21.06.2007

El Real de Madrid salió campeón el domingo y en ese mismo partido despidió sin más a Beckham y a Roberto Carlos… Nada menos.

Sin olvidar que la cabeza del director técnico está en la picota.

En realidad, la Comisión Directiva de cualquier cuadrito de barrio, incluso acá, y hasta de “baby fútbol”, le “da salida” urgente al más mínimo DT ante el fracaso. Está en “la tapa del libro”.

Y el tipo se va sin chistar, silbando bajito, como la cosa más natural del mundo. Antes de que lo echen.

Hoy, en pleno invierno, nos quedamos sin gas y también sin gasoil y fuel oil para los barcos en un país que es un puerto y poco más, y sin gasoil para las centrales térmicas también desastrosas por sí mismas, ni para las industrias que lo necesitan…

Al Uruguay, como dicen por sus calles, “no le dio la nafta”, tal como lo hemos venido diciendo hasta el cansancio de los lectores, inútilmente.

Aunque en realidad, y la verdad sea dicha: lo dejaron sin ella.

Pero aun así, increíblemente, nada de lo que se puede mover se mueve. Como si tal cosa.

Muchísimo es de temer que ahora se realice una imponente investigación para tratar de averiguar lo averiguado y, como puede ser que ella sea “externa” (sin desmedro de la “interna”) nos saldrá a todos otro “ojo de la cara” perfilándose en el ominoso horizonte las chairas de un suculento negocio y la boca hecha agua de varias “consultoras internacionales” en las que sin embargo curran indígenas.

Uruguay tiene pocos habitantes y una sola Facultad de Ingeniería de muy pocos estudiantes…

Pero en los casos de muchísimos estudiantes pasa lo mismo: perder y ganar juicios desde ambos lados del mostrador estatal. Es fama y negocio redondo carísimo: para el pueblo.

Es de prever que el Parlamento pregunte y entonces la Patria destinará no sólo neuronas, sino tiempo y sueldos de varios legisladores y funcionarios del Palacio para averiguar también lo que todo el mundo sabe.

Muchísima tinta, megahertzios y bits, con más el tiempo, materia gris y sueldos de la prensa serán invertidos en la misma inútil “empresa” de conventillo pintoresco y estéril.

Y lo más probable es que pasado un tiempo acá, aparte de los nuevos gastos, no pase absolutamente nada.

La figura de Nicolini se agiganta pero como es de otro planeta, orbita por la luna.

En Uruguay sufrimos miríadas de poderosos directores técnicos que conduciendo por entre fracaso y fracaso desde un desastre al otro sin solución de continuidad a lo largo de muchos años, sin embargo flota. Podríamos decir que en este país marítimo y portuario es lo único que flota.

Al contrario del “e pur si muove”, de ella debería decirse (traducido): “y sin embargo queda”.

Pertenece a la familia del corcho y el bulón. Son casta boyante y abulonada. Un evento transgénico que pudo obtener nueva raza pura por cruza entre boya y tornillo.

Los gobiernos pasan: ellos quedan. Los Directorios pasan: ellos quedan. Incluso el pueblo se va porque ellos se quedan.

Se trata de una subversión del orden. Los directores técnicos echan a la Comisión Directiva y las Comisiones Directivas de todo pelo, acostumbradas al apaleo, abdican mansamente llegando a ya no darse cuenta de lo que está pasando. Porque lo anormal se ha ido transformado en normal, las Comisiones Directivas se dejan violar y piden disculpas por dar la espalda.

Ahora vienen dos inminentes peligros: se le pedirá la cabeza a la Comisión Directiva y la Comisión Directiva incluso guillotinada, no echará a nadie.

Por inadvertencia y falta de información, se comete además el error colectivo de creer que los burócratas son caros por el sueldo que ganan.

Pero con todo lo que ganan por adentro, ello es nada comparado con lo que ganan por afuera más lo que hacen perder por adentro y por afuera.

Para calcular ese costo debemos incluir, además de lo anterior, su simbiosis con empresas autodenominadas privadas y la gestación por ese medio de un falso empresariado que sin arriesgar nada, sabe siempre el número que va a salir. De ahí una civilización en la que más vale aprender jodas que álgebra.

Por lo tanto, y para no entrar en mayores problemas, sería un formidable negocio para el país, mejora inestimable de su productividad y drástico corte a los gastos del Estado, pagarles el sueldo para que no molesten…

Aumentarlo con la condición de que se queden en la casa y, de ser posible, emigren.

Es más: si llegamos a tener problemas con algún país, nuestra mayor agresión sería mandarlos con los gastos pagos.

Y si no se quieren ir para la casa ni emigrar, sería económico construirles oficinas para que se dediquen con esmero a no hacer nada con buenos sueldos, presentismo, viáticos, horas extras, productividad, gimnasio, sanatorio privado y demás prestaciones que requieran con tal de dejar el país en paz.

Por poner cualquier ejemplo: desde los desastres en Argentina que no pudieron de ningún modo haberse perpetrado sin el apoyo ineludible de su permanente Alta Gerencia, Uruguay perdió en Ancap más de doscientos millones de dólares; agreguemos la calamitosa política de apostar al gas argentino, construir en base a millonadas de dólares los tres gasoductos desolados, privatizar y destruir la Compañía del Gas, permitir que las empresas estatales extranjeras (Unión Fenosa y Gaz de France) incumplieran garrafalmente sus contratos sin costo alguno, se declararan en quiebra o se fueran dejándonos colosales clavos; destruir la flota petrolera y sin entrar en detalles como la administración de sus Sociedades Anónimas y la insólitas pérdidas (más “imposibles” que las de un Casino) de la renovada distribuidora de gas, hasta lo de hoy, todo sigue como si no hubiera pasado nada.

Envuelto en la bandera de Brasil, Roberto Carlos se fue. Besando el centro de la cancha, Beckham se fue. El domingo pasaron al lado de la Copa suya por entre medio de la gloria.

Acá, en medio de una gran derrota y otro desastre, nadie fue. Nadie se fue.

Publicado en “La República”, escrito por Eleuterio Fernández Huidobro.