20.12.2007

No se pueden hacer planes políticos como se hacen los de una casa. En estos casos y ahora además con ayuda de las computadoras se puede prever hasta el más mínimo detalle. Aun así, siempre surgen imprevistos.

Sin olvidar eso, adaptándose a la materia del caso, se puede y se debe hacer planes políticos.

Al gobierno le va bien y, según parecen indicar ciertos datos sustanciales, le irá mejor en los próximos dos años.

Pero puede haber sucesos no previsibles que cambien (para mal) esos datos.

Algunos de ellos pueden ser totalmente “ajenos”, por lo que de producirse, sólo cabrá adaptarse a sus consecuencias para atenuarlas. Me refiero, por ejemplo, a cuestiones internacionales “lejanas”.

O, también por ejemplo, a la difícil situación regional que podría crearse si pasa algo grave en Bolivia, donde, como todos sabemos, se está viviendo una crisis con aristas preocupantes.

Hace exactamente dos años (diciembre de 2005) titulábamos esta página: “Bolivia descuartizada”.

Lamentablemente lo dicho entonces se viene produciendo: cuatro grandes regiones de ese país (Pando, Beni, Santa Cruz y Tarija) muestran fuertes signos de secesión.

Bolivia en tal caso quedaría”balcanizada” en cinco nuevos “países” (uno de ellos, Bolivia, sería la parte más pequeña del conjunto.

Obviamente, ante tales evoluciones, suenan otra vez aciagos tambores bélicos.

Chile, Perú, Argentina, Brasil y Paraguay no están ni estarán indiferentes… Como no lo estuvieron jamás al respecto.

Ya hubo en esos alrededores (como en los nuestros) trágicas guerras y despedazamientos territoriales. La Historia sobre ello, además de vergonzosa en muchísimos capítulos, es durísima.

Acá nada sobrevuela: todo subyace. Minerales de alto valor mundial, gas, petróleo… La “Caca del Diablo”, como dijera un gran intelectual.

Recientemente nos enteramos con sorpresa de que cuando Bolivia y Chile renovaron ciertas interminables negociaciones por “la salida al mar”, Chile no le pidió gas a cambio como todos esperábamos: pidió agua dulce de un cierto lago sito en el Altiplano.

Agua para el sediento desierto tan disputado y pletórico de minerales cuyo valor se va yendo a las nubes.

Agreguemos entonces en esa problemática, a lo subyacente, lo yacente: simplemente agua.

Agua dulce, de ser posible potable, y de buena calidad, cuya escasez creciente en el mundo ha provocado, provoca y va a provocar conflictos. Por si faltaba alguno.

A nadie se le puede escapar la convulsión que un lío de esos puede traer a la región. Ni tampoco que las grandes potencias, en especial Estados Unidos, permanecerán quietas.

La Hidrovía nace allá y desemboca acá.

Quiera Dios, el Destino, o los hombres, que ese tan sufrido pueblo vecino resuelva en paz los problemas propios y ajenos que lo atormentan.

Pero, volviendo al tema luego de estas “aclaraciones”, si a Uruguay le va bien al gobierno le irá bien y por ende el Frente Amplio puede esperar un buen apoyo electoral del pueblo en la primavera de 2009.

Acá conviene entrar en otro “imprevisto” posible pero también sustancial que cambie ese pronóstico: los errores propios del Frente Amplio.

Esta vez ya no se trata de hechos ajenos de malas consecuencias forzosas para nosotros. Se trata de lo inconcebible: que seamos capaces de cultivar esmeradamente (y cometer) gruesos errores contra nosotros mismos… Porque no basta con pequeños: para perjudicar un pronóstico de estos, con elementos tan favorables en la hipótesis, debemos construir una (o varias) metida de pata monumental. Digna de un gran premio internacional (el “Bobo de Oro”, por ejemplo). Una de las “Siete Maravillas Contemporáneas”. Colosal.

Y mirando el reciente Congreso del Frente Amplio sospecho que tenemos esa increíble capacidad.

Porque “meter la mano en la lata” lo puede arreglar la comisaría más cercana (por no hablar de un juez) pero meterle la pata a la lata y al Frente Amplio no tiene arreglo “externo” si además hay colectivas ganas enormes (como una adicción al tabaco) de meterlas. Atención: me incluyo en la alegre, nutrida y larga caravana de patagones.

Haciendo sonar enormes matracas y bombos gigantescos, panderetas y castañuelas, pitos y cornetas, trombones de vara y gaitas, con gorritos de hinchada futbolera, baldes y palanganas (como del Quijote) hasta la nariz , vamos en longeva e interminable fila india con enormes latas viejas de querosene o de la exquisita yerba Sara (aquellas de cinco kilos) a guisa de zapatos, rumbo al pretil del cañón del Colorado o la quebrada de los Cuervos (tanto da).

Entre tanta maravilla puede verse un flaco de túnica y turbante en alfombra mágica, encantando serpientes con quena: lo único que logra levantar un poco es la canasta: las víboras se niegan a volar.

Y formamos un glorioso batallón distinguido que flameando banderas rojas camina con bidones de doscientos litros ante el aplauso extasiado (y envidioso) del resto: somos sus dirigentes. Los más grandes y ejemplares patagones.

En breves paradas para el descanso organizamos cánticos alusivos, seminarios, Congresos, y hasta picaditos en los que a latazo limpio, y porque es dificilísimo intentar moñas con latas (va sin alusión socialista) ni jugar al toque, le pegamos a la pelota bien para arriba, a ver quien llega más alto, y perpetramos sangrientos “faus” metálicos fraternales al mejor estilo del viejo fútbol uruguayo y su garra charrúa (en este caso patagona).

De cabeza, con baldes de gorro, y lentes negros en el balde, no embocamos ni una.

Todo esto trae cierta grifa ancestral y uruguaya en el orillo. Le tenemos el copyright. Es auténticamente nuestro pero no conviene llegar al paroxismo ni siquiera para traer turistas japoneses.

 

Publicado en “La República”, escrito por Eleuterio Fernández Huidobro.