26.02.2004

Hace pocos días anunciamos que se llevaban La Paloma, y hoy, lamentablemente, debemos anunciar que también se llevan Piriápolis. El señor ministro don Lucio Cáceres ha resuelto no tomarse licencia: está trabajando como pocas veces en su vida y muestra en estas horas un afanoso y hasta desprejuiciado apuro. Recorramos brevemente lo que podría ser, con más espacio y tiempo, una pasable novela policial.

A principios del año 2003, alguien absolutamente alejado de los problemas portuarios nos informó y afirmó rotundamente que privatizaban el puerto de Piriápolis.

Es más: dicha persona nos avisó quién, concretamente, se iba a quedar con ese bocadito de cardenal.

Hicimos nuestras pesquisas y, la verdad sea dicha, durante casi todo ese año sólo encontramos levísimas huellas de tan desatinado y alevoso propósito.

Sin embargo, en diciembre (hace pocos días), y cuando el caso estaba archivado, sonaron varias chicharras de alarma y se encendieron ominosamente un montón de luces rojas

Resulta que el miércoles 3 de diciembre del 2003, cuando todo el país estaba (estábamos) ocupado en el referéndum del domingo 7, a veinticuatro horas de la veda del jueves 4, en medio de “actos finales”, y a 96 horas de los comicios referidos al destino de Ancap, el señor Presidente de la República, por orden de don Lucio Cáceres, emitió una agazapada RESOLUCIÓN (ver la Página de Presidencia en Internet) por la que, además de reclamarle unos pesos, se expulsaba nada menos que a BUQUEBUS del Puerto de PIRIAPOLIS en el comienzo mismo de la ya sabida buena temporada veraniega 2003-2004.

Un ataque de esa envergadura a una empresa de esa envergadura, y en esa fecha, cuando ya sabían que marchaban a la gran paliza el domingo, no podía tener otra explicación que la de aquella vieja denuncia: un formidable negocio, como cangrejón de punta fría, esperaba su hora en el Puerto de Piriápolis. Y así fue.

Porque a pocas horas del escandaloso asunto de La Paloma, nos venimos a enterar de que el próximo 10 de marzo se abren las ofertas de la recóndita licitación del puerto de Piriápolis por la que se entrega a manos privadas su explanada terrestre, su grúa, su rampa de varado y botadura, sus depósitos, sus oficinas, su “guardería” de embarcaciones, todos los servicios (vigilancia, agua, energía, combustibles, baños, etcétera), más el derecho a instalar otros (restaurantes por ejemplo) en el recinto que, a estar a lo ya declarado varias veces por don Lucio Cáceres, podrá funcionar en régimen de “puerto libre”; o sea, como una Zona Franca. Casi al mismo tiempo se nos anuncia la inminente privatización del cercano Puerto de Punta del Este y la del de Colonia.

Antes de seguir adelante, debo hacer un breve paréntesis explicativo. La “grúa” de Piriápolis no es cualquier grúa. Es, según dicen los que saben, única en todo el Río de la Plata. Traída por una famosa empresa transnacional (de bebidas alcohólicas) en oportunidad de una regata internacional de primerísimo nivel, fue DONADA por dicha empresa (auspiciante de la formidable regata) a Uruguay. Puede (la grúa) levantar desde el agua, delicadísimamente, sin dañar sus tiernos cascos, a los más grandes, mejores y más leves yates del mundo, y así, tan tiernamente, llevarlos con sus cuatro altas patas munidas de cuatro grandes ruedas, a la explanada hormigonada y seca donde pueden ser acunados, asistidos, reparados y mimados del modo más fino que sea dable imaginar.

No existe dicha posibilidad en ningún otro lado del Río de la Plata, incluyendo ambas márgenes, por más sofisticados que sean sus atracaderos.

A su vez, debemos agregar que el Puerto de Piriápolis, a diferencia del de Punta del Este, admite, por razones náuticas que sería muy largo explicar, yates de eslora y calado que, en Punta del Este, o no encuentran cabida o son incómodos.

De tal modo que, privatizado Punta del Este, Piriápolis vendría a ser su “taller” y su “guardería invernal”, a pocos kilómetros sin descartar que también podría y debería serlo de otros puertos deportivos del Río de la Plata en ambas márgenes, lo que es hablar de un negocio cuantioso que hoy no hace el Ministerio nadie sabe por qué. O mejor dicho: ahora todos sabemos por qué y para qué. La historia es la misma de siempre: generar la ineficiencia e ineficacia del Estado para justificar la privatización.

