09.07.2009

En pasados días (recientes) el diario El Observador tuvo a bien mofarse de la CAPL (7373) porque pintábamos en los muros la fórmula presidencial Mujica – Astori. Dijeron que estábamos vendiendo la piel del oso antes de cazarlo. ¿Qué dirán ahora?

Nobleza los obligaría a reconocer su garrafal error y a reconocer que los muy humildes periodistas de pared y brocha gorda saben de política mucho más que los asesores contratados por tan poderoso medio que en su lugar debería contratar como politólogos a los pegatineros. Y a no reírse porque la Universidad de las calles enseña, a veces, mucho más que las otras.

Pero la temeraria afirmación periodística desató en nosotros cierta reflexión que deseamos compartir.

“No vender la piel del oso antes de cazarlo” es un adagio totalmente erróneo pero generalmente muy bien recibido.

Como lo dice, coloca el asunto en la esfera comercial y es en ella dónde más equivoca.

Cualquier comerciante sabe que todo negocio empieza de adelante para atrás o, dicho de otra manera, no se puede ofrecer algo que no tenga clientes comprobados. Ese principio tiene incluso una denominación en inglés que lo hace aún más respetable.

Primero se estudia el mercado y luego se sale a conseguir lo que el mercado demanda.

Sería una crasa estupidez cazar un oso para ofrecer una piel que nadie quiere. O, en muy parecida estupidez, ponerse a averiguar después de fallecido el oso, si alguien tiene interés por su cuero.

Por el contrario, sería gran negocio salir a cazar osos cuyas pieles tienen demanda insatisfecha.

Y todos sabemos que bastaría con la noticia “se necesitan pieles de osos y las pagamos muy bien” para que los osos corrieran el riesgo de extinción dada la enorme cantidad de cazadores con buena tecnología al efecto que saldrían a masacrar osos.

Por lo tanto la frase es, desde “el pique”, totalmente desacertada.

Pero además, es profundamente conservadora por no decir reaccionaria.

Con el criterio que propone ninguna utopía sería posible. Ningún ideal. Ningún proyecto de absolutamente nada.

Es más: no incluye los casos (muy conocidos) en los que alguien detecta la existencia de una necesidad insatisfecha para idear, inventar y producir una mercadería no existente hasta la fecha que venga a cubrir dicha demanda hasta entonces también inexistente.

Al dueño de la empresa SONY le preguntaron una vez si para inventar el Walk Man había hecho un estudio de mercado. El japonés contestó que él era un inventor de demandas y que por lo tanto no precisaba estudiar algo inexistente hasta que él lanzara al mercado el primer aparato.

Este señor no sólo vendió la piel del oso antes de cazarlo sino que inventó al oso, a la piel del oso y hasta a la necesidad de comprarse una piel de oso.

Ahora bien: convengamos en que también se acostumbra vender obeliscos o tranvías. Y en que suele haber gente capaz de comprárselos. Todo Cuento del Tío no es más que vender la piel inexistente de algo totalmente imposible. Y sin embargo dicha venta tiene éxitos inverosímiles.

Por ejemplo: nos han vendido y muy bien envasada, la mentira del éxito electoral de los blancos en las elecciones primarias a nivel nacional.

Una parte es verdad: los blancos le ganaron al Partido Colorado y al Frente (por separado).

Pero lo que más importa en términos estratégicos no es el Partido Nacional sino el Partido Rosado. Y además, lo que más importa son los votos contantes y sonantes y no los porcentajes que se prestan a mucha mosqueta.

Ambos, colorados y blancos, han pregonado hasta el cansancio que su objetivo principal es desalojarnos del Gobierno (en ese sentido su único Programa es sencillísimo) y que para eso deben impedir nuestro triunfo en “primera vuelta” para obligar una “segunda vuelta” en la que juntos, blancos y colorados, podrán, según dicen, derrotarnos.

Eso lo han pregonado a los cuatro vientos y hasta incluso lo han escrito: tengo a la vista un volante de apoyo a la candidatura de Hierro López en el que se propone tal maniobra bajo la firma inconfundible de Don Julio María Sanguinetti nada menos.

No lo han ocultado sino que por el contrario han hecho de ello bandera para atraer votantes.

Pues bien: siguiéndoles en todo el citado razonamiento estratégico debemos decir que el Partido Rosado (la fórmula Lacalle Bordaberry) cosechó exactamente unos600.000 votos en las recientes elecciones internas. Mientras que en las internas del 2004 habían cosechado 600.000. La única diferencia fue la transferencia de votos desde los colorados a los blancos.

O sea: votaron exactamente igual que en el año de su derrota: el 2004.

No avanzaron un tranco de pollo. Sin embargo festejaron cierta pretendida victoria.

El Frente Amplio redujo su votación en las citadas internas desde 454.000 votos en el 2004 a los 417.000 en las actuales. Pero queda claro que dichos votos no se fueron hacia el Partido Rosado sino que se quedaron cómodamente apoltronados en su casa en tan inclemente domingo de junio: sencillamente no fueron a votar.

Porque además el “bajón” de votantes en estas “internas” no se produjo en el Interior donde la afluencia general fue parecida a la que anunciaron las encuestas sino exclusivamente en Montevideo donde apenas se alcanzó un 40% de votantes totales. La diferencia entre el Interior y Montevideo rompe los ojos y demuestra que en la capital la abstención abarcó a los dos partidos: el Rosado y el Frente Amplio pero todos sabemos que allí es donde mejor votan los frenteamplistas.

En suma: a veces también se vende una piel inexistente de un oso inexistente y, en eso, blancos y colorados han sido siempre insuperables maestros.

Eleuterio Fernández Huidobro.