21.02.2006

Entrevista en En Perspectiva.

El 31 de octubre de 2004 Uruguay cambió. Y por ser causa y haber acumulado para ese cambio, el Frente Amplio se desacomodó. Así lo ve el senador del MPP Eleuterio Fernández Huidobro que reclama, junto a otros dirigentes, discutir una nueva estrategia. “Ahora somos gobierno y tenemos detrás las esperanzas de una enormísima cantidad de gente”, afirmó.

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EMILIANO COTELO:
Según la Dirección Nacional del Movimiento de Participación Popular (MPP), el triunfo electoral dejó a la izquierda sin estrategia. Ahora que alcanzó la Presidencia de la República, el Frente Amplio (FA) tiene que construir una nueva estrategia, la estrategia para gobernar.
“Gobernar es hacer que el país funcione y desarticular las limitaciones. Pero ello no se puede hacer de un día para otro, significa planificar el período de transición, y no estamos hablando de la transición al socialismo, estamos hablando, por ahora, de la transición hacia el programa de cambio”.
Estas ideas están en la médula de un documento, elaborado por el senador Eleuterio Fernández Huidobro y los ministros José Mujica y Eduardo Bonomi, que la dirigencia del MPP aprobó el domingo pasado. Un documento que busca ordenar una crisis interna muy caldeada que afectó el año pasado a este sector, el más votado del oficialismo.
Y lo más interesante es que para evitar la fractura con sus militantes más radicales el MPP lanza una reflexión que también alude y abarca a otros grupos de la izquierda y al propio FA como tal.
Ya tuvimos algún adelanto sobre este documento ayer, en entrevista con el senador Alberto Breccia, pero hoy les proponemos ir más a fondo en su contenido en diálogo con uno de sus autores. Ahora vamos a dialogar con el senador Eleuterio Fernández Huidobro, uno de los autores del documento.
***
Senador Eleuterio Fernández Huidobro, permítame confirmar lo que yo decía recién: el origen de este documento estuvo en las polémicas internas que el MPP vivió el año pasado, cuando, por ejemplo, hubo una resistencia fuerte dentro de su grupo a votar el Tratado de Protección de Inversiones con Estados Unidos. Esa actitud de los sectores del MPP que se presentan como más radicales y que cuestionaban al gobierno por tibio o poco revolucionario llevó a temer en algún momento la posibilidad de una fractura. ¿Ese es el telón de fondo de este debate?
ELEUTERIO FERNÁNDEZ HUIDOBRO:
Puede ser. Si usted lo quiere podríamos mirarlo desde ese punto de vista. El problema es que también el MPP estaba el año pasado de precongreso, entonces el debate sobre todos estos temas ya estaba metido dentro de los talleres de precongreso del MPP. Este documento recoge también el aporte de otra cantidad de compañeros. Recoge la parte que se hizo a través de documentos para esos talleres de diversos organismos del MPP, incluso organismos de base.
Claro, un tema puntual, como puede ser el tratado de inversiones o como pueden ser las maniobras Unitas o el envío de tropas a Haití, desata de pronto la polémica pero que ya estaba.
EC – ¿Por qué? ¿En qué tiene origen esa polémica? ¿Cuáles son, para ustedes, los problemas que está atravesando el MPP?
EFH – Me parece que son los problemas por los que está atravesando un vasto conjunto de la izquierda y que tienen que ver con el tema de la estrategia. Tal vez la noche del 31 de octubre cuando estábamos festejando tendríamos que habernos ido a un taller precongresal a comenzar a discutir el documento estratégico nuevo que precisábamos.
EC – No había una estrategia para gobernar.
