18.03.2004

Abría la madrugada del lunes posterior al último domingo de 1999 cuando, derrotado por los blancos que votaron a Batlle, entramos inadvertidamente en una caravana rosada de festejo.

Llovió saliva sobre los vidrios del auto y gritos de todo calibre: “¿No querían cinco años más de lo mismo? ¡Ahora los van a tener!”

“¡Ustedes van a ganar el año del golero!”, nos espetó, casi al final, una enorme boca en la que faltaba algún que otro diente.

Quedé pensando en esas dos frases. Las otras fueron olvidables.

Y bien: el domingo pasado las volví a recordar porque resulta que don Guillermo Stirling fue un extraordinario golero en la Liga Universitaria. Las malas lenguas afirman que era buen golero en la escribanía y mal escribano en el arco. Pero esas son calumnias. Rencores deportivos. Carlitos Graña (otra vez), compañero deportivo de Stirling en horas juveniles, siempre lo afirmó: – Es un golerazo (esos tipos que alguna vez jugaron bien al fútbol siguen usando el tiempo presente sin mirar el espejo medio siglo después).

Stirling lo confirma: lo siguen poniendo de golero. Cuando Atchugarry vio, como a tres cuadras, venir  a esos Juanramonescarrascos de la política colorada, se tomó los vientos asustado.

Y cuando Sanguinetti también los vio venir huyó  despavorido hacia remotas montañas solitarias y agrestes desde donde, ante las críticas de sus propios compañeros, alega: – Sí: ¡Pero estoy al acecho”

En el desparramo de candidatos, hasta el profesor Luis Hierro López logro sortear el atentado. Atraparon al fin, tal vez gracias a la Policía, al pobre y distraido golero y, sin que se diera cuenta, como siempre, lo pusieron en el arco de la horrenda goleada.

En estas noches me ha quitado el sueño varias veces aquella boca enorme con faltante dental que me gritaba “¡Ustedes van a ganar el año del golero!” Ahora se me hace un oráculo: capaz que el hombre tenía razón…

El jingle electoral del Partido Colorado está cantado: “Te largan a la cancha sin preguntarte si querés entrary, por si fuera poco: ¡de golero! Toda una vida tapando “aujeros” y si en una de esas salís bueno, se tiran al suelo y te cobran ¡Penal!

Publicado en “La República”, escrito por Eleuterio Fernández Huidobro.