27.03.2007

“Los uruguayos le dimos la espalda al mar”. Esa frase, acuñada por diversos estrategas y operadores individuales y colectivos desde hace mucho, y a la que como es notorio nos hemos afiliado, expresa un error pero también una generosa promesa que debemos aprovechar cuanto antes.

A ella debemos agregar que los uruguayos también le dimos la espalda a nuestro subsuelo (tanto continental como marítimo). Subsuelo que entre otras riquezas, también atesora aguas de excelente calidad. Somos felices copropietarios de la segunda reserva mundial de agua potable de buena calidad: el Acuífero Guaraní (junto con Brasil, Paraguay y Argentina).

Invito a los lectores a incursionar, túneles mediante (va dicho sin alusión alguna) en ese mundo; veamos lo que hay debajo de la tierra. Entrada la década de los sesenta del siglo pasado averiguamos un día con asombro que en Uruguay no existía la carrera universitaria de geología y que el único geólogo disponible se había recibido en Francia

Hay algo muy importante: de acuerdo a la Ley, el subsuelo es del Estado y éste, a lo sumo, puede conceder con plazo su explotación a un privado. Entrando por ese túnel nos vamos a ocupar, con cierta urgencia, de nuestros grandes y envidiables yacimientos de piedra caliza.

De ellos dicen las lenguas informadas que a los niveles de explotación actual, dan para mil años. ¡Mil años! Y que se desparraman por todo el territorio nacional con acento en Paysandú y Treinta y Tres.

No hay absolutamente nada en materia de construcción tanto de casas y edificios como de infraestructuras, que no requiera de esa “piedra”. Es un “Acuífero Guaraní” mineral. Y por ende lo sobrevuelan enormes aves de rapiña. No tenemos derecho a no saberlo.

Resulta que Uruguay, a través de ANCAP, tiene hoy entre manos una propuesta estratégica de Venezuela (que necesita portland) por la que el BANDES nos financia (con créditos blandos) la construcción de una grande y moderna planta en Paysandú (que será nuestra), y nos compra por un contrato a veinte años la mitad de la producción de clinker (piedra caliza ya procesada), enviándonos como parte del precio, el carbón o el coque necesario para nuestros hornos cementeros, financiando además las obras portuarias necesarias en Fray Bentos y Paysandú para la carga y descarga de tales graneles, y la construcción en los astilleros uruguayos de las barcazas fluviales necesarias.

Por lo tanto, el Estado seguirá siendo el dueño de todo con el agregado de que debemos encargarnos de asesorar a los venezolanos para la construcción y operación en Venezuela de una planta capaz de transformar el clinker uruguayo en portland.

Una línea naviera permanente entre Uruguay y Venezuela será instalada para este asunto lo que permitirá por fin encarar el traslado de otras riquezas en especial las provenientes del agro en el marco del otro Convenio ya firmado con Venezuela.

Este es para Uruguay y Venezuela un negocio a muchas puntas. O, mejor dicho: redondo.

Desde hace años la infraestructura de ANCAP referida al portland venía pidiendo a gritos en vano las inversiones necesarias para su actualización. Nuestra riqueza en calizas está subexplotada y muy apetecida. Con este proyecto se agranda y racionaliza dicha explotación y se preservan nuestros yacimientos.

Se mejora sustancialmente el aprovechamiento para la el transporte de nuestros recursos fluviales y los puertos de Paysandú y Fray Bentos. Lo mismo sucede con nuestros recursos materiales y humanos en la construcción y reparación naval como en la marina de cabotaje y de ultramar. Todo ello y mucho más deberá encaminarse para viabilizar esta estrategia tangible.

Sólo resta pedir que se ponga en marcha cuanto antes y una especial atención del pueblo: se trata de sus más altos intereses.

 

 

 

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