, como quien dice ayer, todavía fresco todo esto, sigue la situación en Argentina contaminándonos.

Hoy temblaba la plaza financiera uruguaya en la Ciudad Vieja, hasta hace unas horas estaba temblando, yo no sé qué pasará el lunes. Sigue la situación en Argentina, sigue la situación en Colombia, como ruido de fondo Palestina; y Bin Laden no aparece, aquel terrorista que fuera usado como excusa para desatar todo esto, sigue sin aparecer.

Nosotros tuvimos que discutir hace bien poco en el Senado, una moción presentada por el Partido Nacional de condena a Cuba, allí tuvimos que informarle a los demás senadores de la coalición que nosotros seguíamos creyendo que el imperialismo existía, que en este mundo había una cosa llamada imperialismo, algo que incluso en nuestra juventud bebimos en fuentes blancas; en nuestro país seguimos creyendo que ese fenómeno portentoso sigue existiendo.

Eso fue el martes 9 de este mes, creo recordar, en ese discurso dijimos también lo que habíamos dicho acá el 12 de octubre cuando hablábamos de Argentina: dijimos que a los EEUU le dolía el riñón que tenía en el norte de América del Sur, y que lamentablemente en pocas horas íbamos a tener muy malas noticias de Venezuela. Lo dijimos el 12 de octubre cuando hablamos del petróleo, del gobierno petrolero norteamericano, que hiede a nafta; el presidente, que no se sabe quién lo eligió, el vicepresidente, sus principales asesores, que a eso iban a Afganistán y que la próxima era no Colombia sino Maracaibo. Lo volvimos a repetir el 9 de abril en oportunidad de discutirse la situación de Cuba o de Uruguay con Cuba y dijimos que nuestro presidente Jorge Batlle y la actitud de política exterior era grave, porque era funcional a los intereses del imperialismo, de un imperialismo peligroso como nunca, que andaba suelto y que estaba planificando a nivel planetario grandes agresiones, y volvimos a decir como adivinos que en pocas horas, y que ojalá nos equivocáramos, íbamos a tener pésimas noticias de Venezuela.

Eso fue un martes, el viernes tuvimos pésimas noticias de Venezuela. ¿Se necesitaba ser adivino? Para saber que todo esto forma y formaba parte de un plan, de un plan casi evidente, nosotros teníamos un solo dato para poder hacer esa adivinanza el martes, de que se nos venía el golpe de Estado en Venezuela: y era que Chávez, que asumió el gobierno en el año 99, recién en febrero de este año había podido, en esos días, en esas horas, meter mano en Petróleos de Venezuela S.A.

Desde que me enteré de eso el lunes, supe que las horas estaban contadas, que la cuenta regresiva de lo que habíamos dicho acá el 12 de octubre había comenzado. Nunca pensé que fuera tan rápido. Fíjense ustedes que el presidente de Venezuela que propuso y llevó adelante una asamblea constituyente, modificó la Constitución de Venezuela, ganó las elecciones parlamentarias y las presidenciales, por ancho margen, no había podido tocar el Directorio de la empresa petrolera.

Venezuela es petróleo y es gas y es minerales, pero fundamentalmente es petróleo, tercer exportador mundial de petróleo, uno de los 10 países que conforman el 60% de las reservas mundiales, principal proveedor de los EEUU. Petróleos de Venezuela es una empresa multinacional latinoamericana, porque es estatal, pero es multinacional, tiene refinerías en todos los países del mundo, en especial en los EEUU y en Europa.

Háganse una idea: en este momento produce y refina 3.003:600.000 barriles de crudo por día, a U$S 25 el barril. Uruguay consume 12 en 3 días. Venezuela produce todo lo que Uruguay consume. Saquen la cuenta de esa riqueza para entender por qué al imperio petrolero le duele el riñón del norte de América Latina.

