21.07.2009

Durante la Segunda Guerra Mundial en las islas selváticas del Pacífico, el mundo tomó conocimiento, con asombro, de la extraordinaria tecnología japonesa para el camouflage consistente en usar ropas con manchas parecidas al pantano, embarrarse totalmente y atarse por todo el cuerpo especialmente en el casco, múltiples vegetales propios del lugar disfrazándose de arbustos y enredaderas.

Ese alarde bélico, de severas consecuencias para sus enemigos, pronto fue imitado, hasta hoy, por todos los ejércitos del mundo.

En resumen, el camouflage japonés buscaba pasar desapercibidos y tratar de demostrar con la mayor elocuencia visual posible que no eran japoneses; que eran árboles y ni tan siquiera eso (nada distinguible de la selva pantanosa): eran la selva y el pantano mismo.

Trataban de evidenciar que con el Japón, ni con su guerra, tenían nada que ver.

Imitaban a muchos animales que desde hace milenios vienen dotados de tal arte. muchos de ellos políticos

En Uruguay desde hace un tiempo existe un Partido (el Rosado) que usa el camouflage pero al revés: trata de no parecerse a nada. Intentan desesperadamente aparecer distintos a pesar de ser absolutamente lo mismo. Es una tarea ímproba que supera, por lejos, a los japoneses.

Es el pantano y la selva que, para mejor tragar a sus enemigos, se camoufla de japonés, de estadounidense, de inglés y, encima, de muchacha bonita que interviene para evitar que se sigan peleando atrayendo en pos de si, hacia las fauces del pantano, llenas de cocodrilos y arenas movedizas, como la flauta de Hamelin, a los incautos e inocentes que anden sueltos por esas cercanías. El Partido Rosado los traga irremediablemente.

Larrañaga, Lacalle, Bordaberry y De León tratan por todos los medios posibles de no aparecer como lo que son: el Partido Rosado de la derecha que ya votó y seguirá votando junto pero que para mejor poder llegar a esa eventualidad debe hacerle creer a los futuros votantes que ellos son diferentes entre sí.

Pregonan incansablemente que son distintos (y hasta a veces se pelean con libreto prefabricado por un ratito) porque sienten terror de que la gente los siga descubriendo como lo que son: hechiceros aciagos de lo mismo y popes de la filosofía mismista.

Mejor que Partido Rosado seria denominarlos Partido Derechista Único (PDU).

El 28 de junio resultó electa la fórmula Lacalle- Bordaberry y, en rigor de verdad aún no se sabe quien la encabeza.

Porque para poder llegar a un balotaje (su única esperanza de alguna leve chance) ahora los colorados pueden votar a los colorados (y algunos blancos también) con lo que Lacalle podría resultar tercero.

En tal caso la Clasificación General Mismista quedaría así:

Bordaberry, De León, Lacalle, Larrañaga.

Jugarían en línea de cuatro, con dos titulares y dos suplentes.
pero si todo sigue como está, la línea de cuatro quedaría así:

Lacalle, Larrañaga, Bordaberry, De León, colocando la calidad en las puntas y ,en el medio, por orden expresa de Lacalle, las cuatro motosierras a guisa de piernas de los recios (famosos precisamente por eso) zagueros centrales. Dos mediocres jugadores pero de Rugby, un turfista de ley y un solitario pero gran jugador de fútbol, desamparado ante tanta carencia de panorama y pelota al piso.

Ante esa estrategia electoral y gubernamental ya vieja, archiconocida y clarísima nosotros, ni aunque lo deseáramos podríamos eludir estas palabras ni la realidad que describen. Menos optar por una estrategia que no tenga bien claro que en frente tenemos como adversario a uno solo: el Partido Rosado. Creer otra cosa es caer en la trampa. Se trata de un trampero mas que de un tramposo: busca capturar pájaros distraídos. Es una maquina; un sistema de conquista y dominación. Hace ya mucho que en el Uruguay existe un bipartidismo tajante.

Estas consideraciones valen muy especialmente para quienes ya estando allí van viendo y podrán seguir viendo hasta romper los ojos al mismismo blanqui-colorado en acción.

Eleuterio Fernández Huidobro.