18.11.2004

En medio de la discusión generada en torno a la designación de candidatos a la Intendencia Municipal de Montevideo, la compañera y senadora Marina Arismendi, criticando la postura del Espacio 609 (o la interpretación que de ella venía haciendo la prensa), dijo refiriéndose a los votos: “También hay que cambiar eso de que tanto tienes, tanto vales” agregando- “Es como si yo dijera que tengo tantos votos y quiero ser la primera bailarina del Sodre”. Metió Marina varios dedos (incluso de los pies) en varios profundos meollos.

Refiriéndose a dinero o a cosas yo también creo que hay que terminar con lo de “tanto tienes, tanto vales”. Pero refiriéndose a votos populares, de gente de carne y hueso, dando su veredicto sobre personas y propuestas, no lo creo porque aparte de carne y hueso la gente tiene ojos, oídos y cerebro.

No quiero decir con esto que ese sea el criterio para conocer el valor de una persona o de una organización, pero en política es uno de los fundamentales. ¿Lo descartamos? Y si lo hacemos: ¿Cuál otro utilizamos? ¿Quiénes y por qué serán los encargados de definir esos valores?

Salvo para el Parlamento, no estoy de acuerdo en otorgar cargos ni en elegir candidatos por cuota directamente proporcional a los votos obtenidos pero mucho menos lo estoy en otorgarlos por cuotas inversamente proporcionales a los votos como desgraciadamente muchas veces pasa.

Al fin de cuentas desde el Presidente de la República para abajo, los más importantes cargos los define la votación popular. Y lo bien que está.

La democracia es el peor de los sistemas conocidos salvo todos los demás, dijo con acierto no se quién. Porque con el criterio expuesto por Marina podemos desbarrancarnos hasta por ejemplo proponer que el Presidente de la República, ese asunto tan grave, sea elegido por un tribunal de expertos entre los que dicho tribunal entienda que son los mejores.

Y así sucesivamente hasta abismos demasiado conocidos y descalabrantes si te caes en ellos.

Confundir monedas con votos dentro del verbo “tener” es, de paso, confundir a la gente con monedas. Acá funcionó varias veces un gigantesco tribunal lleno de personas que eligió y decidió a los que considera mejores para las tareas políticas. Punto.

Ese veredicto debe ser no sólo acatado sino muy respetado.

Quiero aclarar que me consta que Marina no piensa lo que dijo sino que está de acuerdo con lo que vengo diciendo. Estoy discutiendo contra conceptos y no contra personas.

Pero eso sí: en la segunda frase, la de bailarina del Sodre, arribamos por un lado a un desopilante espectáculo en el Solís y por el otro a muy serios meollos. Algo así como a una tragicomedia donde entre llantos y risas podremos debatir; Marina en zapatillas y puntitas de pie y yo sobre pesados coturnos, y de máscara con bocina, profiréndole al cisne broncas y luctuosas admoniciones. Imagino al coro bajo la batuta de García Vigil, comentando cada escena… Y al cónsul de Grecia en el palco. Con el criterio que expone la bailarina, Damiani, sin ir más lejos, desaparece de Peñarol… Y Lenin del Partido Comunista dado que no es obrero.

Según la peregrina concepción (a la que además debemos reconocerle originalidad), para ser director del Sodre hay que ser bailarín y para ser presidente aurinegro, centrofóbal.

Siguiendo por ese sendero, para cada repartición del Estado y de las organizaciones civiles, eso: un caracterizado profesional o especialista de cada especie con lo que si bien los electores podrían ser muchos los elegibles siempre serán pocos y restringidos. Obviamente deberán contar en la Corte Electoral con título habilitante. Pero también en los Congresos y en los Plenarios.

Mejor y más barato sería un concurso de oposición y méritos donde obviamente solo podrán participar los del escalafón más alto. El gravísimo problema será elegir o designar los jurados.

Y para los casos no previstos habría que hacer dos cosas posibles: o instalar carreras tipo “Doctor en Intendencia” o “Licenciado en liderazgo sindical” o designar en la Intendencia por ejemplo, al funcionario del escalafón más alto y mayor antigüedad en él.

Como en las Fuerzas Armadas y ni eso porque en ellas tampoco es estrictamente así.

¿Qué hacemos ahora con Nin en el Senado y en la Asamblea General? ¡Resulta que no es taquígrafo ni ujier! Lo único que tiene son votos. Apenas eso. ¡Y los hace valer porque los tiene!

Es un alarde provocativo de valer por tener.

¡Ni qué hablar de lo que está haciendo Tabaré Vázquez!: acepta ser Presidente por el único y pésimo criterio de tener votos. ¡Como si eso importara!

¿Cómo se atreve Marina a ser senadora si ni tan siquiera es pasante en el Poder Legislativo (ya no digamos funcionaria)?

Muchos estarán riendo de lo que digo aunque esa no es mi voluntad porque pienso que la cosa es muy grave y debe llamar a una honda reflexión (eso lo exclamo desde la bocina y sobre los coturnos).

Publicado en “La República”, escrito por Eleuterio Fernández Huidobro.