Pero voy a llamar la atención de una cosa, no la descuiden: vimos, asistimos por primera vez tal vez en la historia al primer golpe de Estado mediático. El primer golpe de Estado dado por los medios de prensa. Unos pocos milicos baratos, traidores, algunos dirigentes obreros corruptos y traidores, la oligarquía venezolana, los yanquis y los medios de prensa.

¡Ojo!, forma parte de la revolución tecnológica mundial. Para nosotros, que provenimos de la década de los 60 y los 70, de la época de aquel chiste que decía que “en los EEUU no hay golpe de Estado porque no tienen embajada norteamericana”, estábamos acostumbrados a los cuartelazos crudos, brutos, de los gorilas golpistas, esto es una novedad absoluta sobre la que hay que teorizar en la izquierda, sobre la que el pueblo debe estar alerta y pensarla y reflexionarla. La estrenaron, yo diría mejor la entrenaron, en Argentina. Y si ustedes observan el papel jugado por los medios de prensa en la sacada y puesta de varios presidentes en horas, los canales de televisión, las radios y los grandes medios de prensa fueron decisivos. Pero en Venezuela intentaron consumar exquisitamente un golpe de Estado a pura pantalla, y acá muchísimos intelectuales y periodistas compatriotas, incluso independientes, se tragaron el tranvía de perfil, enterito, no se dieron cuenta lo que les estaban vendiendo.

Quiere decir entonces que el monopolio del espectro radiomagnético, asunto del Ministerio de Defensa de mi país, en pocas manos, el oligopolio o el monopolio de las pantallas de televisión, dado el volumen que hoy ha adquirido la revolución informática, puede transformar al cuarto poder en el primer poder. Cuando eso está en manos de los alcahuetes del imperialismo.

Yo me animaría ahora -me ha gustado a mí, esto de ser adivino, voy a abrir un 0900- a anticiparles a ustedes, que sin embargo aquí en América Latina, más allá de Colombia, más allá de Maracaibo, más allá de Cuba, más allá de Argentina, el objetivo imperial es Brasil. ¡Salud! a los compañeros del PT, a los Sin Tierra, a Lula. El objetivo verdadero y final es Brasil.

Jorge Batlle ha sido funcional toda la vida, desde chiquito, a los intereses del imperialismo yanqui, o del imperialismo, lisa y llanamente. Y le ha hecho un favorzuelo miserable, mezquino y abyecto, al Imperio.

A esa metrópolis a la que fue hace un año a abrir 7 millones de carnicerías, justo cuando acá vino la aftosa. A esa metrópolis a la que fue el otro día a pedir 700:000.000 de dólares para atajar la corrida bancaria. Está acostumbrado mi presidente don Jorge Batlle, a comer de esa mano el alpiste que siempre ha comido.

Y esta vez le tocó a Cuba: la vendió, como está vendiendo también a Brasil, como está atacando también al Mercosur, como está proponiendo en veleidosos cambios, proteicos y mercuriales, propios de su jocunda y lúdica naturaleza, la política exterior del Uruguay que no consulta con nadie, nada más que con el Imperio.

No olviden, debemos tener memoria, que pocas horas después del balotaje (noviembre, diciembre 1999), recién electo gracias a los votos batllistas de los blancos batllistas, fue a una gran cuchipanda, nada menos que en el barrio de La Recoleta en Buenos Aires, lo difundieron los medios de prensa de la derecha con bombos y platillos; y en aquella reunión, en aquella quinta, estaba Menem, estaba el recientemente electo presidente de la Argentina, De la Rúa, estaba el padre de Bush, ex presidente de los EEUU, amigo del padre de Bin Laden, petrolero también; estaban los dueños del Banco Comercial, estaba Lacalle también, y estaban los dueños de casa, los hermanos Rhöm. Se juntaron todos estos y la prensa de la derecha, alcahueta de Jorge Batlle, nos mostraba esa reunión para hacernos creer y decirnos “miren, ahora tenemos un presidente con excelentes contactos internacionales”. Porque el ex presidente de los EEUU estaba allí en carácter de empresario privado, dueño de tierras en el sur de la Argentina, interesado en invertir acá en casinos y en otras cosas vinculadas a los juegos de azar.

