01.07.2004

“La noticia que el candidato a la vicepresidencia sería Abreu y por tanto echaba por tierra que éste fuese de los liderados por Lacalle, fue comparada en el Comité Nacional del Herrerismo como que ese sector estaba siendo tratado como ganado ‘abichado’, confiaron fuentes consultadas” (LA REPUBLICA 30 de junio de 2004, pág. 3).

No cabe duda: el principal dato del domingo 27 fue ese: Sanguinetti, Jorge Batlle (que ni tan siquiera votó) y Luis Alberto Lacalle fueron barridos por la gente “al potrero de los abichados” (obra citada).

Los tres principales responsables de la desgracia uruguaya desde 1984 hasta hoy sumaron la otra tarde 301.020 votos sobre un total de 1.129.322. Apenas un 26,65%.

Perdieron por monumental paliza. Se fueron. Los van.

Refiriéndonos al Partido Colorado decíamos el jueves pasado que a los desorientados y desorientadores dirigentes de esa colectividad se los iba tragando un hambriento pozo que clamaba por ellos.

Y se los tragó nomás: el señor ministro de Transporte y Obras Públicas ingeniero Don Lucio Cáceres obtuvo la friolera de 164 votos. ¿Además de la familia comiendo ravioles: quién más lo votó esa tarde? Los inversores atraídos por sus espléndidos proyectos han recibido un mensaje alentador: pueden contar con un sólido respaldo político.

El señor ministro de “la” Defensa Nacional profesor Don Yamandú Fau llegará en estas horas al campo de batalla en Haití al frente de sus huestes para impresionar a los ejércitos chilenos, brasileños y argentinos, a los estadounidenses y franceses, a los canadienses; al mismísimo Consejo de Seguridad de la ONU con el imponente respaldo democrático de 1.169 votos o sea, menos de tres batallones de infantería, al completo, del Ejército que manda y sin el apoyo de ninguna unidad de la Fuerza Aérea ni de la Armada.

Pero reconozcamos que frente a los 274 votos recaudados por el señor senador Dr. Don Pablo Millor, presidente de la Comisión de “la” Defensa del Senado, podrá (en Haití) pararse firme, políticamente en calzoncillos, y sacar pecho en nombre del Foro Batllista (como repudio a “la quince”) cuando la Fuerza Desplegada (que evidentemente no lo votó) no tenga más remedio que rendirle honores con guías a la izquierda y atención a la derecha pensando tal vez en los gorriones de basurero que se quedaron lejos, allá, por los pueblos uruguayos.

Pero mi colega el senador Dr. Don Jorge Larrañaga, que votó dicho despliegue en Haití junto con el Gobierno apoyando a Don Yamandú, contra la opinión de su compañero el Sr. Senador Capitán de Navío (r) Don Carlos Garat integrante de la Comisión de Defensa, le enviará desde Paysandú (supongo), todo el respaldo que le falte (con las protestas de Don Carlos Garat) con más el respaldo de Don Luis Alberto Lacalle que también apoyó hace unos días a Don Yamandú.

En suma: se producirá el milagro de que un ministro con menos de 1.200 votos contará con el apoyo de los votos recaudados tanto por Larrañaga como por Lacalle que alegan no tener nada que ver con este Gobierno… Hay que reconocer una cosa: ser Ministro con respaldo no tiene gracia alguna, pero serlo con mil votos y usar los ajenos para taparse el rabo es de una genialidad admirable. Salvo que los ajenos sean en realidad propios aunque quienes los juntaron aleguen lo contrario.

Patético

Larrañaga barrió a Lacalle. Lacalle, muy vapuleado luego del 7 de diciembre tuvo la valentía que le faltó al tan mamporreado Sanguinetti, de ir a la batalla igual.

La dimensión del personaje es de ribetes trágicos. Pero de Gran Tragedia. Patética. Digna de Shakespeare.

Peleó como un tigre ya malherido y volvió a perder. Se retiró del alevoso campo de batalla con los intestinos en las manos pero desafiante todavía. Dignamente. También nosotros le mordimos esas entrañas, pero vaya nuestro hidalgo respeto.

Lamentablemente no se lo merece la colosal cobardía ramplona de los otros derrotados.

