07.06.2007

Al finalizar la columna del jueves pasado, referida al concepto de “hegemonía”, dijimos: “Por lo tanto y para el socialismo, según nosotros lo vemos, no hay ni habrá otro camino que conquistar esos baluartes del verdadero poder: la conciencia y el corazón de vastas mayorías y no habrá atajos posibles.

Eso nos vincula y lleva entonces a una tajante y radical afirmación de la democracia como el único camino que conduce al socialismo y al socialismo como el único camino que conduce a la democracia.

Si entendemos, valga la aclaración, las dos cosas en un concepto pleno”.

Trataremos de profundizar en estas propuestas:

Creemos que debe haber muy pocas personas en el Uruguay de hoy (si es que hay alguna) que tengan una visión negativa sobre los resultados obtenidos por el país y por su democracia a partir de la incorporación (hace quince años) en el Directorio del BPS de los representantes de afiliados, trabajadores y empresarios.

Se trataba, además, de un mandato constitucional de 1966, desoído sin embargo hasta 1992 y fue, gracias a una muy dura movilización de los jubilados, que el pueblo uruguayo, reunido y votando en masa, pudo imponer por fin un derecho vigente desacatado. Eso ya es bastante. Pero vale la pena además detenerse en un balance de las consecuencias y los resultados obtenidos:

La presencia de esos delegados; la presencia de la democracia en ese Directorio, ha sido no sólo una conquista justa, sino un formidable paso adelante en materia de buena gestión. ¿Que eso puede mejorarse? ¡Seguro! Pero es incomparablemente superior a lo que regía en tiempos anteriores.

¿Se afectó algún derecho básico? ¿Se vino el mundo abajo?

Es en base a esa y otras experiencias similares de acá y del mundo que se abre un ancho campo de reflexión y acción para iluminar tanto la democracia que queremos, cuanto el socialismo al que ella debe conducir.

Sería muy bueno, por ejemplo, incluir en la reforma del Banco Central la participación en su Directorio de delegados empresariales y de los trabajadores en una proporción importante. Son los principales interesados directos y muy posibles (casi seguras) víctimas inmediatas directas del mal uso de ese monopolio.

¡Esa sí que sería una buena reforma de dicho Banco!

Lo mismo debería producirse en la Dirección de las grandes empresas Públicas (incluidos los otros bancos): en ellas deberían estar representados los usuarios elegidos desde el nivel local para desde ahí hacia “arriba” y por elección indirecta llevar representantes al Directorio Supremo. Ni la Universidad, ni la Escuela y demás Institutos de Enseñanza, podrían quedar fuera de estas reflexiones y propuestas democráticas y socialistas. Tampoco ciertos Ministerios como el de Salud Pública por ejemplo, caracterizados, por lo menos hasta ahora, por los vitales servicios que deben garantizar y brindar.

Para todo eso, resulta obvia la necesidad de descentralizar y generar soberanías locales. Todo otro camino, en especial el centralizador, inviabiliza estos “sueños”. Los castra. Se opone a ellos.

Pero la democracia, aún bajo el capitalismo (por lo menos uno que merezca cabalmente tal nombre) no puede ni debe quedar trancada en los portones de las grandes fábricas, bancos, comercios y empresas de servicios (salud y transporte en especial) privadas, o en las tranqueras de los grandes establecimientos rurales.

La Ley debe ser pareja para todos y como todos además deben tener derecho a la propiedad privada, hay decisiones que no pueden ser tomadas en los Directorios de esas grandes empresas sin la autorización de los demás capitalistas, ya sean éstos (y para ese caso), simplemente vecinos o empresas vinculadas a las ramas afectadas por ciertas decisiones que pueda tomar una gran empresa.

En unos casos deberán ser los trabajadores, en otros los vecinos, en otros los sectores que puedan ser afectados por, repetimos, ciertas decisiones (que la Ley establecerá) de ciertas empresas de cierto tamaño.

Esto por otra parte y desde hace tiempo es ley vigente en muchos países capitalistas del mundo.

Y, por si alguna duda quedara, hoy mismo asistimos a grandes debates nacionales, incluso entre empresarios, respecto al uso de suelos y aguas por otros empresarios… Ello seguirá creciendo como problema.

Desde 1948, la ley que creó el Instituto de Colonización (votada por unanimidad) estableció que no se puede vender ni comprar un predio rural de mil hectáreas o más, sin antes darle aviso y prioridad a dicho instituto.

Desgraciadamente, hemos presenciado demasiados casos en los que fundida una empresa, a la hora de su remate, han sido los trabajadores quienes con los créditos laborales adeudados lograron apropiarse (a cambio de ellos) del medio de producción parado. Y luego han tenido que ponerlo en marcha y para eso ­ lo hemos visto ­ salir a buscar “patrón”, socio capitalista, inversor, comercializador, etcétera, lo que no criticamos porque lo hemos apoyado cada vez que fue posible y necesario.

¿Por qué se debe esperar la llegada de esos casos? ¿No es mejor prevenir que curar? En los grandes conglomerados empresariales privados, los socialistas del país, la región y el mundo deberíamos proponer la participación de los trabajadores organizados en el reparto de dividendos con la condición (para los trabajadores) de reinvertirlos y (para los capitalistas) de capitalizar la citada participación en la empresa, e integrar el Directorio de acuerdo con el crecimiento de las acciones en poder de los trabajadores…

Pero al mismo tiempo, y mirando el problema por el otro lado, la Ley debería permitir, auspiciar y fomentar asociaciones empresariales libres de trabajadores y de vecinos, destinando para ello ahorros públicos mediante créditos de fomento; pero esa misma Ley debería autorizarlas a buscar, además: empresario, socios, inversores, etcétera, arreglando con ellos las respectivas remuneraciones y repartos.

Porque nadie debe dudarlo: la figura del empresario es imprescindible y no se improvisa.

La mejor definición al respecto pertenece a Don Ramón Diaz, con quien tanto discrepamos pero que en ella ha dicho verdad irrefutable por ahora: “lo que CARACTERIZA a un empresario no es el capital de que dispone ni tampoco los conocimientos que maneja. El empresario queda necesaria y suficientemente caracterizado por poseer la capacidad de asumir riesgos”.

Agregar “en forma inteligente”, parece superfluo por obvio.

Por ahora, y hasta más ver, en el socialismo serán imprescindibles las innovaciones, las iniciativas individuales, los empresarios y el liderazgo en absolutamente todos los aspectos de la vida.

Y como cada cual será retribuido según su trabajo (cuantitativo y cualitativo) es muy probable que en el socialismo los de profesión “empresario”, sin explotar a nadie, ganen más que ahora: serán “explotados” por la sociedad que, en base a resultados de ser posible, les pagará tal vez mejor que ahora. Podría ser discutible…

Pero no cabe duda de dos cosas: la primera, que esos futuros empresarios ganarán mucho más que los capitalistas y la segunda, que hoy se despilfarran cantidades enormes de empresarios potenciales (obreros, trabajadores, vecinos…) y de innovaciones e iniciativas individuales de grandísimo valor social que recién podrán ser disfrutadas por la comunidad cuando la sociedad las apoye.

Publicado en “La República”, escrito por Eleuterio Fernández Huidobro.