28.12.2008

Desde hace un tiempo estamos atrapados en las mandíbulas de un atroz dilema: el modelo social, político y económico imperante en el mundo es para una minoría de los habitantes de la Tierra.

Lo es ineludiblemente. Por definición.
Para que tod@s l@s habitantes del planeta pudieran vivir según el “modelo” propuesto, sería necesario agredir de tal modo a la biosfera que la Vida en su conjunto total desaparecería.

Lo que es más: incluso manteniendo (como hoy) en situación de extrema pobreza a millones de personas, la agresión ya consumada ha provocado y seguirá provocando daños de imposible cura. Entonces una de dos: o tomamos conciencia universal y activa del problema y decidimos actuar para resolverlo, o aceptamos las cosas tal cual son y emprendemos la lucha despiadada y sin cuartel para sumarnos por todos los medios posibles a la selecta minoría que podrá seguir viviendo.

Para esta segunda alternativa, será imprescindible aniquilar por la vía que sea a la mayoría de la humanidad hoy existente. Esta es una cruda evidencia. Una verdad amarga y a la vez simple.

Y ya hay, se lo puede ver, quienes conciente o inconcientemente han decidido optar por su salvación a tanto costo. En esa dura puja que se despliega ante nuestros ojos, los diversos pueblos del mundo que por lo menos todavía pueden, se agrupan en Estados Nacionales o en conglomerados de Estados (de diversa intensidad o índole) para mejor derrotar a los demás.

No lo hacen en clases sociales sino en alianzas de clases de nivel nacional, regional o continental.
Aquella derrota implica hoy sumirse en la extrema indigencia colectiva y, a la postre, en la aniquilación por el hambre, la sed, las enfermedades, las guerras fomentadas de pobres contra pobres o en las lisas y llanas hecatombes premeditadas.

Nosotros creemos en la posibilidad, viabilidad y sustentabilidad de la vida para todos siempre y cuando se sustituya el actual “modelo” por otro basado en la razón solidaria y cooperativa.

En la antigua discusión de la izquierda debatíamos acerca de cuál era la contradicción fundamental del sistema a nivel global: unos postulaban la que enfrentaba a la burguesía con el proletariado,
otros a la existente entre los Imperios y las Naciones y otros la que enfrentaba el socialismo al capitalismo. De ello se desprendían tácticas y estrategias muy distintas.

Desde 1989 nosotros venimos proponiendo que a todas ellas se agregó y antepuso la contradicción entre la Vida y la Muerte a nivel global y que de no resolverse a favor de la Vida, las demás no tendrán sentido ni futuro alguno. Lo hicimos por ejemplo en el libro “Los Dos Mundos” (editorial TAE de aquella fecha)y más recientemente en las Resoluciones del VII Congreso del M.P.P. (2006) que a la vez hiciera suyas la Corriente de Acción y Pensamiento en el momento de su fundación (2007).

De ella como de cualquier otra se desprenden estrategia y tácticas y, obviamente quienes no estén de acuerdo con ese análisis, defenderán otras no tratándose entonces de una discrepancia ideológica sino estratégica o si se quiere teórica.

Salvo que a nuestro juicio por error de origen autoritario y con consecuencias demostradamente muy malas se transforme en ideología o en principios básicos, cosas como la forma organizativa, la estrategia y la táctica.

