16.07.2009

Según la cruda realidad y las frías estadísticas, de seguir como vamos, nos faltarán niños y jóvenes pero habremos muchos viejos. Y si encima de la baja natalidad sigue la emigración, podríamos despoblar Uruguay lo que se agrava por la expansión demográfica en los países vecinos.

Ello también acarrea problemas para el sistema de seguridad social: más “pasivos” que “aportantes”.

Mujica ha puesto énfasis en esta mutilación y hecho hincapié en sus causas.

Sin embargo, y por problemas ajenos, asistimos en estos días a una frenada en la emigración y al comienzo de un retorno… La prensa da cuenta del “fenómeno”.

La crisis mundial, golpeando duro en los países centrales, ahora levanta oleajes humanos en sentido contrario: de allá para acá.

No es para festejarlo porque la razón es una enorme desgracia colectiva. Pero el mundo globalizado es así y el atroz modelo imperante genera forzosos desplazamientos humanos.

En materia de infortunios, es bueno equivocarse y malo tener razón.

Pero lo más importante: si a Uruguay le va bien; si las buenaventuras que anuncian todos los Partidos resultan viables y certeras, parece obvio concluir que, como en el pasado, será receptor de migrantes. Muy en especial si a los vecinos les va mal.

Al fin de cuentas esa es nuestra Historia.

Somos fruto de una inmigración fundadora que fusionó con la población autóctona de ancha región y que trajo, además y a prepo, una formidable inmigración africana fundadora de la nacionalidad junto con los fugitivos que venían de la esclavitud imperial del Norte. Pasamos por graves momentos en los que la población descendió a niveles increíbles… Hasta nos fuimos en Exodo y en masa.

Otra vez, a mediados del siglo XIX, los colorados en pos de Rivera emigraron en largo convoy de pesadas carretas hacia el sur de Brasil perseguidos por Dionisio Coronel. Otras veces fueron invasoras columnas militares portuguesas y luego brasileñas las que remolcaron pobladores ricos (los menos pero más apoderados y quedados) y pobres siempre quedados.

Otra vez, el mismísimo Rivera desobedeciendo como siempre, invadió las Misiones para terminar una Guerra con la Convención Preliminar de Paz de 1828 que diera nacimiento al Uruguay en 1830: cuando le ordenaron regresar, trajo desde allí otro largo convoy de carretas llenas de enseres y guaraníes fundando con ellos la Bella Unión.

Durante la Guerra Grande la población del Montevideo colorado y sitiado era MAYORITARIAMENTE europea y porteña (unitarios). Y al campo del Cerrito, a lo largo y ancho de la penillanura, vinieron y quedaron multitud de argentinos federales (hasta incluso, y con ellos, Martin Fierro que anduvo exiliado, y preso, en la frontera con Brasil). Hubo pues despoblamientos masivos por sangre y por desgracia: simplemente nos mataban o en su defecto nos matábamos mutuamente. Pero vinieron también las grandes inmigraciones mansas: las mejores. Epopeyas de campesinos, artesanos y obreros provenientes de la dolida y hambreada Europa: suizos, piamonteses, valdenses, rusos, ucranianos, italianos, vascos, gallegos, canarios, castellanos, extremeños, asturianos, aragoneses… Y los de todos los demás pueblos de España; judíos de variados progroms pero en especial de Europa Central que fundaron sindicatos en idish, como ingleses que fundaron Peñarol en inglés y se quedaron…

La lista, los relatos y la descendencia es innumerable. En realidad la muchachada que recientemente se nos fue, volvió al lugar de dónde vinieron sus padres y abuelos.

El crecimiento de Uruguay nunca fue vegetativo. El decrecimiento por desgracia tampoco.

Ya pasamos, y muchas veces, por períodos como el actual.

De darse vuelta la taba y mostrar “suerte” donde se leyó por años otra cosa, Uruguay puede revertir, en menos tiempo de lo que se sospecha, y como siempre, la situación demográfica actual y la proyectada por estadísticas correctas y frías que no tienen ni deben tener en cuenta los avatares verdes y cálidos de la VIDA.

Eleuterio Fernández Huidobro.


 

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