14.04.2005

Supe tener un gran amigo que no entendía por qué cierto cuadro al óleo podía valer tanto.

– La tela –decía– es un trapo tan viejo que está medio podrido y de pintura al aceite: ¿cuánto habrá? –preguntaba inquisidoramente– ¡A ver, decime!, apremiaba.

Era muy difícil discutir con él esos temas y convencerlo de que el precio estaba vinculado con el valor y el valor muy afuera de la tela y la “pintura al aceite” gastada.

Traigo este recuerdo porque el otro día Martín Ponce como subsecretario del Ministerio de Industria Energía y Minería dijo dos cosas tan “incomprensibles” como el precio de la Mona Lisa.

Dijo que en materia de energía eléctrica hay máquinas muy costosas ya compradas y otras que debemos comprar para tratar de NO USARLAS NUNCA (¡¿) de ser ello posible.

Para explicar tamaña paradoja puso como ejemplo el de las ruedas auxiliares de los autos.

Lo otro tan paradojal que dijo fue que por más cara que fuera esa energía, lo más caro era que faltara, por las consecuencias de ese faltante para el Uruguay Productivo.

Hay cosas entonces para los ingenieros, vinculadas a la producción y al trabajo, tan poéticas e impalpables como el valor que reposa en la Gioconda.

La música –dijo un novelista– no está en el dedo, la bordona ni la guitarra. Tampoco en el aire que vibra. La música anda por otros lados.

Creo que la humanidad viene entrando casi sin darse cuenta en el mundo de la Mona Lisa. Mejor sería decir: en la Era de la Mona Lisa.

Porque hubo Edad de Piedra, Fuego, Hierro y hasta del Cuero…

La constatación y por ende la conciencia de los límites del planeta así lo determina. Los recursos no son inagotables. El medio ambiente debe ser protegido y muy cuidado. Se descubrió LA ESCASEZ. Pero la escasez “estructural”.

La “Economía” como ciencia o arte de la administración de los recursos escasos será ineludible y penetrante. Entra donde se creía que nunca iba a entrar: en el agua y en el aire, por ejemplo y para no mencionar otras cosas.

Dicho sea de paso, pero vamos a dejarlo para otro día: parece indicar la imposible futura disolución del Estado poniendo en tela de juicio a los anarquistas, a los comunistas y a Ramón Díaz.

Desde la ratificación del “Protocolo de Kyoto” el aire pasó a tener precio o, si mejor lo quieren, la contaminación del aire. Y se puso en marcha el mercado mundial de los “bonos verdes” o “certificados de carbono”. Eso va a tener graves consecuencias a corto plazo. También acá. Pronto no habrá ecuación industrial y menos energética que pueda omitirlo.

Sobre el agua ahorro las explicaciones: la tuvimos y tendremos que defender con uñas y dientes porque cada día es más cara.

Pero la Era de la Mona Lisa se expresa también por escaseces más dramáticas: por ejemplo la de los hidrocarburos “livianos” o “ligeros”. Ella explica las guerras presentes y explicará desgraciadamente muchas de las futuras, pero también explica las palabras de Martín Ponce, la inesperada poesía de los ingenieros, lo que pasa en Irak, el Mar Caspio y sus alrededores, Afganistán, Venezuela, Bolivia…

Porque el barril de crudo volando hacia las alturas de los sesenta dólares (adquiriendo valores como los de la Mona Lisa por escasez y rareza) desata un enjambre de efectos. Un montón de diablos y estrategias.

Fuentes de energía (y con ellas hasta “civilizaciones”) comienzan a ser “rentables”. Si esto sigue así, y aparentemente seguirá así, la faz del mundo cambiará.

Esta “civilización” reposa (reposaba en paz) sobre un mar de petróleo barato. Se acaba. Se acabó.

Ahora en todo el planeta, y muy especialmente en los países más ricos, incluso con fortísimas inversiones de las más grandes empresas PETROLERAS se desarrollan a todo ritmo investigaciones y experiencias para escaparse del petróleo.

Fuentes de energía alternativas: solar, eólica, geotérmica (volcanes, aguas termales, etcétera), el biogás (la basura entre otras fuentes), la biomasa (la leña de tanto uso ya en Uruguay especialmente a nivel domiciliario e industrial), la animal (se vuelve al caballo y a los bueyes, etcétera), el biodiesel, los alcoholes destilados a partir de vegetales, el carbón, la hidráulica (ríos, lagos y mareas), el hidrógeno como mejor forma de almacenamiento y en un peligroso horizonte, la nuclear y atómica.

Omisiones, irresponsabilidades y frivolidades fueron colocando a Uruguay, a lo largo de muchos años, en grave situación energética: hemos agotado la capacidad de generación hidráulica en grandes volúmenes (nos queda la posibilidad de desarrollar minirrepresas con minigeneradores con fines también de riego, pero esa potencialidad no nos resuelve el lío), somos muy dependientes del petróleo y del gas (cuyos precios siguen automáticamente el del petróleo y cuya demanda mundial obviamente aumenta), y no sólo no hemos desarrollado las fuentes alternativas que nos podrían dotar de independencia sino que destruimos lo que había.

El Espinillar en Salto, creado a fines de los años cuarenta, dio origen además a dos ciudades (Belén y Constitución) y era un “programa” destinado a producir alcoholes de boca y para combustibles en base a la caña. Uruguay venía de sufrir la escasez de crudo provocada por la Guerra Mundial (los autos anduvieron con gasógenos…) y tenía por tanto frescas las duras consecuencias de esa dependencia: buscaba independencia y alternativas.

Hace veintitrés años que Brasil (que tiene petróleo) mezcla por Ley el alcohol de caña en sus naftas, ahorrando hidrocarburos, subsidiando de ese modo el precio de su azúcar, radicando familias en el campo y desarrollando tecnología al respecto (hoy son “punta mundial” en la materia): negocio por donde se mire. Nosotros destruimos (gobierno de Lacalle) El Espinillar.

Quedamos en crisis estratégica (más allá de vicisitudes tácticas lluviosas o no) y atrasados en muchos años.

Pero además hay crisis regional y, como vimos, mundial.
Por lo tanto ahora van a regir, para los mejores cálculos, también los precios de la Mona Lisa. En muchos países ciertas escaseces (agua energía, alimentos…) pasarán de ser problemas económicos y de precio a ser de SEGURIDAD NACIONAL.

Porque de nada valdrá comparar mecánicamente costos actuales para optar por uno u otro camino. Habrá que tener muy en cuenta las gravísimas consecuencias no sólo de la escasez sino de la falta.

No existe sueño posible; no existe Uruguay Productivo posible sin la energía necesaria para ello.

Tenemos en el plano estratégico un duro talón de Aquiles. Debemos tener también una fuerte conciencia de eso. No hay, tampoco, tiempo para seguir perdiendo. La Nación entera “tiene que ponerse las pilas” en este decisivo rubro y no escatimar recursos ni esfuerzos.

Pero claro: para el otro proyecto, el derrotado y fracasado, el de plaza financiera y centro regional nada más que de servicios, el de vivir de aúpa, no se necesitaba mucha energía. Hay que comprenderlos. Fueron coherentes. Estólidamente coherentes. Se suicidaron y querían suicidarnos.

Una de las primeras letras de esta Refundación y de este Rescate es la “E” de Energía. La juventud uruguaya debe tenerlo claro.

Publicado en “La República”, escrito por Eleuterio Fernández Huidobro.