PROGRAMA Y ESTRATEGIA
En el VII Congreso del MPP (2006) dijimos y aprobamos que la Izquierda, al triunfar electoralmente, se había quedado sin estrategia. Ese Documento también fue hecho suyo, luego, por la CAP-L.
Hoy lo debemos reiterar y, especialmente, “dar cuenta” de ello.
La base de tal afirmación radicaba y radica en un hecho “nuevo” y a nuestro juicio insoslayable: los recursos materiales del Planeta son FINITOS y, a la vez, la capacidad de contaminación digerible por la biosfera también lo es. Algo que en la década de los cincuenta ni en la de los sesenta (desde allí proviene la actual estrategia victoriosa de la Izquierda) pudo percibirse como lo percibimos hoy.
Radicaba y radica también en otra constatación ineludible: por primera vez en la Historia, el sistema capitalista imponía e impone un “modelo” de por sí “sacrificial” (en el lato sentido religioso de la palabra). “Sacrificial” por definición: sin la aniquilación (por el medio que sea) de una parte de la Humanidad dicho “modelo” es inviable. En realidad: la presupone.
Por primera vez, repetimos, el capitalismo imperante NO TIENE SIQUIERA EL INTERÉS DE EXPLOTAR a grandísima cantidad de gente que, por lo tanto, sobra. Eso lo estamos viendo hasta romper los ojos en varios lugares del Planeta pero también a pocas cuadras de casa. Basta tanto en Montevideo como en Buenos Aires pero también en Nueva York con subir a un ómnibus para pasar en su recorrido por Alemania, luego por Grecia, después por Uruguay o por Argentina y, poco después, por el África subsahariana… Y hasta por el paleolítico.
Otras matanzas acaecidas en el pasado fueron, con perdón por la palabra, “subsidiarias” de otros objetivos: nunca objetivo final en sí.
Este designio agrava cuando somos 6.700 millones de habitantes creciendo a tal velocidad que, dentro de poco, seremos 9.000 millones.
Hambrunas, enfermedades viejas que vuelven y nuevas que aparecen, drogas para jóvenes pobres a los efectos de “erradicar” la pobreza de raíz (pasta base, paranfetaminas, etcétera), esclavitud, piratería, tráfico de niños, personas y órganos, migraciones en masa, guerras intestinas e internacionales, carrera armamentista, peligro de guerra nuclear incluso en estos días, son algunas de las secuelas de lo antedicho.
La contradicción principal planteada con grosería ante nuestros ojos hoy, es la lucha a brazo partido entre la Vida (decir para todos seria tautología) y la Muerte. No sólo de los seres humanos sino de todos los seres vivos.
Cada quien tendrá la perspectiva ideal que quiera. Nosotros tenemos la del socialismo que hemos tratado de explicitar ya que, fenómeno extraño y también de estos tiempos, dicha palabra, de tan manoseada y tergiversada, hoy requiere una muy concreta explicitación bajo pena de coincidir, por ejemplo, con Sanguinetti o con Stalin por citar dos casos “leves” (los hay peores).
Pero ese “ideal” ni cualquier otro, serán posibles si antes no se logra la victoria antedicha.
Y en esta empresa, como cuando lo del nazi-fascismo, cabe la más amplia política de alianzas por obra y gracia de la Emergencia y la Urgencia.
Por ejemplo (y solo a título de ejemplo sin agotar la lista), hoy no se puede hablar de absolutamente nada y menos de Revolución (tal como la quiera ver cualquiera) sin hablar de ir, casi desesperadamente, a lo LOCAL: la descentralización no es ya más una medida nacional ni municipal.
Es, por encima de todo, una medida tendente a salvar la VIDA para todos. Hay que “huir” mental y físicamente; cultural y civilizatoriamente, de las macro ciudades.
Sin hablar de las energías limpias, alternativas y sustentables y, bajo dicho capitulo, sin cambiar la matriz del transporte. Que incluye discutir los privilegios omnipotentes de los autos (en despilfarros, gastos, contaminación, ocupación de territorio, enfermedades y accidentes, etcétera).
Sin hablar de cambios radicales en la construcción de viviendas y de una política de tasas (no son impuestos) que cobre por la contaminación y el despilfarro.
Sin hablar del grandísimo problema de la moneda o del sistema monetario local, nacional y mundial (un “tabú” que nadie quiere ni tocar).
Sin hablar de la Banda Ancha como un nuevo Derecho Humano, emergente de la “revolución tecnológica”, a defender contra viento y marea… Algo inimaginable hace medio siglo.
Sin hablar de que ya es unánime e indiscutido en el mundo que este “modelo” ha traspasado los límites de la capacidad de regeneración que tiene el planeta agredido por un “productivismo” sin tasa ni medida.
Que esa “barrera” hace años ya fue traspasada y que hoy estamos gastando lo que no tenemos y en forma creciente. Para seguir así necesitaríamos añadir otro planeta.
Sin discutir reglas de medida como el PBI que no sirven para las necesidades humanas y contribuyen a la “locura” en la que estamos embarcados.
Sin discutir a fondo el concepto “desarrollo” transformado hoy, por las razones antedichas y otras, en un mito.
Sin discutir a fondo el concepto “crecimiento”. Crecer a las tasas que hoy se proponen como “buenas”, lleva inexorablemente al desastre.
Debemos incorporar a nuestros análisis y debates las políticas y economías de de crecimiento cero o, aún, de descrecimiento. Y es bueno señalar que en la izquierda también hemos tragado esa rueda de molino, y la seguimos tragando.
Sin hablar del consumismo como la forma de suicidarnos en masa y como parte importantísima de la ideología (ideas, modelos, propagandas, publicidades, conceptos, y mentiras) que nos conduce a la barbarie. La frase de Gandhi: “vivir simplemente para que los demás puedan simplemente vivir” adquiere hoy el carácter de consigna mundial.
Repetimos: estos ejemplos son apenas para ilustrar lo que venimos sosteniendo: ni agotan la lista ni son los principales (porque principales son todos dada la situación).
La explotación del hombre por el hombre ha llegado al colmo: hoy para poder sobrevivir EN el “modelo”, tanto ricos como pobres, explotados y explotadores, todos juntos, hay que matar a la OTRA gran parte de la Humanidad.
El “modelo” imperante es, por definición, para una minoría… Si chinos, hindúes, indonesios, brasileños y rioplatenses queremos tener el nivel de consumo que se nos propone por los medios universales de desinformación y propaganda, el Planeta colapsaría irremediablemente.
Se trata a la vez de una gigantesca mentira y una incitación a la matanza vestida muy elegantemente por las Agencias de Manipulación Mundiales. Una incitación al odio y a la violencia que le recomienda a toda la población del mundo tratar de degollar cuanto antes al vecino para llegar al “modelo”. Porque dos más dos son cuatro.
Aplicar desde ahora las medidas urgentes que se deben ir aplicando es políticamente incorrecto (todo lo verdaderamente Revolucionario siempre lo es) y recibirá, como siempre, los golpes, las burlas y la resistencia de las fuerzas conservadoras que también requieren una nueva definición.
Si la consigna “Uruguay Natural” se aplicara realmente, veríamos una Revolución y una Contrarrevolución jamás imaginadas.
Eleuterio Fernández Huidobro

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