20.11.2008

Entrevista de Emiliano Cotelo para el programa En Perspectiva.

El senador oficialista Eleuterio Fernández Huidobro afirmó a En Perspectiva que “ha nacido una nueva delincuencia” y que “no hay más remedio” que los ciudadanos estén armados. “La primera misión del Ministerio del Interior es reprimir” y “no cuenta con apoyo político ni social”, aseguró. Además, dijo que “la Policía no puede hacer más de lo que está haciendo” y sostuvo que se debe modificar la ley de tenencia de armas: “Tendría que decirse que nadie puede comprar un arma sin acreditar haber recibido un curso”.

EMILIANO COTELO:
“Ya basta”, ese es el título de la columna que hoy publica en el matutino La República el senador Eleuterio Fernández Huidobro.

Se trata del artículo que semanalmente, los jueves, escribe el senador de la Corriente de Acción y Pensamiento, Libertad (CAP-L), una nota que en este caso no pasa desapercibida por el tema que trata, por lo que propone y también por la forma en cómo lo expresa Fernández Huidobro.

Ya habíamos mencionado algo de esto en el comienzo del programa, pero les leo ahora por ejemplo los primeros párrafos:

“La culpa la tuvo Nacional, Danubio, el campo de juego no apto, la Policía, los barrabravas, los dirigentes del fútbol, la ministra, Unión Atlética, Atenas, las canchas de futsal en Canelones. Y así sucesivamente con tal de eludir el toro que no queremos agarrar por las guampas. La culpa la tuvieron los rapiñeros, los almaceneros, Cambadu, las ancianas arrebatadas, la pasta base, las cárceles, los presos, la cumbia villera, la marginación, la extrema pobreza, el MIDES (Ministerio de Desarrollo Social), la Colonia Berro, los funcionarios del INAU, el padre Mateo, la violencia por televisión, la sociedad de consumo, el fracaso de la enseñanza, los divorcios, las madres adolescentes… Y así sucesivamente. La dictadura, los blancos, los colorados, las patronales, los sindicatos, el Frente Amplio, las guerrillas de antaño. La política económica de Astori y el lenguaje de Mujica… Y así sucesivamente. Las profundas causas sociales pero también el deterioro de las costumbres, los travestis, Tinelli… Ahora, también la culpa la tienen las armas de fuego en poder de la gente. No importa si es una sensación o si es inseguridad directa lisa y llana: es un gravísimo problema. En medio de tal panorama, la querida ministra del Interior le pide a la población que se desarme. Obviamente, los delincuentes no lo harán; las cobardes patotas tampoco; los cobardes sueltos tampoco”, dice Fernández Huidobro.

***

EC – Senador Fernández Huidobro, buen día.

¿Por qué encara este tema en este momento y con un enfoque como este?

ELEUTERIO FERNÁNDEZ HUIDOBRO:
Tal vez inspirado por los sucesos del domingo en Jardines del Hipódromo y también por la acumulación en el Senado de denuncias de vecinos, vecinas, sobre este tipo de problemas que son multitudinarias, sin que nosotros podamos hacer grandes cosas.

EC – Usted dice que en el Senado están recibiendo planteos mano a mano, hechos por ciudadanos y ciudadanas a propósito de la inseguridad y la violencia, ¿de eso habla?

EFH – Claro, sí, porque todo despacho es un lugar que atrae las denuncias de la gente, no estoy hablando del Senado como institución; supongo que en los demás despachos pasa lo mismo, pero a mis dos secretarios en dos semanas los atacaron por ejemplo, en la calle…

EC – …O sea que no sólo sus secretarios reciben testimonios, sino que además ellos mismos han experimentado situaciones de violencia.

EFH – A uno casi me lo matan la otra noche porque quiso defender a una muchacha a la que le estaban pateando cuatro o cinco tipos en el suelo. Se la agarraron con él y los salvó un taximetrista que se bajó del taxi con un arma y un reflector y los amenazó: “Dejen a ese hombre o los quemo” y salieron rajando en el taxi. Un viejo guerrillero que pasó por todas estuvo a punto de quedarla en manos de una impune cobarde patota.

EC – Justamente, usted apunta con su columna al tema de si la población puede o no armarse para defenderse, debe o no armarse para defenderse. Usted, en definitiva, escribe este artículo para discrepar con la ministra.

