14.07.2005

El acto de copiar fue calificado como piratería contra los derechos de autor y otro tipo de “propiedades” intelectuales (la de las editoras, la de las empresas que a su vez compraron dichos derechos de autor, etcétera).

Se manejan en estos casos y a ese nivel sumas colosales.

Por el otro lado existe un movimiento (y hasta un “estilo”) mundial que, basado en Internet, proclama y practica el derecho a copiar.

Usando palabras inglesas, y abreviándolas, es conocido como “P2P”.

(Rara abreviatura de Peer to Peer): algo así como “de igual a igual”.

Aunque también proclama y practica la solidaridad y el intercambio entre iguales, sin fines de lucro, de todo tipo de informaciones y herramientas.

Sin entrar al fondo de esta colisión de derechos y libertades (“el derecho de autor es un derecho humano”, afirma Agadu) queremos ir al principal argumento utilizado, luego de un largo pleito, por los Tribunales de Justicia aludidos: “el que suministra la herramienta, es cómplice y hasta comete el delito”. De ahí la condena a las empresas que a su vez alegaban, en su defensa, que ellas no copiaban nada sino que eso lo hacían sus “clientes”.

En lo personal, la noticia trajo a la memoria el caso de las Safi (Sociedades Anónimas Financieras de Inversión) de tan triste recuerdo (y actualidad).

O, mejor dicho, el caso de esos famosos Estudios Jurídicos uruguayos que por muy módicas sumas de dinero (para la escala de lo que esas herramientas permiten hacer o deshacer) proporcionan “llave en mano” espléndidas Sociedades Anónimas “prontas para matar”. Como es público y notorio las manufacturan en serie como las cachilas de Henry Ford y gracias a ellas se ha perpetrado en el país, la región y el mundo, todo tipo de atropellos, delitos y estafas.

El “gran argumento” defensivo esgrimido por los abogados y escribanos que curran con esta jugosa actividad ha sido el mismo: nosotros sólo proporcionamos una herramienta; lo que se haga con ella no es asunto nuestro.

A estar por lo resuelto en los Tribunales del más poderoso país capitalista de la Historia irían presos.

Menos mal para ellos (nuestros compatriotas) que Estados Unidos no firmó el Tratado de Roma. De firmarlo, estarían en la situación de Gavazzo. No podrían salir del país… Por lo menos hasta que la Justicia uruguaya aplique la jurisprudencia del Tío Sam: en ese caso van de cabeza al Comcar.

Creo que era Sancho Panza, o si no Don Quijote o si no tampoco importa, el que decía que “más piensa un hambriento que cien abogados”.

A esa gran verdad debe agregársele: “Dios nos libre de cien abogados hambrientos”.

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En dramáticas horas presupuestales los legisladores nuevos y los “civiles” poco expertos acerca de la naturaleza intrínseca de Uruguay solemos hundirnos en profundas perplejidades idiomáticas, lógicas, matemáticas, legales y hasta ontológicas.

Resulta que el Parlamento, tal como manda la Constitución, vota el Presupuesto y, por lo tanto, las asignaciones o créditos para cada “inciso” (vayan agarrándose). Pero resulta también que luego el Ministerio de Economía y Finanzas establece los “topes” (no se mareen). Y después, ya no puedo describir quién exactamente establece los “cupos” (no vomiten) que, a su vez, pueden sufrir “recortes” que a su vez, para cada Unidad Ejecutora” (consulten al psiquiatra) dependen del “duodécimo”…

El Parlamento, su discusión y las decisiones presupuestales, la Constitución: bien, gracias. Porque esto estuvo pensado por densas oficinas jurídicas capaces de demostrar por “a” más “b” que todo es legal. Para nosotros los uruguayos es vital que todo, incluso lo peor y hasta lo horrendo, sea legal. Se trata de un “vicio nacional” (así como el ceibo es la flor nacional).

Hace unos años tuve la temeridad de trabajar en la Comisión Administrativa del Poder Legislativo (algo así como el Poder Ejecutivo del Poder Legislativo) y ver con mis propios ojos, los ojos desesperados del pobre vicepresidente de la República, presidente del Senado y de la Asamblea General, señor profesor don Luis Hierro López impotente cuando Bensión le aplicaba el tope, más el cupo, más el recorte, más el duodécimo y entonces no teníamos, por ejemplo, para pagar ni la luz ni los teléfonos en el Poder Legislativo.

– Nos van a cortar   decíamos para amargarlo  . A cualquier hijo de vecino ya le habían cortado la luz y el teléfono   agregábamos para mayor mortificación.¿ Y si nos “colgamos”?   proponíamos para no hacer oposición negativa sino propositiva.

Hace años que no “funjo” en dicha “Comisión” pero creo que a la fecha seguimos igual. El Poder Legislativo, uno de los tres del Estado, tendría que estar a oscuras y sin teléfonos o, en su defecto, con el contador “arreglado” y el cable “pinchado”. En la clandestinidad multipartidaria. Como bajo la dictadura.

El pato, la farra de esta manganeta idiota, lo pagan Antel y UTE, a las que después algunos cómplices de Bensión acusan de empresas ineficientes.

Cierto jerarca estatal, atribulado por lo mismo en otras órbitas del Estado, dijo una frase digna de un frontispicio en el Partenón de la civilización uruguaya: “La burocracia es tan pesada, que evidentemente está pensada: para no ejecutar”.

Porque queridos lectores presten atención: si a lo votado por el Parlamento en ilusorias jornadas presupuestales (la madre de todas las batallas diría Saddam), le recortamos los topes, más los cupos, más los duodécimos, aun así y después, encima se le agazapa, emboscada, la posibilidad de “ejecutar” el resto: si no se logra hacerlo, tampoco se gasta el residuo. Aunque usted no lo crea, para poder gastarlo (ejecutarlo) se deben hacer tan pesadas gestiones burocráticas que basta una llamadita telefónica desde el Olimpo (léase Ministerio de Economía, OPP, Contaduría General de la Nación…) para trancar el gasto en forma absolutamente legal hasta tiempos infinitos e inmemoriales en algún intersticio ignoto del laberinto. Y no hay Cristo que en primer lugar lo ubique y en segundo lo mueva.

Esto da lugar a una pintoresca y autóctona “economía política” infraestatal, underground, que retorna a la época neolítica del “trueque” (se podría lograr una buena financiación del PNUD para investigarla al santo botón pero con pingües sueldos para los agraciados): “no me pagues proventos con dinero porque eso se lo traga Rentas Generales: prefiero que me lo pagues con comida, cubiertas de auto, ropa…”. Un cambalache generalizado en casi todos los incisos y Unidades Ejecutoras.

Con el agravante de que dados los monumentales atrasos estatales para con los proveedores, un tomate puede valer más que un diamante si se compra “por derecha” (quién sabe cuándo lo van a cobrar los verduleros), pero vale lo que vale si es por “trueque”. Algo así como “colgarse” de los cables de UTE o “pinchar” los de Antel.

Es un profundo error pensar que eso se hace solamente en algún “asentamiento”: se hace en todo el Estado y lo deciden preclaras figuras de la Patria.

La economía sumergida e informal que el Estado combate, está instalada más que en ningún otro lugar en el Estado.

Pero la frase citada: “es tan pesada que está pensada”, es muy estratégica: una de las maneras de desprestigiar y destruir al Estado es esa.

Vamos a dejar las cosas por acá. Este es un modesto y humilde aporte a la inminente discusión del Presupuesto.

Publicado en “La República”, escrito por Eleuterio Fernández Huidobro.


 

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