EFH – Sí, para gobernar sí, el problema no es tanto gobernar, porque el congreso del FA del año 2003, el Congreso Héctor Rodríguez, obviamente, como todos los congresos previos a un año electoral, discutió la plataforma, discute la estrategia electoral, discute el programa de gobierno. El cambio producido el 31 de octubre es de mucha mayor dimensión que eso porque la mitad de la población apoyando al FA y apoyando ese programa, implica mucho más que simplemente gobernar cinco años; implica un cambio cualitativo muy hondo y de fondo, que después va a repercutir sobre asuntos organizativos, sobre asuntos tácticos, sobre asuntos de gestión, sobre cómo vinculamos nuestra militancia en los frentes sociales –léase sindicatos, por ejemplo– con nuestra militancia en el gobierno, nuestra militancia en los municipios, en las juntas departamentales y en los gobiernos municipales, en el Parlamento y en el gobierno nacional. Acostumbrados siempre a ser oposición a lo largo de muchísimos y muchísimos años, el cambio nos desacomoda a todos, y muchos seguimos, como en aquella película de Chaplin, dándole vueltas a la llave inglesa para el mismo lado porque venimos automatizados. Y empezamos a despertar y a comprender que ahora somos gobierno, y no sólo eso, sino que tenemos detrás las esperanzas de una enormísima cantidad de gente, que piensa incluso distinto de nosotros o que piensa de otra manera, que no está abarcada por las entidades organizativas.
EC – Como ejemplo de los problemas que ustedes ven en el MPP, leo esta frase: “No logramos superar la cultura de la confrontación que se desarrolló durante tantos años y se llega a creer que lo único que cambió es que el gobierno ahora debe apoyar a los trabajadores y al pueblo en esa confrontación. No se termina de comprender que el papel del gobierno es, esencialmente, otro. El de llevar adelante el programa de gobierno, preparar las condiciones para realizar el programa de largo plazo de la fuerza política; si ello lo puede hacer con el menor grado de confrontación, mejor, y si puede ayudar a consolidar la base social de apoyo, mucho mejor”.
¿Qué hay detrás de este ejemplo concreto?
EFH – La frase que usted acaba de leer es bien clara, ¿no? Es efectivamente así. Póngale usted por caso esta ocupación en el Norte de un campo del Instituto de Colonización y mírela a la luz de estos años y de este panorama político y póngase en el pellejo de militantes del MPP que hayan o no participado en esa ocupación. Por un lado está la tendencia a: “Está bien, hay que apoyar, vamo’arriba con esto”. Y por otro: “Pero el Instituto Nacional de Colonización lo manejamos nosotros ahora, nos están ocupando nuestros propios campos, que son del Estado”. En fin, y ahí se forma un embrollo en la cabeza, propio –repito– de un cambio histórico de tremenda magnitud que obviamente tiene que embrollar la cabeza. Entonces hay que sentarse un poco a reflexionar porque me parece que le pasa a un vasto conjunto de la izquierda, no sólo al MPP, y como venimos de intensas campañas electorales, luego del intenso trabajo de constituir el gobierno y empezar a gobernar, estamos en la inmediatez todos los días y a veces es bueno frotar un cerebro contra otro, encontrando un espacio para la reflexión, para pararse bien en la cancha o por lo menos pensar dónde estamos parados.
EC – Las posiciones que ha venido sosteniendo la dirección del MPP no sólo se ven “jaqueadas” desde adentro del sector, sino además desde los sectores más ultra del propio FA y, curiosamente, también por el Partido Comunista (PCU), al que ustedes visualizan en el documento asumiendo sorpresivamente posiciones radicales. Llama mucho la atención que ustedes se detengan concretamente y explícitamente en el PCU; ¿por qué?
EFH – Eso está utilizado como un ejemplo.
EC – ¿A ver?
EFH – En el documento se ejemplifica con la actitud que tuvo gran parte de la dirección del PCU de ir a las barras del Senado cuando se estaba discutiendo una ley a hacer una movilización contra el FA, y bastante violenta, por lo menos en el plano verbal, contra toda la bancada del FA y contra las decisiones del FA, ese ejemplo que quería poner, y más o menos se estaban rompiendo 50 años de historia del PCU.
EC – 50 años, ¿de qué historia del PCU?
