25.03.2004

En nuestra columna anterior planteamos que una de las cuatro grandes crisis mundiales es la energética, y que ella está presente en la región y en nuestro país.

Para comprobar sus duras consecuencias basta con mirar hacia el Medio Oriente y ver lo que pasa en Irak, Palestina, Afganistán, Madrid, Franja de Gaza, Maracaibo y los alrededores del Mar Caspio (ahora de nuevo Kosovo)…

Lamentablemente, en estos siete días hemos tenido al respecto confirmaciones espantosas. Como para creer o reventar.

Pero en el país también: ciertas circunstancias argentinas, ajenas a nuestra voluntad y decisión, motivaron el corte de luz para Uruguay. No hubo apagones (por ahora) porque a un costo de quinientos mil dólares por día pusimos en marcha los motores de nuestros vetustos generadores térmicos montevideanos que, hablando en plata, como tragan hidrocarburos, nos pasan por el carburador.

Nuestra dependencia eléctrica de la Argentina es un gravísimo talón de Aquiles uruguayo. Podríamos decir lo mismo acerca del gas natural y, a nivel mundial, de los hidrocarburos.

Esta supeditación irá creciendo fatalmente año tras año, a pesar de que por fin nos conectemos eléctricamente con Brasil y Paraguay al solo efecto de no depender de un proveedor sino de dos o tres.

Estos son problemas generales pero también de defensa nacional que, a título de inventario, sin entrar en detalles y sin que el orden implique importancia, los uruguayos tenemos hoy:

Una peligrosa realidad poblacional: tengo a la vista proyecciones demográficas facturadas en centros estratégicos de países aledaños, en las que dentro de unos años (valga la rima), los uruguayos venimos a ser unos seres radicados nada más que en el entorno de Flores y Durazno. Una especie de etnia protegida por las Naciones Unidas, en peligro de extinción, tal vez Patrimonio de la Humanidad y, sin lugar a dudas, gran atractivo turístico. El resto: brasileños, argentinos, y sus descendientes de primera generación. Tal vez en ese entonces haya más uruguayos y sus descendientes en Castell de Felds que acá.

Grave y creciente dependencia energética solucionable a mediano y largo plazo sólo si desde ya se comienzan a investigar y desarrollar fuentes alternativas y renovables. No hay otra salida: quedarse quieto es morir con los ojos abiertos; suicidarse por abulia; burocráticamente; en horario de oficina.

Cuantiosas reservas de agua de excelente calidad que, por la escasez creciente en ciertos lugares, y por radicar en vastos ámbitos regionales compartidos, será causa de amenazas y conflictos.

Gran capacidad para la producción de alimentos (en especial proteínas) que, paradojalmente, será causa de amenazas y conflictos. Ya los estamos sufriendo, evidentes y graves, en la mar, cerca y lejos de nuestras costas, y también en nuestros lagos y ríos limítrofes e interiores.

Con el increíble agregado de abrir de par en par nuestras puertas a clausuradas sociedades anónimas para la extranjerización de la tierra y la liquidación de productores y unidades de producción de alimentos básicos, que en cualquier país serio constituyen antes que nada un problema de seguridad nacional, que se irá agravando.

En noviembre de este año ganaremos soberanía en la mar ribereña pasando de las 200 millas (370 kilómetros) a las 350 millas (650 kilómetros) hasta alcanzar en ella un 45% más de superficie que en tierra.

En tan vasto espacio y a diferencia del área continental de la República, la presencia del Estado y la representación de nuestra soberanía sólo la ejercen la Armada, hoy muy menguada, y la ausente marina mercante nacional, de la que a duras penas sobrevive la flotilla pesquera (también en crisis). Estamos ante un monumental despropósito cuyo símbolo tal vez más penoso y gráfico sea el buque de investigación oceánica “Aldebarán”, amurado hace tiempo en un muelle de la Ciudad Vieja por falta de recursos (que son irrisorios) para su operatividad.