“Miren qué presidente tenemos, ahora sí la cosa va a ir para adelante”. Y de aquella reunión: Menee está preso, es verdad que en Don Torcuato, y como Miss Universo, pero preso al fin; Rhöm preso y el otro buscado en todo el mundo; De la Rua corrido a cacerolazos por la gente; Argentina en crisis y Uruguay también, y Bush pirateando con su hijo por todo el planeta.

Hace un mes se cumplieron 6 del atentado a las Torres Gemelas, y Bush hijo, ese que nadie sabe quién lo eligió, porque en el país más grande del mundo que se llena la boca todos los días con la democracia, hace unas semanas nomás, los tenía a todos con el alma en la boca porque no sabían contar los votos y no se sabía bien quién había ganado. Y hasta hoy no se sabe por dónde entró a la Casa Blanca el hijo de Bush, si por la puerta o por la ventana…

Este señor hace un mes, cuando se conmemoraban 6 del atentado a las Torres Gemelas, nos dijo que comenzaba la segunda etapa mundial de la lucha contra el terrorismo, y que a Irán, Irak, y Corea incluye ahora dentro del eje del mal; aparte de que está operando en Indonesia y en Somalia y en la segunda etapa del Juicio Final. Así lo denominó, lo otro era Justicia Infinita, ahora es Juicio Final. Siempre bíblico él, como Dios.

No descarta el uso de armamento nuclear para luchar contra el terrosismo. ¡Armamento nuclear! Ni en el momento de los enfrentamientos más encarnizados, entre EEUU y la Unión Soviética, ni cuando la guerra de Corea, ni cuando la guerra de Vietnam, se animaron ninguna de las dos grandes potencias a usarlo, está garantizando la mutua destrucción y la destrucción del planeta.

Y este señor, este aventurero, este criminal aventurero internacional, nos dice a todos que no descarta el uso de armas nucleares para combatir el terrorismo, algo así como cazar mosquitos con cañones.

Los cables dicen que se estudia en los EEUU el uso del pentotal para el interrogatorio a los prisioneros talibán y Amnistía Internacional denuncia la violación de los DDHH en Cuba, concretamente en la base de Guantánamo, donde están esos prisioneros. ¿De qué nos están hablando? ¿Qué cosas estamos escuchando?

Y hablemos un poco de acá. Yo creo que también el mandado que Jorge Batlle hizo era un mandado que a él le convenía, porque con lo del 16 de abril en el Obelisco, en marcha esa movilización y en marcha la crisis que asola hoy al Uruguay, el fracaso total de su política económica y de su modelo, el no saber bien qué hacer, el ver muy oscuro el panorama inmediato, ha hecho que, tal vez imitando a Galtieri (aquel que para salvar del desprestigio nacional y mundial a las atroces Fuerzas Armadas Argentinas, después de 30.000 desaparecidos invadió las Malvinas), a Jorge Batlle se le ocurrió invadir Cuba, otra isla, para ver si nos distraía a todos nosotros y se unía a toda la derecha. Creo que ha logrado unirla en eso.

Por ahí salió García Pintos de gran pegatina, en defensa de Jorge Batlle.

Me pidieron los compañeros que hablara hoy de la “cuestión nacional”, de la soberanía, que es hablar del imperialismo. El imperialismo existe, y si existe, entonces existe el riesgo de las soberanías y el riesgo de los Estados nacionales; una cosa va de la mano de la otra.