Para terminar con este paréntesis explicativo, debemos resaltar que el pequeño Puerto de Piriápolis, a su escala, es, de todos los puertos uruguayos, el que está en mejores condiciones. Fue reconstruido hace pocos años en base a un altísimo y exagerado costo (de ribetes muy turbios) que TODO EL PAÍS ESTA PAGANDO TODAVÍA. Por lo que, sobrecostos delictuosos aparte, está, hablando vulgarmente, “cero kilómetro”.

La empresa privada que ahora venga tendrá una verdadera “papita en la boca”. Recibirá un puerto “chiche: a estrenar”.

Lo peor de todo es que quienes nos informaron de esto hace un año, también nos dijeron quién, concretamente, se iba a quedar con todo. En este país de lumpencapitalismo nunca hay sorpresas: se sabe de antemano y mucho tiempo antes quién va a ganar las licitaciones.

Los lectores sabrán perdonar que no lo digamos en esta columna ya que hasta el diario LA REPUBLICA correría riesgos legales (observemos lo que les viene pasando a jueces, policías y fiscales) y no debo abusar de mi inmunidad parlamentaria. Pero podemos asegurar que en la Ciudad Vieja ya lo sabe todo el mundo.

Sin embargo, y como en toda buena novela policial, daremos a nuestros lectores, a quienes sabemos inteligentísimos, tres pistas harto suficientes.

Ellas son (atención aficionados a la investigación policial, atención policías, atento señor fiscal interino o subrogante de Corte, sea quien sea el sobreviviente, atención Tribunal de Cuentas, atento el Parlamento): la desembocadura del Río Santa Lucía; un lugar donde entran y salen muchos ómnibus en Montevideo; un “Grupo Familiar” que robó varios bancos en Uruguay y un conspicuo estudio jurídico que aunque jamás va preso, representa todo eso y mucho mas.

En realidad, las tres, por ser redundantes y pleonásticas, son una sola pista.

Gente muy pero muy poderosa en el actual gobierno y en el Ministerio (valga la nueva redundancia, desde que hasta marzo del 2005 el Mando Supremo que Importa Gruesos Importes acampa en el Ministerio de Transporte y Obras Públicas).

Nadie, absolutamente nadie en Piriápolis, ni en todo Maldonado, fue consultado al respecto.

Este otro nocturno nuevo proyecto de don Lucio Cáceres puede ser malo o bueno. Pero jamás fue consultado con ser viviente alguno en el lugar afectado.

Vino llegando, a rastras por entre las frondosas arboledas y profundas oquedades de la Sierra de las Animas, el Cerro Pan de Azúcar, el del Toro y al llegar al San Antonio, recién entonces, fantasmal mascarita carnavalera como en La Paloma y en Colonia, Colombina cascabelera, hizo su presentación sorpresiva, por fuera del cuplé de toda murga (qué lástima, porque en los del año que viene ya será asunto viejo y olvidado por el letrista a pesar del Canario Luna), mientras el ministerial Pierrot con sus amigos levantaba la copa de su brindis en reiteración real.

Es de suponer que lo libado fue de la marca que tan ingenuamente donó al Estado la preciosa grúa de Piriápolis sin sospechar (la poderosa empresa capitalista transnacional) que acá el poder está por ahora en manos del lumpencapitalismo, mucho más proclive al destino haitiano que al suizo… Los pobres diablos se creyeron aquello, tan viejo, de la Suiza de América: un negocio que acá no marchó. O mejor dicho: marchó. Pero al espiedo.

Lo mismo pasó en La Paloma. Y seguirá pasando en cualquier lado, aceleradamente, con nocturnidad y alevosía, por sorpresa, hasta marzo del 2005, cuando la murga eterna de los Patos Cabreros, música de fondo, telonera dramática del Uruguay actual, reitere que se van, se van los patos, los asaltantes se van…

Ni tan siquiera los ediles locales (Piriápolis) y departamentales (Maldonado) fueron consultados. Ni que hablar de los diputados.

Muchos de ellos, como la gente en general, se enterarán o por esta columna o por las denuncias que en varias radios de MALDONADO hicimos el pasado lunes.

No podemos seguir por falta de espacio, pero el titular de esta columna debería ser: “Se llevan La Paloma, Piriápolis, Colonia, Punta del Este, el Puertito del Buceo, el de Puntas de Sayago, las vías férreas, las carreteras por la Megaconcesión, OSE, Pluna, y quién sabe cuántas cosas más”.

Será difícil esta campaña electoral porque, al irte hacia largas giras, tu casa quedará en banda y por el fondo vendrán los ladrones de gallinas que ya no tienen nada que perder salvo las elecciones, que pierden cómodos y con éxito.

Una de dos: o salís de campaña o agarrás la escoba para salvar tus huevos y tus pollos a escobazo limpio en el fondo.

Otro día, tal vez en la próxima columna, profundizaremos en estas informaciones.

Publicado en “La República”, escrito por Eleuterio Fernández Huidobro.