22.06.2010

En Uruguay todos somos Directores Técnicos pero lejos de nosotros pretenderlo por ahora sino, simplemente, comentar acerca de lo que hemos visto y oído.

Pudimos oír por ejemplo a especialistas de la Televisión Internacional de España, recién realizados los primeros partidos, que para poder ver buen fútbol (sic) la Humanidad debería esperar el debut de España.

La televisión hace difícil y arriesgada la tarea de los comentaristas.

Porque una cosa era cuando no veíamos y otra es cuando estamos viendo.

Hubo uno que en el partido inaugural, durante la ejecución de los himnos, se burló de un jugador sudafricano porque no pudo contener el llanto ante las cámaras… “Llora – dijo – por los goles que le harán”.

Tamaña falta de respeto logró hacernos hinchas de Sudáfrica.

Dicho deportista resultó el mejor esa tarde.

En esta etapa del Mundial, David derrotó varias veces a Goliat pero la mayoría de los expertos fue siempre y a priori “hincha” de Goliat. Contra la opinión de los uruguayos que como es sabido somos hinchas de David a priori.

Es una enfermedad que conviene saberla.

Los comentarios laudatorios acerca de Alemania en pleno partido contra Serbia mientras iban cero a cero, especialmente reescuchados después, dan pena. Incluso llegaron a explicarnos (porque no lo veíamos) la suprema inteligencia de Alemania y de tal o cual de sus jugadores para de paso, también explicar cómo se debe jugar al fútbol.

En realidad, los televidentes estábamos viendo otra cosa y, cuando Serbia descerrajó sus dos baldazos de agua, hubo frases descacharrantes para tratar de explicar lo contrario.

En fin: asistimos a la evidencia mundial de que algunos países centrales, multimillonarios en su fútbol local, resultan de poca monta cuando carecen de los jugadores del Otro Mundo.

Pocas veces encajó tan bien la letra y la música del tango “Maquillaje” que debió ser responso después de varios partidos.

Lo peor, si cabe, es cuando como en este tipo de competencia mundial, aquellos jugadores vuelven a sus respectivos países e integran sus respectivas Selecciones.

Es como quien comprara una Ferrari para sus carreras locales pero debiera enviarla a su país de origen para competir contra ellos en la carrera mundial.

El fútbol tiene por ahora (ver frase final de esta columna) la posibilidad de mostrar algunas cosas tal cual son.

Lo otro que ha quedado en evidencia es la extraña moda (muy elogiada) de jugar realizando infinidad de pases exactísimos (de precisión quirúrgica) para el costado y para atrás. Ha conducido a sus adeptos al desastre. Por suerte: ya que de otro modo podría llegar un tiempo en el que los países altamente industrializados, nos jueguen con robots dirigidos por laser, GPS y computadoras remotas.

Suponemos que tamaña esterilidad será definitivamente condenada por los expertos (en especial cuando, encima, inventen la pelota teledirigida).

Es tanta la cantidad de pases totalmente buenos y estériles (como las monjas) que el D.T del equipo contrario podría repartir sillitas plegables a sus jugadores para que miren y admiren ese jueguito fatuo.

El encuentro entre Brasil y Costa de Marfil si le descontamos los subsidios y aranceles arbitrados (un doble como los de Moglia y dos penales sin cobrar), lo ganó tres a dos el equipo europeo de africanos.

La libre competencia y las Leyes del Mercado no existen en el capitalismo.


Eleuterio Fernández Huidobro.