EFH – Sí, por vía excepcional, porque yo creo que mientras esta situación no sea resuelta no hay más remedio. Además, la población está armada como muestran las encuestas. Quien más quien menos tiene un arma para defenderse en su casa o en su auto cuando va de paseo. Eso es una realidad que rompe los ojos. La gente, además, ya no denuncia más las cosas que sufre, y bueno, no hay más problemas porque la gente es buenísima.

EC – Usted dice que la propuesta de la ministra de que la población se desarme sería buena si viniera acompañada de una excelente Policía del tipo escandinavo o por lo menos holandés, muy buenos sueldos -de nivel bancario-, inmejorable armamento, vehículos, comunicaciones, ropa, tecnología y además una Policía mucho más numerosa, algo que no se da en el Uruguay.

EFH – No sólo no se da, sino que no estaríamos en condiciones de pagarla, la sociedad, porque para eso habría que aumentar impuestos y la Policía que tenemos, a la cual respeto enormemente, no puede hacer más de lo que está haciendo. Nosotros queremos la chancha y los cuatro reales. Tenemos Policía mal paga, poco numerosa, mal equipada, que trabaja horas interminables, que vive en condiciones como todos conocemos, y después le pedimos que sea Scotland Yard.

EC – Por otro lado, en su columna usted se detiene en lo que analiza como dudas, como posiciones ambiguas de la izquierda a la hora de encarar un problema como el de la represión. ¿Qué es lo que usted observa en esos antecedentes?

EFH – En la izquierda y en general de la sociedad uruguaya en su conjunto. Ayer, usted hizo un reportaje, que fue una joya, a Gustavo Poyet, que yo recomiendo que la gente estudie profundamente, y dijo más o menos lo mismo. Acá, si no nos miramos al espejo y cambiamos de actitud, después es en vano protestar por las cosas que pasan…

EC – …Usted se refiere a la entrevista con el jugador uruguayo Gustavo Poyet, que se ha desempeñado durante varios años en Inglaterra y explicaba cómo hicieron en ese país europeo para desterrar el problema de la violencia de los hooligans.

EFH – Sí, explicaba el agujero del mate, es decir, explicaba la sencillez de lo que hay que hacer para resolver este problema y dijo que en un país tan chiquito como este todos sabemos quienes son y más los dirigentes del fútbol; 500 serán, 600, ¿y? ¿qué pasa? Nos hacemos todos los chanchos rengos y le echamos la culpa a la ministra, al campo de juego, a Danubio, a Nacional. Y en otro partido, anteriormente, las cámaras de televisión y fotógrafos mostraron gente armada en una tribuna peleando contra otra gente ensangrentada… Nos vamos acostumbrando.

EC – Pero cómo llega, a partir de ese razonamiento, a lo que es el punto medular de su artículo de hoy cuando señala: “Parecería muy recomendable desobedecer a la querida compañera ministra: no hay más remedio por ahora que armarse”. ¿Por qué esa es la conclusión?

EFH – Porque creo que estamos equivocándonos en un análisis social, en eso coincido con algunas observaciones que hiciera el sociólogo Gustavo Leal: “Estamos ante una realidad social nueva, no sólo nuestra, y ante una delincuencia nueva”, no es la vieja delincuencia, ni maneja los códigos que manejaban los viejos delincuentes. Acá todavía existen de esos viejos delincuentes que no pueden vivir tranquilos ni en las cárceles, pero ha nacido, desde hace un tiempo, una nueva delincuencia. El tráfico de drogas, por ejemplo, dota de grandes sumas de dinero, gran poder, antes desconocido, a bandas de delincuentes. Tráfico de pésimas drogas como la pasta base lo mismo, y así sucesivamente. Entonces, hay un nuevo fenómeno social que algunos sociólogos ya lo están denunciando, investigando, frente al que no caben recetas viejas, y hay que defenderse frente a ese fenómeno porque está tomando el poder, ocupando los espacios públicos.

Decía el sociólogo Gustavo Leal que es inconcebible que un niño no pueda ir solo a la escuela, caminando, como antes, que tenga que ir siempre bajo custodia, porque nos han ocupado las calles, atacan a los niños, les roban los championes, las camperas, ¿qué es esto? No se puede vivir en estas condiciones, calidad de vida es poder estar tranquilo.

