15.07.2004

Creo que fue durante la madrugada del sábado pasado: desde unos días antes, los anuncios meteorológicos prevenían contra el frío que ese sábado caería con todo rigor sobre nuestro país. Esta vez no se equivocaron.

Creo que fue un programa radial dedicado a las cuestiones del agro. De esos que se emiten bien temprano. Uno de sus locutores, dando aviso del helado estado del tiempo, agregó que recién llegado a la emisora pudo ver a varias personas que durmiendo en la calle trataban de ponerle escudos de cartón a la sensación térmica de casi diez grados bajo cero. La frase, que le brotó espontánea del pecho, describe claramente lo que a esa hora le pasaba en nuestro país a mucha gente.

Se dirá que apelo a la cursilería sentimental para obtener resultados políticos. Pero la verdad es la verdad y el motivo final de nuestra lucha al fin de cuentas es ese: que estas cosas no pasen. El lagrimón o la moquera serán cursis y la apelación fácil, pero sin ese impulso: ¿qué sentido tiene luchar por lo que se lucha? ¿Qué otro sentido puede tener? Esto será de izquierda, de centro o de derecha: ¿qué importa la topología del aserto o la de la evidencia?

FRONTERAS AGRÍCOLAS

Creo que en el mismo programa (y si no fue en ese poco importa), Hugo Manini informaba los resultados del viaje de los arroceros uruguayos a China. Venderle arroz a los chinos, es como ir a cantarle tangos a Gardel: se trata del principal productor y consumidor del grano. Pero resulta que según Manini, China viene comiendo cada vez más y por ende agotando sus reservas con lo que, de seguir así, en pocos años deberán importar un 5% de sus necesidades. Un 5% del arroz que ese enorme montón de gente come es una cifra sideral a nuestros efectos.

Lo peor, según dicho informe, es que dada la formidable emigración desde el campo hacia las ciudades (cifras colosales que de tan grandes decidí olvidar) a la China creciendo se le plantea un enorme dilema: o agua para plantar arroz o para darle de beber en las megaciudades a esa masa de gente. Tres de las grandes crisis que asuelan el planeta (la otra es la energética) están presentes en los datos aludidos: falta de agua y de alimentos y expansión poblacional concentrada en gigantescas ciudades.

Manini sostuvo esa madrugada que la última frontera agrícola que le viene quedando al mundo es la “nuestra”. Nuestra quiere decir la de la región que abarca a Brasil, Uruguay, Argentina, Paraguay…

George Soros, ese paradojal millonario de declaraciones provocantes, afirmó casi al mismo tiempo en otro lugar que si usted querido lector tiene hijos pequeños no les enseñe inglés: que aprendan chino. Que no confíe ni en ese idioma ni en el dólar. Que si tiene dinero, atesore “comodities” (entre ellos arroz, o soja…) y que si elige una carrera universitaria trate de enseñarle a ser granjero. Tengo para mí que Soros no le está errando mucho al futuro más o menos previsible.

Agua buena en abundancia, fertilidad de las mejores y poca población nos transforman en promesa, en futuro ineludible pero también y atención, en zona envidiada y apetecida, lo que puede ocasionar conflictos no deseados. Es en los escudos de cartón y también en estas realidades estratégicas que debemos ubicar la discusión en torno a la enmienda constitucional referida al agua, a las sociedades anónimas con acciones al portador en la propiedad de la tierra y en el próximo gobierno que al pueblo uruguayo le conviene.

QUIOSCO DE REVISTAS

El inefable e indescriptible Presidente que sufrimos, sin embargo de no haber ido a votar el 27, salió el otro día por cadena de radio y televisión garronera y alevosa a terciar en la campaña electoral contra el Foro y contra Tabaré.

Contra el Foro por la paliza que le dio a la quince en la lastimosa “interna” colorada. Es lógico: el Foro se niega tozudamente, contra las pretensiones de la quince, a centrar su campaña electoral en los fantasmales “éxitos” del gobierno y como Atchugarry tampoco se anima, Jorge Batlle no tiene más remedio que salir personalmente, muy averiado, a vociferar sus “virtudes”.

Al decir insuperable de mi compañero el camarada Korzeniak, le faltó enristrar la otra noche, entre las cuantiosas inversiones que han venido al país, un quiosco de revistas que se inauguró en 8 de Octubre y Marcos Sastre.

“Lástima grande no sea verdad tanta belleza” (Argensola, en el tango “Maquillaje”, por el polaco Goyeneche): la Cepal, que nada tiene que ver con el Frente Amplio, informa al mundo que el flujo inversor para Uruguay en el año 2003 fue de 131 millones de dólares: la cifra más baja de América Latina y el Caribe con excepción de Guatemala (104 millones) y Paraguay (19 millones). Pero en 2002 fue de 177 millones, en 2001 de 320 millones, en 2000 de 274 millones y entre 1995 y 1999 tuvo un promedio anual de 164 millones de dólares.

En suma: barranca abajo. Fracaso estrepitoso.

Le debo estas cifras al lector del semanario Brecha, Piero Di Matteo, que las brindó en la sección “Correo” de los lectores y hemos corroborado, como lo puede hacer el Señor Presidente, en http://www.cepal.org.

Como dice el autor citado: “el mensaje sigue siendo: votemos a los partidos tradicionales, no sea cosa que nos pase lo que nos pasa”.

FALTA ENVIDO

Mi colega el senador y Doctor (yo sé que no le gusta que le recuerden su paso por la Universidad porque le resta imagen campestre), Don Jorge Larrañaga, le ha contestado a mi líder el compañero Doctor Don Tabaré Vázquez que no se puede cantar retruco sin antes haber querido el truco. En este tema, y más allá de la Universidad, reconozco en el Doctor Larrañaga una aplastante maestría: no cabe duda alguna. Sin querer el truco es imposible el retruco. Acompaño fanáticamente su magistral tesis.

Se refería al hecho de que Tabaré propone votar ahora mismo en el Parlamento, con la mayoría resultante de los votos nuestros sumados a los de Larrañaga, una serie de leyes que favorezcan al país, sin antes haberle contestado acerca de que todos los candidatos firmen un documento de “Consenso Nacional” presentado, a modo de truco, por el Doctor en marzo.

El gravísimo problema estriba en que el Doctor Don Jorge Larrañaga ya nos firmó y endosó a todos en noviembre de 1999 un formidable Documento llamado COMPROMISO DE GOBIERNO, mediante el cual nos pidió que votáramos como él al Doctor Don Jorge Batlle Ibáñez para Presidente de la República, a cambio de una hermosa y cuantiosa cantidad de promesas que lamentablemente (para el Doctor Don Jorge Larrañaga) están estampadas todavía en ese papel generosamente publicitado y por tanto al alcance de todos.

Es cosa sabida que el papel soporta cualquier cosa: en ese Documento el Doctor Larrañaga nos hecho la Falta Envido y le dijimos “Quiero”. Cuando tuvo que “darse vuelta”, sus pobres naipes apenas sumaron siete… Hablando en términos del truco: mintió descaradamente.

Desde ese momento en adelante ¿quién puede ser el aventurero ingenuo, temerario y distraído que le pueda firmar algún Documento al abogado Jorge Larrañaga? Hablando en términos de taba cargada (más telúricos), creerle al Doctor Larrañaga, viendo que está rodeado por los mismos de siempre, es echar seguramente lo que en la taba está arriba cuando la suerte está abajo.

Publicado en “La República”, escrito por Eleuterio Fernández Huidobro.