05.01.2010

El nuevo Uruguay (el de primera), nada tendrá que ver con la energía nuclear. Es más: ella es en las actuales circunstancias, contradictoria con dicho proyecto.

En primer lugar porque en materia de energía no nos proporciona la independencia que necesitamos (de urgencia). Nos deja peligrosamente dependientes en rubro tan vital. Nos sigue supeditando a decisiones ajenas: provisión del “combustible” que a su vez depende de reservas cada vez más caras y escasas, tecnologías fuera de nuestro alcance, etcétera.

Nos obliga a invertir gruesas sumas de dinero y a formar técnicos de alto valor (también con fortísima inversión) arriesgando perderlos por emigración a poco que estén “listos” sin olvidar que la dependencia de toda la sociedad a la voluntad de tal élite será, como la experiencia demuestra, muy grave.

El tamaño de las centrales atómicas actualmente en venta es demasiado para las necesidades del Uruguay y la capacidad de su red supeditándonos otra vez tanto por la necesidad de exportar sobrantes de
energía como por la de requerir ayuda de apuro si tamaña planta debe detenerse tanto por motivos inesperados como por simple mantenimiento. Ni qué hablar si necesitamos detenerla por mucho tiempo.

Agreguemos a ello el costoso manejo de sus residuos contaminantes, la aprobación social de su instalación y, en especial, la discusión acerca del lugar elegido que, además, no puede ser cualquiera desde que para eso se necesita una fuerte cantidad de agua disponible en los aledaños como así también estar cerca de las líneas de transmisión más potentes del país o construirlas al efecto aumentando los costos de instalación y mantenimiento.

Por si todo ello fuera poco, la energía nuclear “tranca”, como un tronco en la rueda, las enormes posibilidades de independencia energética que tenemos y, encima, por si también fuera poco, la descentralización productiva, el desarrollo de nuestra industria, el de nuestra ciencia y nuestra tecnología, la generación distribuida por todo el territorio, la creación de puestos de trabajo, la descentralización demográfica en un país que la requiere a gritos y el hecho invalorable de que todo el dinero invertido tanto al instalar como al usar, quedará circulando en nuestra economía.

Si alguien con más capacidad que nosotros sacara la severa cuenta completa del proyecto, aún desde esa mirada rabiosamente material, impositiva y financiera, el negocio para Uruguay además de ser
uruguayo, será redondo. Y seguiremos siendo, pero con más razón, Uruguay Natural además de nuevo y de primera.

En suma, la energía nuclear se opone hoy al desarrollo de un muy viable y necesario proyecto estratégico nacional. Sin ir más lejos y por dar un solo ejemplo entre decenas posibles, la obtención de energía en forma de bio gas desde residuos orgánicos urbanos y rurales, humanos y ganaderos, además de eso, trae el doble propósito de limpiar nuestros cursos de agua, praderas, ciudades y costas marítimas. Nos deshacemos de nuestros propios residuos y en lugar de contaminar descontaminaremos y al mismo tiempo produciremos energía.

Lo mismo pasaría con la generación domiciliaria (colectores de calor, paneles fotovoltaicos, aerogeneradores a escala: además de un ahorro para la economía familiar lo será para todo el país. En especial en
materia de contaminación. Por ahora detendremos acá la argumentación que, como se imaginará, es mucho más larga, pero debe quedar clarísimo que con sus propios recursos inexplotados hasta hoy (¡!) Uruguay resuelve con holgura sus necesidades energéticas para los próximos decenios.

 

 

 

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