22.12.2009

Se ha llegado por fin y por suerte al acuerdo unánime de que este tema es estratégico para el país y, también, que allí Uruguay muestra un muy expuesto talón de Aquiles.

No es poca cosa haber llegado hasta aquí. Dio mucho trabajo y fue necesaria mucha prédica y, también, sufrir consecuencias.

Porque hubo décadas en las que no se quiso llegar a tales conclusiones.

Es bien sabido que para solucionar un problema lo primero es reconocerlo y lo segundo plantearlo bien.

Cuando desde el Frente Amplio convocamos a todos los partidos a un debate sobre éste y otros puntos, lo hicimos antes de conocer los resultados electorales y en el bien entendido que venimos reseñando: hay acuerdo en el problema.

Otra cosa será llegar a la solución o soluciones pero aún así debemos agregar un tercer aspecto indiscutible: para este problema no existen soluciones imaginables que no sean a mediano y largo plazo.

Por lo tanto estratégicas. Requieren decisiones rápidas para comenzar en seguida a recorrer el forzosamente largo camino. Cuanto más demoremos ese comienzo más largo en el tiempo será el camino y más lejana la solución sea cual sea.

La propuesta del Frente Amplio no fue meramente una elección arbitraria de asuntos a discutir porque en torno a ellos podrían alcanzarse algunos acuerdos. También fue motivada por la convicción de que sin acuerdo para muchos años adelante es imposible encarar este asunto. Ello, lo que se llegue a decidir, no deberá ser cambiado a poco que cambie un Gobierno.

Por ejemplo, pensar en energía nuclear y decidir al respecto, es trazar una grave línea para más de veinte años. Cuatro Gobiernos por lo menos… Y, repetimos: sea lo que sea lo decidido hoy.

Porque si decidimos a favor de la energía nuclear YA debemos comenzar a implementarla. Y si decidimos en contra YA debemos comenzar a implementar las obligadas alternativas disponibles.

No hacer esto, como no se hizo hace veinte años, es dejar el país a la deriva y con naufragio asegurado antes de los veinte años.

En realidad ya estamos en medio de un gran naufragio. Subidos a las balsas y en los botes salvavidas. Algunos simplemente flotando gracias a ciertos globos inflables.

Por ejemplo: los seis horrendos motores de avión que compramos de apuro para prender la luz no son más que una triste balsa digna de conmiseración para quienes nos ven encaramados en ella y tan desnutridos por el gasto enorme que debemos empeñar en mantenernos a flote.

Es también un colosal monumento al parche. Y al déficit fiscal. En ese sentido sería bueno cambiarle el nombre a la Central de Punta del Tigre y ponerle “del Déficit Fiscal”.

Un remiendo carísimo como todos los que vamos a tener que zurcir si no definimos cuanto antes una estrategia de energía para Uruguay por medio siglo. Ello abarca estrategias en industria, vivienda, relaciones exteriores y transportes por lo menos.

Es uno de los horcones fundamentales del Uruguay viable, productivo y de primera.