A eso debemos agregar nuestros intereses y derechos en la Antártida y en las riquezas del Atlántico sur y nuestros compromisos internacionales (muy vinculados a nuestros derechos e intereses) en el océano, sin olvidar (como es de estilo) nuestros intereses y derechos en la Hidrovía. En paralelo, tenemos un gobierno de espaldas a la mar y una Armada postrada. Carecemos de marina mercante fluvial, de cabotaje, y de ultramar, incluso para el caso tan obvio de nuestras importaciones y transporte de hidrocarburos y refinados. Nuestros canales, esas yugulares estratégicas, presentan estado calamitoso, sin olvidarnos de lo que está pasando con el manido Puerto de Aguas Profundas y, en general, con todos los puertos.

Raya en el escándalo esta omisión expresamente intencionada.

Se ha desmantelado la actividad de los diques públicos y privados, la de los astilleros, la de los puertos públicos, nuestros canales, las vías férreas, la industria pesquera, la enseñanza primaria, secundaria y terciaria vinculadas, la investigación científica…

Carecemos de una verdadera y pujante aviación civil, y lo poco que tenemos sufre una situación lamentable. A la vez, sobrecargamos a la Fuerza Aérea de funciones civiles, la inutilizamos de hecho en sus urgentes y vitales funciones específicas, y entregamos nuestro patrimonio aeroportuario y espacial: Aeropuerto Internacional de Carrasco a Eurnekian, Sauce a Peirano y nuestras posiciones satelitales a recónditas sociedades anónimas de Zona Franca de dudosa catadura con graves riesgos, además, para nuestra seguridad nacional. En estos días, los presidentes de Argentina y Brasil resolvieron poner en marcha, de inmediato, su emprendimiento aeroespacial conjunto… Nosotros lo regalamos no se sabe bien ni tan siquiera a quién.

En materia de comunicaciones, tanto desde el punto de vista cultural, como económico y técnico, la omisión, la entrega y la desidia, a la luz de los evidentes avances tecnológicos, han generado una situación inadmisible desde el punto de vista de nuestra seguridad nacional, y ridícula, si miramos ese Monumento a la Estupidez que es la Torre de Antel. Y ello no ha sido más grave gracias a la movilización popular, como viene sucediendo hoy con otros capítulos de lo aquí tratado (estamos en este momento a punto de enajenar nuestro patrimonio en materia de bandas celulares).

Problemas sanitarios y ecológicos (valga la redundancia) de carácter humano, vegetal y animal con gravísimas consecuencias posibles.

La llamada “globalización”, como así también los niveles de miseria planetarios, y ciertas irresponsabilidades colosales en la manipulación biológica, física y química, en el marco de gobiernos cómplices, generan amenazas de gran envergadura para nuestro país y sus habitantes.

La aftosa, el dengue, el cólera, el sida, la vaca loca, los transgénicos, el tráfico de armas, drogas, órganos, niños, mujeres, residuos tóxicos en especial radiactivos, los derrames petroleros (por ejemplo, el del San Jorge), etcétera, abren en materia de defensa nacional un vasto espacio “nuevo” que debe ser encarado integralmente.

No olvidemos, además, la llamada banca off shore, el secretísimo bancario, las Sociedades Anónimas Financieras de Inversión, la legalización de la actividad comercial off shore, y otros instrumentos de “paraíso fiscal” coadyuvantes, que habiendo dado ya lugar a protestas internacionales y a participación en asuntos muy pesados (armas para Ecuador y Croacia, lavados y blanqueados varios) son un riesgo y una amenaza permanente de peligrosos conflictos internacionales para Uruguay.

Si a esto agregamos que además tenemos una Dirección Nacional de Aduanas en crisis terminal, el panorama de seguridad pasa de castaño oscuro.

Vamos a dejar por acá la reseña, que podría extenderse por otros problemas. Entendemos que estos ejemplos sirven para comprender que no existe problema ni asunto aislado: que construir Patria es labor integral. De todos y todas.

Publicado en “La República”, escrito por Eleuterio Fernández Huidobro.