27.07.2010

Durante el pasado mes de mayo, el Ministro Bonomi visitó tres cárceles españolas.

Huelga pormenorizar el nivel encontrado en dichos establecimientos acerca del que pudimos hablar con el Ministro: parecería estar por ahora fuera de nuestro alcance.

Con relación a este aspecto procuramos obtener algunas cifras que algo pueden ayudar a explicarlo.
Por cada preso España invierte 71 dólares POR DÍA mientras que Uruguay invierte 7 (unas diez veces menos).

Si bien en estos casos la gestión importa y mucho, también importa el dinero: no hay milagros disponibles.

Para intentar tener cárceles como la de Aranjuez, hay que pagar. Y mucho.

Pero observemos también el contexto: a diciembre de 2009 Uruguay sostenía malamente 8.316 presos mientras que por estos días (siete meses después) España tiene 76.090 (casi diez veces más).

Sin embargo las apariencias suelen engañar: teniendo en cuenta la población, hay muchos más presos en Uruguay que en España. Uruguay tiene unos 245 cada 100.000 habitantes mientras que España soporta 157 (el doble de los que había en 1990).

¿El propio estado de las cárceles no explicará por lo menos una parte de la gran cantidad de presos que Uruguay tiene (con relación a España)?

Siguiendo por los caminos del contexto, conviene tener muy en cuenta la “riqueza” de cada país o, si mejor se quiere, sus respectivos PBI; por lo menos para saber qué tanto por ciento del mismo gasta cada uno en cárceles.

Uruguay: PBI 36.093 millones de dólares (10.790 per cápita).
España: PBI 1:438.356 millones de dólares (35.118 per cápita).

En el “per cápita” parecen ser más “ricos” que nosotros. Podrían darse ciertos “lujos” que no están a nuestro alcance… Gastos anuales destinados a cárceles:

Uruguay: 21,3 millones; España: 1.942 millones.

Porcentaje del PBI destinado a cárceles por cada país:
Uruguay: 0,06%. España: 0,13%.

En igualdad de proporciones nosotros somos amarretes.

Pero aunque fuéramos espléndidos y destináramos el mismo PORCENTAJE, no llegaríamos a los 71 dólares por día y por preso.

Cabe señalar que estos gastos comprenden infraestructuras (por ejemplo construcción y reparación de cárceles) y otras obras y servicios.

El hecho averiguado de que Bélgica le alquila cárceles a Holanda (le manda presos y le paga por el “hospedaje”), junto a lo anteriormente expuesto, parecería indicar que existe, también en este asunto, una “cuestión de escala”.

Y una cruda realidad: cuando la frazada es corta no da para tapar a todos y a veces ni tan siquiera las respectivas partes de un cuerpo.

Círculo perverso: los pueblos “pobres”, o no suficientemente “ricos” tienen, por eso mismo, más enfermedades y más delincuencia. Por no hablar de otro sin fin de carencias que a su vez exigen más dinero.

A la vez asistimos al despilfarro mundial de colosales fortunas en gastos superfluos y, lo que es mucho peor, en guerras y en estafas financieras.

Todo lo que a su vez produce pobreza que, como todos bien sabemos desde hace mucho, viene siempre acompañada por un nutrido cortejo de miserias.