26.02.2008

En materia de estrategia para el Uruguay del futuro sobre temas vinculados a la energía, el primer estudio que debe hacerse debe responder a esta pregunta: ¿Cuánta energía queremos?

Porque las cifras que suelen manejarse están siempre referidas a cubrir necesidades de acuerdo al crecimiento estimado de la demanda presente y futura en base a la experiencia del pasado, pero sin preguntarse antes si con esa demanda alcanza para el NUEVO Uruguay posible.

Por ejemplo: cuando se discute una posible central nuclear se alega (en su contra) que sobrepasa las necesidades previsibles dado nuestro crecimiento también previsible y nuestro tamaño. O se propone esperar a que haya centrales más pequeñas. Ambos argumentos conllevan una visión de Uruguay que no ha sido discutida y se da por aceptada.
Pero en un mundo donde todos reconocemos que la energía es y será escasa y cara, parece obvio que si a un país le sobra , tanto mejor será para él. Sobrante difícil de obtener por un país grande o medio. Pero posible para uno pequeño. A veces el tamaño es una ventaja.

Interconectados eléctricamente como estamos y vamos a estar; en la puerta de la Hidrovía y en la de los océanos; con un sistema portuario envidiable; y con dos grandes vecinos que demandan y demandarán mucha energía, parece abierta para Uruguay la ventana de una oportunidad estratégica para ser exportador de energía si lo pudiera. Con lo que aquellos cálculos no están bien .

O dicho de otra manera: ningún argumento contra energía sobrante parece bueno. O si se quiere: para concebir la solución firme de nuestras propias necesidades puede pensarse en plantas generadoras que las superen ya que tenemos posibilidades de exportarla debido a nuestra interconexión y a la demanda vecina .
Hay interesados internacionales en producir energía acá (cerca de nuestros puertos) para exportar hacia allá. Y se trata de gente que busca invertir para ganar dinero

Por otra parte, la base que venimos cuestionando adolece de otro defecto: dada la ya citada situación mundial presente y previsible, un país con energía disponible es y será muy atractivo para industrias que la requieren en alto grado (las hay de variadísimo tipo y de suma importancia cuyo principal o muy alto insumo es la energía). En esto no cabe discutir lo del huevo y la gallina: vendrán a Uruguay si la tenemos y no lo harán si andamos con lo justo . Entre las inversiones en infraestructura, pocas como ésta atraen capitales nacionales e internacionales.

Por lo tanto pensamos que Uruguay debe producir toda la energía que pueda y deba, sin temor a quedarse largo porque además, dado nuestro tamaño, nunca será tanta como para sufrir crisis por plétora . Cuando decimos deba nos referimos, obviamente, al cuidado de nuestro medioambiente y a otros asuntos similares
Repito que el vecindario regional, la Hidrovía, y los puertos señalan con harta evidencia esa ventana de oportunidad. Si Brasil hace otra central grande apenas abastece con ella sus necesidades vegetativas crecientes pero si Uruguay la hace, tendrá sobrantes

Lo mismo puede suceder con la energía eólica o la de fuentes similares.
El ejemplo más tangible de esto es que la planta regasificadora acordada con Argentina depende se reconoce – del consumo argentino ¡Claro está!