23.10.2007

El mundo viene afligido por cuatro grandes crisis: la de la energía, la demográfica, la de los alimentos y la del agua potable de buena calidad disponible.

Las cuatro se interpenetran e influyen en un infernal círculo vicioso. Y las cuatro tienen, como telón de fondo, la crisis del medio ambiente o, si mejor se quiere, la de los límites insoslayables del planeta. La de la finitud de sus bienes.

En ese inquietante marco, novedoso en el sentido temporal, las ideas tradicionales en torno a las materias primas han quedado viejas.

Sin ir más lejos y por ejemplo, el petróleo, una materia prima de carácter extractivo, casi “recolector”, muestra una enorme y decisiva influencia en la economía y hasta en la civilización. Amén de precios fabulosos y en ascenso.

Lo normal sería decir: ¡Feliz país el que tiene petróleo!”

Sin embargo sabemos que, por eso mismo, casi todas las grandes tragedias, vienen tras el “oro negro”.

Lo mismo está pasando y va a pasar con el agua potable de buena calidad y fácil disposición: no hace mucho era extraño imaginar que ese bien, como el aire puro, podría llegar a ser “materia prima”. A tener no sólo valor sino también precio y mercado. Hoy estamos ya casi acostumbrados a esa novedad. Y de nuevo: tampoco se trata de cualquier materia prima, pudiendo ser causa de enormes conflictos y hasta de guerras. También entonces: “¡Feliz el país que tiene agua potable en abundancia!”

Ocioso recalcar que, en este caso, estamos otra vez ante un recurso del sector primario y de carácter extractivo. Que cuando existe casi no requiere valor agregado alguno para su uso.

Sin embargo, y ante la escasez, un vaso de agua en lugares que no la tienen puede ser y efectivamente es, un producto industrial de enorme sofisticación.

Sin olvidar que la sustitución del petróleo, o la producción “artificial” de sus derivados, también constituyen dechados de la ciencia, la tecnología y la industria; incluso agropecuaria.

Lo mismo viene pasando con los alimentos (en especial los básicos).

Hay por lo tanto por lo menos dos aspectos del concepto “materia prima” que se han incorporado para cambiar el viejo contenido.

Uno: ante la escasez y la demanda crecida han dejado de ser productos “de segunda”. Aún en su estado más “tosco”.

Las viejas relaciones de intercambio en las que muchas teorías basaron su edificio han cambiado o están cambiando dramáticamente.

Dos: tanto en su producción como en su sustitución debido a los altos precios están desatando formidables desarrollos científicos, técnicos e industriales.

Pensemos en los problemas de la extracción de petróleos pesados y en los de su refinación. O en su extracción de lugares antaño increíbles: los abismos del mar y del subsuelo marítimo. Es muy forzado sostener que un barril de esos petróleos es una materia prima extractiva.

Ya citamos el agua potable de origen industrial. Y la sustitución de las “viejas” y contaminantes fuentes de energía.

Pero debemos agregar los alimentos: desde la recolección o la siembra y la cosecha prácticamente a mano y con energía animal, tanto de cereales como de oleaginosos, a la sofisticadísima realidad actual impulsada por la demanda vital, incluyendo la síntesis química y la biogenética, seguir sosteniendo que un grano de arroz, trigo, maíz o soja es una materia prima del sector primario parece burdo.

Y si a ello sumamos que además son la fuente principal del alimento de animales para la producción de proteínas; y además en qué consiste hoy concretamente una vaca, un chancho, un pollo o un pescado de criadero; cuánta ciencia, tecnología y aparato industrial vienen incorporadas en cada bicho, salvo países y lugares muy remotos, cuesta mucho esfuerzo intelectual seguir afirmando que esos productos pertenecen al sector primario.

Incluso en las pesquerías de captura, antiquísima actividad recolectora del hombre primitivo, cada día más escasa por la sobre explotación, las grandes flotas, y las chicas, utilizan en el empeño la más sofisticada tecnología disponible e incluso la diseñada para ese fin: hasta cazar o recolectar han dejado de ser ya actividades primarias.

De ser cierta esta observación general, Uruguay tendrá un futuro envidiable. Si lo cuida y cultiva.

 

 

 

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