29.07.2004

Siempre dio mucho trabajo entender en la escuela (o el liceo) el concepto abstracto de la Metamorfosis.

Para mí, que los “pescaba” en las charcas de atrás del cementerio del Buceo, los renacuajos eran renacuajos y las ranas, ranas. ¡Y “chau”!

Los gusanos que rociábamos con alcohol de primus para prenderles fuego, eran gusanos. ¡Odiados bichos peludos! Las mariposas eran mariposas. ¡Y a “otra cosa”!

Más sencillo, imposible.

Pero llegó el día en el que un muy mal vestido profesor trasnochado alegó ante nosotros con pésima elocuencia que eran “pichones” de rana o “proyectos” de mariposa. Costó mucho llegar a creerle…

Sólo una minoría snob del barrio le dio razón: la enorme mayoría opinaba que ese profesor estaba para internar de urgencia en el Vilardebó.

Lo de las crisálidas fue todavía peor.

Pasaron añares y debo reconocer que hoy tengo muchas más dudas que las de entonces.

Averigüé incluso que hay una ciencia llamada ontología que sólo sirve para complicar las cosas con el aplauso de Vaz Ferreira.

Pero llegado inopinadamente al Senado de la República pude comprobar repetidamente que las maravillas, ese tipo de maravillas que creía confinadas en libros como Las Mil y Una Noches, se producen a diario (lo que no dejó de amargarme).

Por poner varios ejemplos entre miles:

Se puede ser senador sin tener votos: cualquier gusano devenido mariposa queda para la risa ante tamaña maravilla.

Ustedes, queridos y asombrados lectores, tienen hoy variados casos a la vista.

Es más: se puede ser hasta Presidente de los Estados Unidos sin haber sido electo…

Se puede utilizar la Cadena Nacional de Radio y Televisión para hacer campaña electoral privada al Senado contestando una audición de radio o de televisión y luego negársela al contrincante alegando que “no se contestan audiciones de radio o de televisión”.

Pero concretamente en el Senado se puede (lo he visto y oído) recibir a una persona absolutamente común y peatonal vaya dicho esto con el máximo respeto imaginable suplente de suplentes, y basta entonces con que el profesor Don Luis Hierro López ordene a todo el mundo ponerse de pie en la zona circundante para que, tomado el juramento de estilo, el susodicho presidente de la Asamblea General y del Senado proclame:

-Queda usted investido en su carácter de senador de la República: ¡Felicitaciones!

Y vienen después los saludos, las fotos, y hasta los llantos de la familia del nuevo senador en la barra.

He mirado tantas veces ese espectáculo siempre alucinante (aunque Hierro López lo haga tan mecánico: yo me pondría una capa roja y derramaría aceite sobre la cabeza de la persona mientras jura por sobre la tocatta y fuga de Bach como cortina musical) que debo reconocer: aquél viejo profesor mal vestido tenía razón.

Porque el tipo de marras que vino común y corriente, sale senador con las debidas inmunidades, ingresos, aportes jubilatorios, facilidades de estacionamiento para su auto y otras cosas que, realmente, maravillan: hasta porte de armas pueden darle…

El otro día, sin ir más lejos el 30 de diciembre del año 2003, la Cámara de Representantes aprobó una Ley que llegó poco después al Senado por la que se le ordena al Banco Central emitir monedas conmemorativas del próximo Mundial de Fútbol.

Mi colega y compañero Don José Korzeniak señaló tímidamente en sala que no se podía conmemorar algo que no había sucedido, pero que él (todo un constitucionalista), no se iba a oponer para que la Ley no volviera a la Cámara de Diputados y con ello se perdiera tiempo.

Hondamente ensimismado en lo que acabábamos de votar por unanimidad en el Senado y pensando en Einstein me dirigí en busca de auxilio a la banca del magistral constitucionalista para denunciarle que con ese acto “votatorio”, nosotros, el Senado de la República Oriental del Uruguay, habíamos aniquilado las leyes de la Física conocidas hasta hoy porque una Ley deroga las anteriores: ¡Hemos aniquilado el tiempo, José!

Efectivamente contestó ¡Y con plena vigencia legal!

Habría que avisarle de oficio a la Facultad de Ingeniería y al Ministerio de Turismo a todos los efectos…

Que pueden ser pavorosos…

Creo que fue a causa de esa votación pudo haber sido antes por otras similares que un día le propuse a Korzeniak la posibilidad teórica de que por ejemplo y vaya dicho con la máxima admiración y respeto alguien o algo presentara como moción grave y urgente tratar sobre tablas un proyecto de ley por el que se declarara al señor senador José Mujica Cordano, libélula. ¿Qué podría pasar? le pregunté al Catedrático:

Abierto por el profesor Don Luis Hierro López el debate reflexionó José y puesta en primer lugar a votación la moción, de resultar aprobada, se abriría la discusión “en general” de la ley.

De resultar votada afirmativamente (con anuencia en nuestro caso de la Mesa Política del Frente Amplio), se pasaría a la votación en particular de sus dos únicos artículos:

“Artículo Primero: El señor senador Don José Mujica Cordano queda declarado libélula.

Artículo Segundo: Comuníquese, archívese, etcétera.

Y fue una tarde le comenté a Korzeniak en la que tratando en este Senado quién sabe qué asunto y habiendo Jorge Batlle promulgado la citada ley, cuando de pronto, Mujica levantó vuelo ante nuestros ojos atónitos:

– ¡¿Qué hacés Pepe?! gritaban unos

– ¡Bajate de ahí! clamaban otros, mientras él aleteando, nos decía adiós como Remedios la Bella moviendo su mano lateralmente, al tiempo que Hierro López apretando el estridente timbre, exigía a grito pelado guardar orden en sala.

El señor senador libelulizado por ley buscó la luz que se cuela por los vitraux del cielo raso hasta que encontró una ventana abierta, o un vidrio roto (tanto da) para volar y volar rumbo al ancho cielo azul celeste…

Sobre su banca quedaron los intactos anteojos.

Hasta ahora no volvió comentó posesionado Korzeniak.

Y ahora decime una cosa – le propuse confidencialmente: ¿Se debe convocar al suplente?

El senador no renunció ni pidió licencia reflexionó José, simplemente voló. Puede volver volando si quiere en cualquier momento y, en ese caso, asumir plenamente su banca. La metamorfosis genera musitó ensimismado y perplejo, casi inaudible un e-nor-me problema jurídico. Luego perdió su mente en un largo rosario de latinazgos que no pude tan siquiera oír claramente……..

¿Se están riendo? ¡Yo sospecho que se ríen de lo que estoy escribiendo!

¿Entonces cómo explican que el señor senador doctor Don Jorge Larrañaga, saliendo de su crisálida rosada desde la que pidió hace unos meses que votáramos a Jorge Batlle, se nos aparezca de pronto como una rojiza mariposilla progresista?

¿Y cómo explican que el señor doctor Don Juan Andrés Ramírez (ministro del Interior de Lacalle y candidato a Presidente del Herrerismo en 1994) haya surgido de pronto, mojado y saltando, desde el charco derechista para declararse de izquierda ante todo el mundo el pasado domingo?

Hay que creer o reventar: los bichos peludos pueden transformarse en mariposas y los renacuajos en ranas. ¡A veces hasta en hombres ranas!

Salvo que algunos niños los prendan fuego.

Por razones ontológicas…

Publicado en “La República”, escrito por Eleuterio Fernández Huidobro.