EFH – El PCU produce, allá por la década del 50, una verdadera y formidable revolución interna, cuando en una lucha muy dura contra el secretario general, don Eugenio Gómez, Rodney Arismendi, encabezando una fortísima tendencia interna en el PCU, termina siendo el secretario general del partido en los históricos congresos del 56 y el 58. Pero no sólo fue una lucha entre personas, sino que Arismendi y los compañeros del partido que en ese entonces lo acompañaban eran portadores de una manera de pensar y de una estrategia, entre otras una estrategia frentista, que era una novedad tremenda para la interna y para el pensamiento dogmático y estalinista de Eugenio Gómez. Eso se comenzó a aplicar, no sin dolor, no sin contradicciones, desde el nuevo PCU o del PCU así renovado, y ese partido con el que yo tanto discrepé pero debo reconocer que va a realizar aportes importantísimos y fundamentales en la constitución de la unidad obrera, de la unidad estudiantil y de la unidad política de la izquierda que culminará con la creación del FA. Para poder hacer eso obviamente se debe respetar las resoluciones del FA, tener una actitud no de ataque interno de esa envergadura, y todo eso se hizo, con pequeñas salvedades o excepciones. De pronto, producto de que somos gobierno, se produce ese hecho tan significativo en el Senado que va mucho más allá de una puteada, mucho más allá de eso.
EC – ¿Dónde va?
EFH – Yo puedo tener discusiones fuertes con camaradas del PCU y las he tenido, probablemente las tendré, y no pasa nada, es normal, es de la polémica, pero si no se detiene ese estilo estamos volviendo a antes de la década del 50.
EC – Usted marca que hay un riesgo para el FA como tal, para el partido que hoy es el gobierno, eso le preocupa a la dirección del MPP, pero también hay un riesgo más micro, el de que desde esos sectores, en particular desde el PCU, se esté minando hoy el respaldo del MPP, se esté captando a aquellos militantes o aquellos simpatizantes disconformes con el rumbo “moderado” que puede estar mostrando Mujica, que puede estar mostrando usted, que puede estar mostrando Bonomi, en comparación con lo que se creía que podía ser la gestión de gobierno. ¿Hay un tema que a ustedes les preocupa en ese plano de la interna, de la competencia interna?
EFH – Sí, pero esa preocupación no va a dar lugar a un documento de estrategia, es muy menor, es una preocupación cuasi electoral, de poca significancia para la historia y para el destino del país. Si nosotros vamos a ir a un congreso ahora, lo único que le pedimos a este documento es que sea fermental y que por lo tanto dé origen a debates sobre cosas importantes. No vamos a escribir un documento de estrategia, someternos todos a un gran debate porque a lo mejor estamos perdiendo algunos votos. No.
EC – A mucha gente puede sonarle sorprendente que ese discurso mesurado, pragmático, ese freno a posiciones maximalistas, sea encarnado por un grupo como el MPP, que incluye al MLN, que en su momento llevó adelante la lucha armada en Uruguay. ¿No hay una contradicción ahí?
EFH – No sé, es pintoresco el asunto, pero…
EC – ¿Pintoresco? ¿Por qué?
EFH – Seguro, es más bien algo pintoresco, no contradictorio. Yo reconozco reformistas de fusil al hombro, incluso conozco contrarrevolucionarios de fusil al hombro; el hecho de ser guerrillero no significa ser más revolucionario que otros, porque lo que importa es el programa no el calibre del arma que se utiliza, y el programa puede ser muy reformista. Cuando leía algunos documentos de los guerrilleros salvadoreños cuando salí de la cárcel, estaban a la derecha de la Vertiente Artiguista, mi compañero Couriel era mucho más revolucionario que esta gente que andaba oliendo a pólvora.
EC – Ustedes aclaran en el documento, después de criticar actitudes que asumen grupos o sectores del Frente que se presentan como radicales, que ustedes no dejan de considerarse radicales. ¿Qué significa ese término, entonces?
EFH – Ir a las causas, como se encarga de decir también mi compañero Reinaldo Gargano, que siempre se autocalifica como radical porque el Partido Socialista lo es porque pretende ir a la causa de los problemas. La palabra no tiene otro sentido en el idioma castellano. Nosotros creemos que estamos produciendo y ayudando a producir en este momento cambios revolucionarnos en Uruguay.
EC – Tampoco abdican del socialismo como objetivo final de la lucha política, pero en el documento enfatizan que en el corto y el mediano plazo el objetivo es más modesto: construir un nuevo proyecto de desarrollo nacional que sea sustentable: “Un modelo de país, integrado a la región y al mundo a partir del desarrollo del país productivo, con una nueva forma de distribución y el objetivo de crear trabajo nacional”. Estaba leyendo textualmente. ¿Puede explicar un poco mejor esa idea?
