04.12.2007

El diputado Wáshington Abdala (legendario “Chirolita”), refiriéndose a los hechos de pública notoriedad, afirmó en su Cámara que la Izquierda, jugando al balero, se estaba pegando con este adminículo en la frente.

No sólo tiene toda la razón del mundo sino que ha hecho un refinadísimo análisis digno de la mejor politología criolla. Es un filántropo: merece un homenaje de la Izquierda. Un público reconocimiento. Deberíamos contratarlo.

Superó a Bottinelli, al Sordo González, a César Aguiar No es cuestión de andar criticándolo siempre: no es asunto de principios ni está protocolizado. Habría que hacer una colecta y regalarle, para estas Fiestas, un bidoncito de yogurt frutado que, a estar por su aspecto, debe ser lo único que bebe (incluso ante grandes desengaños). Las lenguas que siempre hablan mal aseguran que se emborrachó con ello la noche del 31 de octubre del 2004 cantando (muy mal) el consabido tango de la fea, fané y descangayada.

En realidad es un tópico: a la izquierda mundial siempre la derrotaron con baleros. Y no sólo eso: hasta se lo avisaron como cuando Franco, a las puertas de Madrid, anunció públicamente que además de sus cuatro Columnas militares conocidas y observables, tenía otra, la Quinta Columna, adentro. Y la tenía nomás.

Para los aficionados al espionaje, deberíamos decir que cualquier Servicio de Inteligencia, hasta el más ordinario, lo mejor y más barato que hace para destruir Izquierdas, por ejemplo la nuestra, es repartirle (gratis) varios vagones de baleros.

Y organizar campeonatos: desde novicios absolutos, amateurs, hasta los de primera división profesional e internacional. En ese último sentido, como en el fútbol, tenemos para exportar. Al poco tiempo, andaremos (todos) descerebrados.

Debe ser por eso que rompieron el escáner… ¡Ahí está!: lo rompió la derecha para que no nos diéramos cuenta de la infinidad de baleros que trae en buques supercontenedores de grueso calado para hacernos pomada (somos muchísimos).

Pero si bien lo del balero es generalmente reconocido y aceptado, este aviso puntual, esta advertencia humanitaria y meteorológica de Abdala, como la de Franco, debe ser bien agradecida. Sería recomendable por lo tanto que la compañerada frenteamplista nos pusiéramos (urgentemente), rodilleras en la frente.

Hay unas muy buenas de Nike que vienen con pequeños orificios para los ojos (no se necesita ver mucho), provistos, además, de lentes negros con limpiaparabrisas (por las chispas y la masa encefálica).

Con ellas le podemos dar al balero como quien lava y no tuerce. Sin problemas: en Traumatología existe rubro y no existe paro.

No hubo ni hay gran ataque a la izquierda política y social que no haya provenido ni provenga de la izquierda política y social Ni uno.

Y a este peligroso vendaval de balerazos se ha plegado con fruición cierta prensa “de izquierda” munida de gigantescos baleros de escala industrial: rotativas y ondas electromagnéticas. La derecha boyante, haciendo la plancha, va en coche. Ella, que siempre nos acusó de “cretinos útiles”, nunca soñó con que algún día lo seríamos, pero esta vez de verdad, a su favor.

Como todos sabemos desde la infancia, el balero se pone, para empezar, a la altura del ombligo. Ese es el principal problema de este deporte: basta con tener poca vista. Se puede ser miope y practicarlo.

Pero que Wáshington Abdala, asustado, nos tenga que avisar de la carnicería, ya es el colmo.

 

 

 

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