El ataque a la independencia, a la viabilidad, a la soberanía, el ataque directo armado, bélico, letal, del imperialismo; también hay otros ataques y ustedes los conocen bien: culturales, ecológicos, de información, económicos, financieros…

Esa realidad existe, como dijimos el otro día en el Senado, y como ella existe (y por ahora nadie ha logrado demostrarnos que no) esa cosa llamada “la cuestión nacional”, que creemos acá, en esta casa que se llama Movimiento de Liberación Nacional. Y se llama así desde hace muchos años, y no crean que ese nombre se eligió de casualidad o porque sí o porque quedaba lindo, sino que se eligió porque era una opción estratégica, era el reconocimiento de que el imperialismo existía y de que era necesaria la lucha por la liberación nacional. Y le estamos haciendo un homenaje aquí a Sendic, que entre otras cosas optaba por fundar esta organización.

Muchos no entienden, incluso en la izquierda, lo del Obelisco el 16 de abril, creemos nosotros que no lo entienden porque no entienden lo de la “cuestión nacional” y lo de la “Liberación Nacional” o porque discrepan legítimamente, discrepan y seguirán discrepando con nosotros en esa materia.

La “cuestión nacional” ha embebido la historia del siglo XIX y del siglo XX, la emergencia de las luchas de liberación nacional, con Artigas en nuestro país. ¿Qué cosa es la República Oriental del Uruguay? ¿Qué cosa es ser uruguayo, ser oriental? ¿Qué es eso? ¿Existió siempre acaso? ¿Nació algún día? ¿Qué es sentirse o ser uruguayo, oriental, qué es? ¿La celeste, Maracaná, el mate, Gardel, los charrúas, los gauchos…? No sabemos bien qué es, pero es, existe. Capaz que nació en el vientre del éxodo del pueblo oriental, allá por 1811, capaz que nació en esa Redota, capaz que nació en la oración de abril, aquella que decía “Mi autoridad emana de vosotros y cesa ante vuestra presencia soberana”.

Frase de las más revolucionarias concebibles, en aquel siglo y en aquel momento del siglo cuando estaba la Revolución Francesa, la revolución norteamericana y los ejércitos de Napoleón llevaban el código civil en la mochila de cada soldado por las naciones de la Europa del antiguo régimen. O nació durante la Guerra Grande. O nació en el Sitio de Paysandú. O nació cuando se reconstruyó el Estado moderno, se descubrió Artigas, se lo liberó de la leyenda negra, en base a una historiografía patriótica, se construyeron sus monumentos, se reconocieron sus restos. Pero lo cierto es que eso existe, y lo cierto es que ese compromiso político (porque no es más que un compromiso político como el del FA, como el del Partido Colorado, como el del MLN), a la postre y al fin y al cabo es el primero: se llama República Oriental del Uruguay.

Fíjense ustedes, ese compromiso político básico nos define con una ubicación geográfica. Hay naciones que están definidas por un territorio y nada más que por un territorio: los escoceses son los que viven en Escocia, los orientales somos, o los uruguayos, los que vivimos al oriente del Río Uruguay.

Ojo, que hay otras nacionalidades que se definen al revés y Escocia es Escocia porque allí viven los escoceses. Los judíos a lo largo de siglos de persecución, estuvieron unidos con una tradición, un idioma, a veces incluso algunos dialectos, y uno, dos o tres libros: la Biblia y el Talmud.

Hay naciones definidas por un territorio que está usurpado por otras naciones, Palestina por ejemplo, y pelean por recuperar lo que les da sentido. Hay naciones que tienen territorio pero no tienen Estado, como los vascos, por ejemplo, y pelean por su autodeterminación, o como Irlanda. Y a lo largo y ancho del planeta, todas las grandes guerras que en este último tiempo han habido, salvando algunas de carácter revolucionario, también grandes, fueron por la cuestión nacional: la Cruz de Lorena, en Francia, cuando hubo que organizar el Maquí para resistir la ocupación nazi.