EFH – Sí. A nivel de la estrategia, en el resumen final de ese documento, en la página 25, decimos que entendemos que hay tres fases que se interpenetran, se interinfluyen y que no son compartimentos estancos ni etapas. La primera es la de la emergencia nacional, que es la lucha contra el despilfarro, que tiene características estratégicas. Antes pensábamos que eso era táctico, que repartir comida desde el INDA, como hace el cura Monzón, era un tema táctico, que repartir el Plan de Emergencia, como hace Marina Arismendi, era asistencialismo, de poco alcance en el sentido de que pronto tendríamos que tratar de que eso no tuviera que hacerse más en Uruguay.
EC – Cambiaron de opinión.
EFH – No, no es que hayamos cambiado de opinión, es que vemos que en la región pasa lo mismo, Brasil hace lo mismo, Argentina hace lo mismo, y que en el mundo pasa lo mismo, porque hay un modelo hegemónico que es para una minoría de la humanidad, por definición para minoría: excluye, margina, aniquila incluso a vastos contingentes poblacionales del mundo, a países enteros en algunas regiones. Y esa gente se muere de hambre, se muere de enfermedades curables, etcétera, etcétera, todo lo que esa miseria trae, toda esa corte que la miseria trae a su alrededor. Entonces lo primero que hay que hacer en esos lugares, y se está haciendo, es llevar comida, ayuda, agua potable. Nunca lo pensamos nosotros, la vieja consigna universal de los trabajadores era la ley de ocho horas, aquella por la que murieron los mártires de Chicago; hoy pensamos que se debe levantar una consigna universal que reclame el derecho a vivir, el derecho a vivir de la gente.
EC – Esa es la primera fase de la estrategia.
EFH – Sí, y para eso hay que hacer una vasta alianza. Todas las personas, piensen como piensen, sean del partido que sean y si no tienen partido también, que estén de acuerdo con esto pueden ser aliadas nuestras en esta lucha nacional e internacional. Pero hay que comprender también que en Nueva Orleáns también hay marginados, los descubrimos el año pasado, que hay nortes en el Sur y sures en el Norte, que no hay que caer en el esquematismo de pensar que Ruanda sólo está en África, también está acá en algunos barrios montevideanos y también está en algunos barrios de Estados Unidos, por ejemplo.
La segunda fase es la de la liberación nacional.
EC – ¿Qué hay que entender por liberación nacional?
EFH – Antiguamente nosotros entendíamos…
EC – Fue bandera del movimiento tupamaro, el nombre del movimiento es “Movimiento de Liberación Nacional”. ¿Cómo se adapta ese concepto al Siglo XXI?
EFH – Sigue siendo lo mismo, porque, le vuelvo a repetir, el problema no es la pólvora, el problema es el problema. Antiguamente se entendía que liberación nacional era conquistar la soberanía; lo es, no cabe duda: Francia, ocupada por los alemanes, tiene que luchar por recuperar su soberanía, obviamente; la Banda Oriental luchando contra la monarquía española pelea –creo que hasta hoy– por ganar soberanía, hasta ahora se está discutiendo si eso lo conquistamos el 25 de agosto o en alguna otra fecha. Pero hoy resulta que vemos países con soberanía que se mueren de hambre, también uno se puede morir de hambre soberanamente, entonces el problema ya no es más solamente tener soberanía; ¿alguien discute que nosotros somos un país soberano? Pero nos cortan los puentes. El problema es ganar el derecho a la diversidad.
EC – ¿Qué quiere decir?
EFH – Quiere decir tener el derecho a ser distinto, por lo tanto el derecho a ser país. Para todos, para todos los pueblos del mundo, que tengan derecho, si quieren, a su diversidad, a su diversidad étnica, idiomática, cultural y a que los dejen vivir tranquilos en su diversidad. Problema que, además, abarca también a los individuos, la lucha del ser humano hoy por la diversidad abarca también la lucha de géneros, de personas, etcétera.
EC – Y la tercera fase de la estrategia es directamente el socialismo.
EFH – Claro.
EC – ¿Concebido cómo?
