17.11.2009

Corría enero del año 1904 cuando estalló la Revolución blanca acaudillada por Aparicio Saravia. Herrera tenía entonces 31 años y un cargo diplomático al que renunció de inmediato.

Gesto de nobleza no correspondido por el Partido Colorado que lo metió preso también de inmediato pero por la espalda.

Siendo breve por eso mismo su prisión (no había hecho nada) recupero la libertad que uso, ni corto ni perezoso, para huir hacia la Argentina y desde allí incorporarse en filas revolucionarias.

Con ellas anduvo por nuestros campos y ciudades corriendo la suerte y protagonizando las mismas aventuras que tantos otros miles y miles: arrancando alambrados para los cuantiosos asados de aquella muchedumbre en armas, expropiando novilladas y tropillas de cuanto dueño colorado hubiera por las cercanías; quedándose con el dinero de las sucursales del Banco de la República y de otras oficinas del Estado; derribando postes de su temible enemigo: el telégrafo; levantando y volando líneas férreas (“caballo” de fierro para el transporte de tropas gubernamentales); comprando y trayendo armas de Brasil y Argentina; matando la mayor cantidad posible de colorados; etcétera.

Salvo lo del telégrafo y el ferrocarril, lo mismo hacían las tropas gubernamentales coloradas. (Valga la triple redundancia).

Terminada la contienda con la muerte del caudillo, Herrera participo en la Comisión blanca que negociara en Aceguá la paz con el gobierno. A pesar de ello y como es su costumbre de todos los tiempos hasta hoy, los colorados lo volvieron a meter preso.

Al poco tiempo (enero de 1905) sin embargo y tal vez por todo eso mismo, Herrera resulto electo Diputado recién salido de la guerra revolucionaria.

Es fácil imaginar la tensión que ello creara en especial cuando asumiera su banca (los colorados siempre creyeron ser dueños de todo).

Entonces, como sapo de otro pozo, entro un día en la Camara de Diputados, todavía oliendo a pólvora, el joven diputado Herrera.

No faltaron epítetos y agravios muy “obvios”.

Contestándolos dijo: – “Hemos venido aquí en la punta de las lanzas revolucionarias, porque solo con revoluciones hemos conquistado nuestros derechos.”

Una Voz exclamo: – “Los nacionalistas se sientan en el Parlamento por concesión del Gobierno del Doctor Batlle.”

Herrera: – “Se equivoca. Estamos en este recinto traídos por Aparicio Saravia y Diego Lamas.”

Sr. Pedro Manini Ríos: – “Traídos por las turbas.”

Herrera: -“Si; traídos por las turbas, es decir por el pueblo. Prefiero eso a ser traído por la tropa de línea.”

Este Diario Oficial de Sesiones del 3 de octubre de 1905 agrega:

“(Muchos diputados se ponen de pie y los diálogos se generalizan).”

La palabra “diálogos” es un insuperable eufemismo de nuestros abuelos para ocultar ciertas cosas.
Esto no basto: en 1906 el diputado Herrera fue detenido en el recinto mismo de la Camara de Diputados por las “tropas de línea” y llevado a la Jefatura de Policía.

Fue liberado por orden de la Asamblea General del Poder Legislativo luego de una gran protesta ante tamaño atropello colorado (genio y figura).

Los blancos de hoy, tan rosados, son poco reconocibles. A veces son colorados, a veces se les parecen y aun llegan a ser peores muchas veces. El nieto de Herrera es peor casi todas las veces.

 

 

 

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