18.03.2008

Porque no puedo tampoco debo entrar en áreas de la filosofía para tratar el apasionante tema de la libertad.

Pero constreñido al muy concreto espacio de la política contemporánea del país, puedo y debo.

En la lucha contra todo tipo de dominación y muy especialmente contra la de la plaga burocrática que nos aqueja y aherroja, la libertad individual y colectiva se liga con la autonomía o la independencia, y con la descentralización.

En Uruguay hasta el mismo Gobierno (cualquier Gobierno), manda hasta donde la incrustación burocrática lo deja.
Que además manda en lugares donde el Gobierno no llega e incluso hasta en donde el Gobierno y la gente no imaginan.

Las pruebas de lo dicho las sufre cualquier habitante a extremos tales que han producido acostumbramiento y resignación. Adquiere ribetes de cultura y hasta de civilización .

Las dificultades que -por ejemplo- se cultivan para impedir obras y realizaciones, incluso cuando está el dinero, la decisión y los demás elementos materiales necesarios, son diabólicas. Hemos podido ver (hasta en Power Point ) cronogramas de acción estratégica para el país en los que consumen más tiempo los trámites que la obra. Muchísimo más.

Los buenos directores y gerentes incluyen esos tiempos del disparate como la cosa más natural del mundo ya que muy poco, o nada, pueden hacer en contra. Desarrollan al respecto algo así como una ciencia . Hay hasta ingenieros sui generis del papeleo. Una especialidad vital para sortear el calvario de trampas y murallas de papel prolíficamente sellado para poder al fin salir de la caverna al aire libre de la mano de obra.

Tengo a estudio para el Senado un expediente referido a un trámite sencillo: demoró siete meses, cuarenta y una páginas, sesenta sellos (hay una página que tiene tres líneas de contenido pero cinco sellos y otra que es nada más que un colosal sello). Para esta esforzada proeza burocrática el asunto pasó dentro del mismo Ministerio por veintisiete oficinas; algunas de ellas en contumaz reiteración real (fue y vino, en alucinante efecto de vaivén, como puerta giratoria o noria de burro amenazando quedar eternamente así, (legendaria e inalcanzada – hasta hoy – aspiración de la mecánica: la Máquina del Movimiento Continuo).

Bien: la libertad, la autonomía, la independencia, se han alegado casi siempre como herramientas, objetivos y hasta utopías contra este tipo de plagas; contra toda dominación, extorsión, explotación y encadenamiento.

Nosotros creemos que no sólo debe ser una reivindicación: debe también ser un DEBER ineludible.

Porque la plaga burocrática incuba y encueva en la centralización y el autoritarismo: no tengo facultades para resolver ; este asunto debe resolverlo el escalón superior O, ya llegando a la exquisitez: lo debe resolver una Comisión ; o el colectivo . Pero como esas entidades adolecen de lo mismo, generalmente concluyen mandar el asunto para arriba . Son elegantes y perfumados detergentes de la responsabilidad. Meras coartadas.

Si usted en esta semana quiere cazar un burócrata (o por lo menos encontrarlo), busque a quienes tanto en la actividad privada como en la pública diga esto lo resuelve el Jefe . Porque la plaga sabe y quiere que los problemas (sus problemas) los resuelvan los demás. No se equivoca nunca. Nadie se da cuenta. Elude la responsabilidad. Se salva siempre: resaca boyante que contra viento, marea y tempestades, boya.

Pero como esto lo han predicado e inculcado por decenios transformándolo en ideología, cultura y hasta civilización, nosotros hacemos generalmente lo mismo.

Nos han mutilado neuronas y hasta el corazón; encorsetado el alma; sustituido alas por prótesis de plomo con anclas; y nos han enseñado un gran miedo a la libertad. Muchísimo miedo; terror y pánico.

A cambio nos ofrecen el tibio y mullido sofá de la irresponsabilidad. Un tramposo lecho de Procusto que destila envidia y resentimiento contra colores, veleros, soles, pájaros ¿La culpa?: poner en los ojos un invicto (y amargo) sabor de conciencia. Esa eterna ternura resurrecta e insobornable.

 

 

 

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