EFH – Pensamos, porque en esa parte del documento se introduce la discusión entre gobierno y poder, vieja discusión; cuando se toma el gobierno no se toma el poder y el gobierno no permite hacer nada. De ahí se desprende que muchos compañeros no le tengan ningún respeto al gobierno ni les importe un comino que al gobierno le vaya bien o le vaya mal, porque ideológicamente se sostenía y sostienen todavía algunos que el gobierno no sirve para nada porque el poder está en otro lado. Y el poder estribaba –yo me acuerdo porque yo lo creía a pie juntillas– en que un día lo tomábamos –éramos milenaristas–, a partir de ese día desfilábamos por 18 de Julio, de ser posible con una paloma en un hombro y un fusil en el otro, la Unión Soviética nos ayudaba desinteresadamente y pasábamos a ser felices.
EC – Y ustedes dicen en el documento que el poder no se toma de un día para el otro.
EFH – No, es muchísimo más complicado, eso ha quedado demostrado a nivel planetario; ni siquiera lo define la cuestión militar, grandísimos ejércitos, con ojivas nucleares y todo, fueron derrotados con un soplido, porque lo que necesita el socialismo es consenso.
EC – “El poder se construye”, subrayan ustedes.
EFH – Ahí está, pero se construye todo el poder, el poder para la liberación nacional, el poder nacional también hay que construirlo y eso requiere enormes consensos populares, no lo deciden cuatro gatos locos, por más brillantes que sean, entre cuatro paredes; tiene que ser apoyado por multitudes que lo crean y lo quieran efectivamente, tiene que llegar al hogar. Para que una idea sea potente, querida e histórica tiene que entrar al hogar.
EC – Es imposible abarcar en estos minutos de esta entrevista el contenido de estas 25, 26 páginas del documento que ustedes redactaron y que se titula “Consideraciones generales sobre estrategia y táctica”. Lo que me interesa saber al final de este diálogo es qué es lo que ustedes conciben como trámite para esta discusión que están proponiendo, porque como ustedes mismos dicen no la lanzan sólo al MPP –que ahora tendrá su congreso dentro de unos meses–. ¿Cómo la van a llevar al conjunto del FA? ¿Van a hacerlo efectivamente?
EFH – Eso ya no es una cuestión nuestra. Esto es un borrador base de discusión para un congreso que lo tendrá que aprobar y capaz que no lo aprueba, vamos a esperar el congreso. El congreso oficializará ese documento o no; lo puede podar también y le puede hacer agregados. Entonces la influencia que esto pueda tener sobre otras fuerzas de izquierda, sobre nuestros demás compañeros, los que no están en el MPP, en primer lugar ya está siendo, a través de lo que está haciendo usted ya se está difundiendo esto y por lo tanto puede estar influyendo o no, para bien o para mal.
EC – Se lo pregunto porque ustedes en el documento hablan de cuál es el papel de la fuerza política mientras esa fuerza ocupa el gobierno. Hay consideraciones que tienen que ver con qué es lo que el FA como tal debe hacer, de qué debe ocuparse el partido. Ustedes dicen: “El papel de la fuerza política no es discutir el día a día del gobierno”. ¿Cuál es el papel?
EFH – Claro, es conectar la utopía y el futuro con la actualidad. Si el MPP lo aprueba en el congreso, lo trasladará al Espacio 609 que lo trasladará al FA, porque el congreso decide que el MPP y el Espacio 609 trasladen esta posición al FA y a las discusiones del FA. Son esos instrumentos a partir del congreso los que concretamente tienen que llevar estas posiciones a la Mesa Política, a los plenarios, a las departamentales, a los comités de base, a los futuros congresos del FA. Sería esa la instrumentación concreta en caso de que el congreso apruebe el documento.
EC – ¿Cuándo es el congreso?
EFH – Queremos hacerlo lo más rápido posible porque este es un año muy intenso en materia de leyes y otras cosas y va a haber relativamente poco tiempo para poder dedicarse también al congreso. El Comité Ejecutivo del MPP tiene que fijar la fecha del congreso, como el documento se está comenzando a discutir en todos los organismos del MPP habrá que tener el tiempo necesario para que esa discusión se procese y luego encontrar un fin de semana largo o alguna cosa por el estilo para reunirse en talleres y luego en plenarios para tomar decisiones.