Se dirá: pero Larrañaga para vencer tuvo que disfrazarse. No importa: la gente votó, en todo caso, ese disfraz porque como decía Montaigne “la hipocresía es el tributo que se le debe pagar a la virtud”.

Ya en Brasil pudo verse: a Lula, cuando la derecha se quedó sin candidatos, le inventaron primero un personaje de la televisión para derrotarlo. Lo hicieron aunque el lamentable tipo terminó poco después preso por ladrón. Luego le inventaron un candidato de izquierda como Fernando Henrique Cardozo. Y en esta última elección Lula tuvo que derrotar a varios candidatos de izquierda: no había en Brasil ni uno de la Derecha.

En Uruguay queda uno, por lo menos declarado: El señor diputado García Pintos quien logró la monumental cifra de 3.228 votos triplicando por lo tanto, al señor ministro de “la” Defensa y superando nada más ni nada menos que al formidable candidato del Partido Independiente Don Pablo Mieres que en dura porfía con Palo y Palo, en final cabeza a cabeza que puso en vilo a todos los uruguayos, alcanzó la cúspide gloriosa de 2.558 votos: una décima parte de lo que se necesita para ser diputado, siendo tres (siguen, imperturbablemente, siendo tres). Resulta patético, que lo sigan siendo. Admira la tenacidad, también de ribetes heroicos, para mantenerse abrazados al sillón. Pero es de índole muy distinta a la ya citada.

El desafío histórico para el futuro del pueblo estriba en cifras muy sencillas:

Montevideo es hoy el 42% del Padrón electoral, Canelones el 14 y el resto del Interior el 44.

Para ganar en octubre necesitamos, por poner cualquier ejemplo más o menos racional, que en Montevideo por lo menos el 63,5% de los votos sean nuestros; que en Canelones lo sea el 52,5% y que en el Interior promedialmente lo sea por lo menos el 37,45% de los votos.

Pido humildemente que cada lector examine cuidadosamente estas tres cifras. Admito que las cambien para arriba o para abajo en dos, tres o cuatro puntos. Todo lo que crezcan Montevideo y Canelones aliviará el trabajo de las compañeras y compañeros del Interior. Todo lo que en el Interior crezca aliviará a Montevideo y Canelones. El problema será el mismo.

Lo único que pido es que tomando mate tranquilos en cada casa, cada familia las estudie. Cada militante partidario. Cada militante social. Cada madre. Cada padre. Cada abuela. Cada joven. Que los de Montevideo miren las cifras reales de Canelones y de cada departamento del Interior. Que los de cada departamento miren las de los demás. A solas, pensando en lo que hay que pensar.

Mirándose en ese definitivo espejo de aparentemente nada más que cifras que son en realidad vidas palpitantes.

Pensando en el pasado lleno de quienes la quedaron pensando en esto. Pensando en el futuro que tal vez y por suerte ande por ahí molestando la reflexión y borroneando los números. Creo yo que comprenderemos que la lucha es una sola. Que la suerte de cada uno depende de la suerte de todos los demás. Que de nada vale ganar en casa o ganar en la querida fracción propia si no ganamos todos en todos lados. Si no nos damos una mano. Si no nos ayudamos fraternalmente.

El barco se hunde para todos. El MPP, dijo Mujica, está soldado a la suerte de Tabaré. Estamos soldados a la suerte de todos los demás grupos.

El pueblo uruguayo está soldado a esa suerte. Otros pueblos de América Latina lo están.

Todos estamos, como no podía ser de otra manera, unidos ineludiblemente a la suerte de nuestros hermanos y lo estamos tanto geográfica como políticamente: si nos va mal en un lugar nos irá mal en todos. Si le va mal a uno les irá mal a todos.

Llegó por lo tanto la hora decisiva: o crecemos todos o perdemos todos. O crecemos en todos lados o perdemos en cualquier lado.

Todos, absolutamente todos, nos tenemos que ayudar mutuamente a todos. No queda el más remoto espacio ni de lugar ni de tiempo para la mezquindad, la desmotivación, ni la parálisis.

Publicado en “La República”, escrito por Eleuterio Fernández Huidobro.