01.06.2010

Es debido a las que serán históricas visitas y acuerdos con Uruguay de Lula y del Ministro de Defensa de Brasil Nelson Jobim, que tenemos a la vista el Documento titulado Estrategia Nacional de Defensa (de Brasil) del que vale dar cuenta – por lo menos de algunas de sus cosas -.

No vamos a cometer la insanía de citar textualmente el citado Documento (Decreto Federal Nª 6703 del 18 de diciembre de 2008 firmado por Lula).

Pero conviene, y mucho, tenerlo muy en cuenta a todos sus efectos.

Como es sabido, Brasil está lanzado, y con éxitos rotundos de pública notoriedad, a la arena estratégica mundial. Por ende este “folleto” se enmarca en dicho propósito de enormes repercusiones no sólo mundiales sino regionales y continentales.

Forma parte de un designio compuesto por muchas otras que se vienen ejecutando. No podemos, por tanto, ignorar lo que el importante vecino opina acerca de muchas cosas. En este caso, y muy puntualmente, acerca del servicio militar y civil obligatorios.

Contra lo que generalmente se viene aplicando en diversos países (incluso del otrora llamado Primer Mundo), Brasil ratifica la vigencia de los referidos “servicios”.

La moda mundial, en esencia muy neoliberal, pero también muy convencida de que se había terminado la Historia, derogó en muchísimos países especialmente centrales, el servicio militar obligatorio sustituyéndolo por fuerzas militares totalmente profesionales (como la nuestra) agregándole muchos servicios tercerizados.

Era la moda y, tal vez, la necesidad de grandes países. Un muy confortable premio o “rédito de la paz”: desde entonces y en adelante de las guerras, en caso de haberlas, se harán cargo algunos sujetos que como se ha visto para el caso de los EEUU en varias de sus aventuras, son generalmente latino y afro americanos. Como quién dice: “la guerra es fajina de pobres”.

Brasil, por el contrario, en decisión estratégica sopesada por su actual Gobierno, entiende que el servicio militar obligatorio no sólo no debe ser derogado sino que es una ratificación permanente e ineludible del republicanismo y de la nacionalidad. Exige y ordena en el decreto de marras, que en adelante tanto la selección de l@s ciudadan@s para el citado servicio como el ingreso a las Escuelas Profesionales (para la oficialidad y otros cargos por el estilo) se adapten estrictamente a la composición social de Brasil.

Dicho de otro modo: en toda la escala de las Fuerzas Armadas, desde el principio, deben estar representados en estricta proporción todas las clases sociales de Brasil y especialmente la trabajadora.

Pero como la inmensa juventud convocable en cada año excede por lejos las necesidades de la Defensa en tiempos de paz, a aquello se agrega que quienes no deban por eso cumplir el servicio militar deberán cumplir un servicio civil también obligatorio con la misma “gama” de participación, y de ser posible, lejos de su ligar de pertenencia Ese servicio estará por lo general afectado a la atención de los sectores más pobres de Brasil.

Para Brasil esta cuestión es de importancia estratégica decisiva y así lo reitera a lo largo del Documento. Se entiende que la pobreza es un peligro para la soberanía tanto como la ausencia de una nación debidamente integrada y constituida.

Absolutamente toda la juventud de Brasil formará, ineludiblemente, parte de esa decisión. Con el agregado de que (la mayoría) quienes no tengan que ir al servicio militar deberán, además de sus trabajos civiles, recibir formación militar básica a los efectos de que Brasil, en caso de necesidad, disponga de reservas militares movilizables cuantiosas.

Conviene terminar diciendo que Brasil también ha decidido formar a todas (absolutamente todas) sus fuerzas militares para la lucha no convencional a los efectos de, llegado el caso, poder enfrentar por mucho tiempo a fuerzas militares muy superiores. En especial en la Amazonia donde su soberanía está hoy aviesamente cuestionada por las grandes potencias y las multitudinarias ONG (s) a su servicio.


Eleuterio Fernández Huidobro.