EC – Claro, pero acá hay dos alternativas entonces: enfrentar desde el Estado con el derecho que tiene a aplicar la ley y a reprimir con una política dura que erradique ese tipo de sujetos y ese tipo de comportamientos…

EFH – …A mí me parece que la primera misión del Ministerio del Interior es reprimir, todo lo demás son cuentos, y eso hay que asumirlo, si no disolvemos la Policía. Sí puede prevenir, puede disuadir -la parte social corresponde a otras entidades del Estado-, pero lo esencial es que debe reprimir. Y no cuenta con apoyo político ni social, lo dijo el que comandaba el operativo en Jardines del Hipódromo: “Si hubiéramos reprimido, era peor”, ¿por qué era peor? Porque iba a ser atacada la Policía incluso por los que no estaban metidos en el lío. Entonces, queremos la chancha y los cuatro reales.

Es un problema de la sociedad que yo lo publico por eso, porque quiero convocar a una reflexión profunda sobre estos temas. A mí no me gusta que la gente se arme, creo que eso no debe ser así, pero hay casos, situaciones excepcionales, donde el Estado es sobrepasado o cuando tiene que resignarse ante un fenómeno nuevo que lo supera, qué va a hacer la sociedad, porque al final la ciudadanía es libre de tomar sus decisiones y de proteger su integridad física…

EC – …Es un camino peligroso también el de armarse…

EFH – …Es peligrosísimo…

EC – …Para empezar no todo el mundo sabe manejar las armas que puede comprar.

EFH – Hay que modificar la ley de tenencia de armas, que es viejísima. Acá está prohibido vender algunos calibres y está permitido vender otros que por el avance de la ciencia es un contrasentido, porque el que está prohibido no hace nada y el que está permitido es más peligroso porque avanzaron las armas. Y segundo en esa ley tendría que decirse que nadie puede comprar un arma sin acreditar haber recibido un curso, como nadie puede manejar un coche sin tener libreta.

EC – Ese es uno de los riesgos pero hay muchos más, por ejemplo está el problema de los accidentes que pueden darse en una casa en la que hay revólveres…

EFH – …Justamente eso depende de esa enseñanza, de saber el manejo…

EC – …Y también el riesgo de la justicia por mano propia ¿verdad?

EFH – Sí, sí, está, como no. A mí no me gusta, creo que es una cosa negativa, que tendría que llegar el momento en que, al contrario, todos estuviéramos desarmados, porque habría orden público y tranquilidad.

Yo he visto, desgraciadamente, en otros países de América Central, Brasil mismo, a las damas donde papá tiene un arma, mamá tiene un arma y la nena tiene un arma; vienen de una fiesta y las damas abren la cartera y sacan tremenda pistola como la cosa más natural del mundo, ya se acostumbraron, ya ni lo discuten…

EC – …La pregunta es si queremos llegar a eso ¿no?

EFH – Exacto, yo no quiero que Uruguay llegue a eso. Ahora, llega a eso si no se ataja a tiempo el avance, porque esto se reproduce; si total, no pasa nada…

EC – Hay mensajes de los oyentes que dicen: “Claro, como Fernández Huidobro no va a proponer eso si él empuñó las armas, si él las tomó para intentar un cambio político en el país por la vía violenta”…

EFH – …Está bien, yo sabía que iban a decir eso, es lógico, está bien, pero no es el problema, el problema es el que estoy diciendo. A mí no me gusta para nada el tema de andar armado –que no ando armado-, tener armas en casa y estar atento, y que si siento un ruido, ir a ver qué pasa… no es agradable, pero todo el mundo lo hace; vamos a ponernos la mano en el corazón: todo el mundo lo hace.

EC – Usted, además de escribir esta columna, ¿piensa dar algún otro paso? ¿Va a discutir esto con el gobierno, con la ministra? ¿Qué ideas tiene?

EC – No, pienso que hay un paso previo que es el de esta reflexión, que es el de poner el tema sobre un análisis tranquilo y reflexivo de todos: de los partidos políticos, de la sociedad, de las entidades sociales.

Yo culmino la nota que usted está comentando diciendo que ni en las cárceles los presos pueden vivir tranquilos porque están copadas las cárceles. Estaba, incluso, copada la Dirección Nacional de Cárceles, que está toda presa por esta delincuencia; entonces…


…

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