¿Y si no qué? La defensa de la gran madrecita Rusia cuando las hordas nazis invadieron la Unión Soviética. ¿Y si no qué? La lucha de Vietnam, un frente. ¿Y si no qué? La bandera de China Popular que tiene una estrella grande rodeada de 5 que significa alianza de las 5 clases, de su guerra de liberación nacional triunfante en el 48 y el 49.

El fenómeno imperialista, nuestra revolución, la inconclusa y la traicionada, la de Artigas, ha pautado diversos imperios sucesivos, simultáneos, la lucha, las grandes luchas de los grandes pueblos y de los chicos pueblos. Ojo, también hay naciones desaparecidas, lenguas muertas como el latín, o como el griego, que llegaron incluso a ser imperio, se los tragó la nada; también está ese riesgo, las naciones pueden morir y el imperio, hoy, quiere que mueran.

¿Qué es si no la globalización para nosotros? ¿Qué es si no el neoliberalismo? Desentrañen ustedes la plataforma que convocó a la gente para el Obelisco el 16 de abril y verán que en el fondo es tan sencilla que lo que reclama es el derecho a seguir existiendo, proteger la producción nacional, fomentar las exportaciones, agrandar el mercado interno.

Está en juego hoy, como nunca tal vez desde el siglo XIX (desde la Guerra Grande, desde la caída de Berro, desde Paysandú y desde Leandro Gómez, tal vez desde el genocidio del que fuimos cómplices y coautores del pueblo paraguayo), la identidad nacional, el destino de la patria, el derecho a seguir siendo, hablando en castellano, cantando nuestras canciones, repiqueteando nuestras lonjas, tañendo nuestras guitarras, queriendo a nuestro pasado, a nuestros mártires y a nuestra historia. Con gran avalancha consumista, imperial, que habla en inglés hoy, pero ayer hablaba en portugués o en alemán, no importa.

Y para poder librar esa batalla, ya vimos contra qué tamaño de enemigos, es necesario lo que acá se pone: un gran frente de pueblo, de todos aquellos sectores que estén hoy en contra del imperialismo y a favor de la nación y de la patria, sin soberbia, sin hegemonismos facilongos que queremos ganar en la Liga, dicen muchos. Hay riesgos al estar en un frente de esa naturaleza, tan amplio, incluso con burgueses.

A mí nunca se me ocurrió, y a mis compañeros tampoco, que a la hora de discutir una estrategia se nos dijera no porque hay riesgos. El riesgo es la vida, los riesgos hay que asumirlos y en la cancha se ven los pingos, no en la Liga y esa es nuestra historia, sin hegemonismos fáciles, sin soberbia, sin deslealtades, y demostrando en la cancha que nuestras ideas son mejores que otras, que nuestra conducta es mejor que la de otros como nunca.

Esta bandera que está aquí a mi izquierda, está en riesgo, como está la bandera de los argentinos, como está la de los venezolanos y la de los colombianos y la de los cubanos, la de todos los latinoamericanos, la de todos los pueblos del tercer mundo ante la avalancha imperial. Está en tela de juicio nuestra identidad y es estratégica por lo tanto la alianza del pueblo, entendiendo por pueblo todos los sectores que tengan intereses contradictorios con el imperialismo y con sus políticas económicas. Este pueblo ha ido avanzando en ese sentido.

El Obelisco del 16 de abril fue la culminación de un largo trayecto y de una larga acumulación; entre quienes aportaron a esa acumulación, estuvo nuestro compañero Sendic. Con mucho sacrificio puede continuar o frustrarse, eso puede potenciarse hacia el futuro y abortar las mezquindades, las pequeñeces, los cálculos electorales de baja estofa, las ambiciones mezquinas; les diría más, la poquedad de alma y la poca capacidad de gloria pueden hacer fracasar esos emprendimientos populares. Yo confío en mi pueblo, confío en ustedes, confío en que hayan entendido este grito y este mensaje. Muchas gracias.

 

Eleuterio Fernández Huidobro