08.04.2010

Durante los cinco años del anterior gobierno Uruguay vivió por primera vez en su Historia un gran debate nacional sobre Defensa. En él participaron las FFAA, los Partidos Políticos, las principales organizaciones sociales del país (PIT-CNT y agremiaciones empresariales), la Universidad de la República y otras Universidades, la Prensa, y todo aquél que haya querido participar.

Hubo Seminarios nacionales e internacionales para los que fueron invitados especialistas y autoridades del mundo.

Con ese voluminoso “insumo”, el Ministerio de Defensa elaboró un Proyecto de Ley de Defensa que resultó aprobado por unanimidad. Por primera vez en su Historia Uruguay tiene una Ley “Marco” así elaborada, y en ese “rubro”.

Nadie medianamente informado puede alegar que no estuvo enterado o no pudo participar.

Pero como a instancias otoñales del Presidente de Costa Rica han aparecido en Uruguay algunos recién llegados, nos vemos obligados a recordar lo anterior y cosas como por ejemplo: qué son en Uruguay los “gastos del Ministerio de Defensa”.

Este tema, uno de los más debatidos en las jornadas citadas, es una sublime postal del Uruguay burocrático.

Para exlicarlo, debemos comenzar por decir que el Ministerio de Defensa es una Gran Oficina Pública, No tan monstruosa como varias otras, pero por ahí les anda.

Los militares saben desde hace mucho que la Oficina Central del Ministerio de Defensa tiene más “efectivos” que la Fuerza Aérea y que prácticamente todos son civiles… Lo mismo pasa en casi todas las dependencias del Estado sin olvidar al Ministerio del Interior donde fungen de amanuenses, en resmas, varias comisarías extraviadas.

Así que ese no es un “gasto de Defensa” ni nada que absolutamente se le parezca.

El Servicio de Sanidad de las Fuerzas Armadas es, para envidia de Don Oscar Magurno, la más grande mutualista del país. Gigantesca, atiende a más de un cuarto de millón de personas. Su historia, hasta llegar a la presente realidad fantástica, es más o menos la misma: desde lo que quiso ser un servicio especializado en sanidad militar para el combate (una especialidad de la medicina) hasta llegar a hoy, pasaron muchísimas improvisaciones y parches sobrevolados por la crisis de la Salud Pública. Fue un modo de esconderla. Este formidable servicio de Salud Pública no aparece siendo de Salud Pública pero es de Salud Pública aunque se lo impute a gastos de la Defensa Nacional.

El Servicio Meteorológico Nacional, otrora en la órbita civil, pasó en mala hora a la órbita el Ministerio de Defensa y allí está,

totalmente desubicado y civil, al igual que tantas otras cosas en el Uruguay burocrático. Para colmo, proliferan infinidad de servicitos meteorológicos inconexos a razón de uno por chacra. La meteorología en Uruguay es un desorden debidamente organizado.

La “Aviación Civil” (¡!) y la Infraestructura Aeronáutica (DINACIA), Eurnekian incluído, forman parte de los “gastos de Defensa”.

Hasta aquí, el monto aproximado de la farra es el 30% de los

denominados “gastos de Defensa”. Asunto civil.

La policía fluvial, lacustre y marítima (hasta la que cuida con un pito las playas en verano), también forma parte de los “gastos de Defensa”. Como la Policía Aeronáutica. Y ambos perciben, como toda Policía, el 222.

El mamarrachesco “despliegue” de las FFAA en el territorio nacional proviene de la antigua necesidad colorada de reprimir a los blancos (y después a la izquierda que hoy es el gobierno). Por eso hay, como para atracción turística, por lo menos una Unidad Militar en cada Departamento. Eso no tuvo ni tiene absolutamente nada que ver con algo que merezca el nombre de Despliegue Militar.

Además todos sabemos que cuando los blancos se sosegaron, el mecanismo fue usado para la represión interna (función policial) y, fundamentalmente, para el clientelismo electoral y el afloje de tensiones sociales mediante un seguro de paro colosal y vergonzante al que se denominaba: “Ejército”.

Debemos ir a un Despliegue verdaderamente militar, menos despilfarrador, que con menos efectivos (mejor pagados, entrenados y armados) produzca Fuerzas muy superiores.

Hay otro capítulo en el que sería muy largo cuanto espinoso entrar que ha dependido a lo largo de mucho tiempo de la Política Exterior de los sucesivos Gobiernos. Por ejemplo (y no único): pertenecemos al TIAR, no hemos “derogado” cosa tantas veces tan prostituída y violada.

Ello nos obliga u obligaría a participar en guerras ajenas.

De tal elementalidad se desprendió a lo largo de seis décadas una concepción militar, en especial para la Armada y la Fuerza Aérea, consistente en prepararse y equiparse para guerras nada propias. Es así que por ejemplo todavía hoy tenemos fragatas extravagantes… Eso tampoco fue decisión de los militares sino y por lo general y por consignación, del diario El País.

Todos esos mal llamados “gastos de Defensa” habrán de ser eliminados y, los que queden, deberán imputarse a quien corresponda. A ello debemos agregar los ingresos materiales producidos por las FFAA: monopolio de los explosivos (Ejército), Misiones de Paz en el exterior, Control Aéreo y tasa de sobrevuelo, etc,etc, que yendo a Rentas Generales deberían ser descontados del llamado Gasto Militar.

Hasta aquí y en un cálculo conservador, el 60% de los gastos imputados a Defensa nada tienen que ver con los gastos militares.

Agreguemos que el 76% de todos esos gastos (Defensa o no) pertenece al rubro “remuneraciones” como en cualquier otra Oficina Publica.

Por último: en oportunidad de la lucha contra Somoza en 1979, voluntarios uruguayos y de otros países pelearon y murieron (como Altesor), en el llamado “Frente Sur” contra las tropas de élite del hijo de puta (“pero nuestro” decía un Presidente de los EEUU).

El Sr. Arias sabe muy bien que esas tropas libertarias, armadas hasta los dientes, entraron con la anuencia de Costa Rica en Costa Rica y por Costa Rica a Nicaragua. Es muy cómodo decir “no tengo Ejército” y dejar que otros, ante sus narices, se encarguen de ir a morir por la Libertad.

El aparentemente incauto Premio Nobel no sabe que Uruguay tampoco tiene Fuerzas Armadas: fueron copadas hace tiempo, como la UTE, por la temible burocracia uruguaya.

Publicado en “La República”, escrito por Eleuterio Fernández Huidobro.


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