28.07.2009

Jorge Batlle era Presidente cuando en la Comisión de Industria del Senado se reunía con senadores de los tres Partidos la plana mayor de su gobierno para el rubro energía. No era una reunión especial sino casual. Nadie resolvió hacerla de ese modo sino que discutiendo una cosa y luego otra, de pronto se dieron cita en un mismo momento aquellos protagonistas. Entre otras cosas se debatía la introducción del gas natural para uso vehicular y, en general, todo lo referente al gas. Estaban los directores y gerentes de UTE (que iban a construir una usina de ciclo combinado a gas…), los de ANCAP, el Ministro de Industria y, por si fuera poco, estaba Davrieux por la Oficina de Planeamiento y Presupuesto.

Sin olvidar que UTE y ANCAP traían importantísimas in versiones en gasoductos provenientes de Argentina que deseaban comenzar a usar, el tema del gas en los autos desato, como por encanto, inesperados demonios dormidos.

Hablando con gravedad y ya caliente, golpeando suave pero firmemente la mesa, el Presidente de ANCAP que hasta entonces guardaba compostura, dijo no tener problema siempre y cuando ese gas pagara los mismos impuestos que pagaba la nafta: otra cosa seria competencia desleal y graves perjuicios para ANCAP (sus gerentes cual corifeos griegos apoyaban en voz bronca y baja pero audible). Por su parte los de UTE, hablando hasta por los codos, protestaban contra la mala costumbre uruguaya y burguesa prevaleciente entre los grandes consumidores de la Industria que desoyendo sus consejos se habían “pasado” a la leña, seguían pasándose, y no mostraban gran interés por el gas. El riesgo de tener que averiguar que se podría hacer con esos caños carísimos y vacantes se cernía como espada de Damocles sobre el casco de tanto ingeniero.

Por si todo ello fuera poco, y terminando con la cuestión, hablo Davrieux (siempre mirando esa calculadora misteriosa con la que suele andar). Dijo (estoy citando de memoria pero sin temor a equivocarme) más o menos así:

– Todo lo que están diciendo es inútil: el gas argentino es el más barato del planeta y lo es por meras, efímeras y fugaces razones políticas. Estos precios son insostenibles, conducen a la desinversión y la crisis y, más temprano que tarde, la cruda realidad reclamara precios “normales”. Dichos precios agrego pausadamente sin dejar de mirar la fatal calculadora, harán imposible todo lo que ustedes están diciendo (y hasta los caños).

La verdad es que todos allí tenían razón porque todos allí – salvo la congelante calculadora de Davrieux – estábamos muy equivocados.

La imagen, como en una instantánea, quedo paralizada y patética hasta hoy: aquella citada plana mayor del país, los que fuimos senadores de tres Partidos, mirándonos con ojos bovinos en torno a una mesa larga, mudos, pensativos, yertos.

Por el pecho abajo hasta el estomago y su nudo fue cayendo a plomo la conciencia incluso física de la catástrofe. De un caos inconcebible: solo posible luego de amontonar demasiados desaciertos e improvisaciones… ¡Y por años! Un caos que necesito mucha militancia a su favor; tenacidad para lograrlo; tiempo de trabajo para construirlo… ¿Como se pudo haber llegado a eso?

Desde entonces, la sospecha de que Uruguay tenía un gravísimo problema con la energía dejo de serlo y paso al rango de una muy amarga certeza. Porque el caos no se detenía en la cuestión del gas: por el contrario, y porque en ese rubro todo está relacionado, se desparramaba, viscoso, por el estratégico capitulo como una enfermedad gravísima del país.

Por aquellos días una Comisión Investigadora también del Senado averiguaba los desastres de ANCAP en Argentina (por cientos de millones de dólares) pero debemos tener claro que lo perdido y dilapidado por irresponsabilidad, improvisación, frivolidad e indiferencia fue infinitamente más.

En octubre elegirá la gente: ni Mujica ni Lacalle eligen. Y elegirá entre seguir o volver. Entre seguir adelante por el camino del cambio con certezas o volver atrás hacia la improvisación (la falta de proyectos como una virtud).

Adelante por el camino de certezas siempre discutibles (hasta por definición), o volver atrás hacia la siempre indiscutible pero imperiosa irresponsabilidad de nefastas consecuencias.

En octubre elegimos entre seguir o volver. No hay otra.

Eleuterio Fernández Huidobro.