10.06.2004

Allá por 1970 y 1971, cuando quienes fundaron el Frente Amplio tuvieron que elegir bandera, eligieron la de Artigas. No podía ser menos. Resultaba ineludible.

Artigas usó varias, todas tricolores y, una de ellas, es la nuestra.

Supongo que en aquel entonces pensaron que nuestra lucha no es más que la continuación histórica de aquélla. Lo pensaron bien. Muy bien. Una renovada convocatoria nacional.

Los tres colores expresaron y expresan también a las diversas vertientes generadoras de la nueva fuerza política.

No voy a contar aquí las vicisitudes por las que pasó desde 1811 esa bandera, ni tampoco las vividas desde 1971. Son demasiadas.

Una epopeya, por tanto obra de multitudes anónimas. Y una larga caravana de héroes puntuales que todos conocemos.

Pesada resulta entonces la bandera.

Pesada y sin embargo viene enarbolada por calles y caminos al tope de cañas delgadas que llevan manos niñas y brazos viejos, puños obreros y palmas trabajadoras y trabajadas.

Pesada resulta, y reclama brazos jóvenes, de arterias pletóricas hinchadas, que la tengan y aúpen, la sostengan alzada y levanten sólo por el pasado que agrupa y pesa; tan sólo por la memoria que convoca y alcanza, tan sólo por eso, nada menos que por eso, pero al tope de la esperanza.

Yo pertenezco y creo humildemente en eso: hay que pertenecer.

Todos saben dónde estoy y no hace falta que lo diga. Vaya y pase.

Sobran las palabras en estas definitivas horas que quedan pero siento que lo que me falta y falta es convocar y convoco los brazos libertarios de mi tierra, y a las manos socialistas fundadoras, matrices, solidarias y fraternas, a las comunistas de acero y fragua, templadas en miles de batallas, militantes de ternura y de fierro, a la opción redundante por los pobres, de las conciencias democráticas y cristianas, a las nacionalistas bagualas y blancas y a las batllistas de laya, coloradas nada más que por eso.

Reclamo por las vertientes, ligas y asambleas federales, artiguistas y uruguayas y por las alianzas progresistas. Por las corrientes de toda la izquierda y por todas las fechas que nos hermanan: la del 26 de marzo, la del 20 de mayo, tantas…

Y porque en esta batalla, para poder ganarla no sobra nadie, más bien todavía falta, no quiero olvidarme de nadie ni de nada

El 27 votamos y sobre el verde tapete de la vida y de la historia ya están todos los dados rodando. Incluso los aciagos.

Y no puede haber excluidos ni exclusiones porque todos somos necesarios y hay que hablar de pecho abierto con nuestras hermanas y hermanos que aún no se han incorporado para que vengan y ayuden y levanten también con sus manos la bandera.

La que por el pasado es pesada pero además hoy viene, más que nunca preñada y también por eso pesa. Trae en su vientre la esperanza inmensa y el único futuro posible para las grandes mayorías.

La juventud ahora, más que nunca, tiene la palabra: sólo sus potentes brazos podrán sostener la tacuara. Pero la tiene también la gigantesca y milagrosa militancia. Esa popular magia.

Para que la victoria sea el partido del pueblo, nada ni nadie debe poner su voluntad afuera de la bandera.

La vida, la historia, lo que ustedes quieran, colocó en nuestro camino una sentencia que se dirime con votos y en esa tarea es necesario que todos, absolutamente todos, el próximo domingo 27 votemos y llamemos a votar, dentro del lema, dentro de las banderas del Frente Amplio, el Encuentro Progresista y la Nueva Mayoría.

Intentar incidir en peleas ajenas es una peligrosa trampa que puede resultar suicida. Es esta una hora de estar o no estar: no caben en ella excusas. La patria se juega entera y con ella nos jugamos todos.

Con pasado y presente y futuro a cuestas.

Compañeros del Frente Amplio, compañeras: ustedes han construido la historia llevándola hasta aquí. Por eso les pido encarecidamente, les ruego, votar a quien más les guste pero votar a la sombra de nuestra gloriosa bandera. Ojalá que a todos y todas les vaya muy bien.

Lo deseo fervientemente porque entonces le irá bien a nuestro pueblo. Pero también le suplico a la enorme energía militante que ustedes representan, toda la energía disponible destinada a la pelea, olvidar las rencillas domésticas, levantar la mira, apelar a la grandeza, y derrotar a quienes matan a la patria, ahorcan la esperanza y multiplican la pobreza.

¡Que viva el Frente Amplio!

Publicado en “La República”, escrito por Eleuterio Fernández Huidobro.


 

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