02.09.2010

En estos primeros días de setiembre se cumplen 39 años de la fuga (por un túnel) de ciento once presos recluidos en el Penal de Punta Carretas.

Como es sabido, fue una operación de guerrilla urbana que tuvo suerte. La imprescindible en todo orden de la vida.

Hubo incontables publicaciones al respecto; entre ellas nuestro libro “La Fuga de Punta Carretas” que también tuvo suerte: fue bien acogido.

Tanto que en estos días la Editorial Banda Oriental lanzará una nueva edición y, en este asunto, muy especialmente, queremos detenernos por lo menos un poquito.

La Izquierda Uruguaya es la del más antiguo proceso de acumulación ininterrumpida de América. Es por eso, que todavía hoy, y hasta en el Gobierno, muestra algunos de los pocos dirigentes guerrilleros de la década de los sesenta y de todo el Continente, vivos de milagro y todavía actuantes, con sus errores y achaques a cuestas (“medio bichocos” dijera el ex guerrillero y actual Presidente Mujica) pero, como siempre, en las trincheras del campo popular. Algo raro en el mundo…

Proceso iniciado a mediados de la década de los cincuenta del siglo pasado, pasó por el vértigo mundial de la década de los sesenta y por la atroz prueba del terrorismo de Estado que abarcara los Golpes cívico-militares casi simultáneos en Uruguay, Chile, Bolivia y Argentina con sus funestas consecuencias. Digitados desde los Estados Unidos según era sabido y ahora confirmado por los Documentos Secretos desclasificados en dicho país.

Dicho proceso de acumulación no se vio interrumpido sino fortalecido por esas durísimas “pruebas” en las que dejó un tendal de mártires, torturad@s, pres@s, exiliad@s, desaparecid@s, proscript@s y destituid@s.

Y que por eso a la hora de su imparable triunfo electoral en el año 2004, mostró un Gabinete Ministerial cuyo promedio etario ambulaba por los 65 años.

Se trataba de un pedazo sobreviviente, casi una reliquia hasta incluso del Mayo Francés del 68, colocado por el pueblo uruguayo en el Gobierno. Alcanzamos a decir por esos días que una simple ola de frío repentino nos podía dejar sin Gobierno.

El de un país “envejecido”, con datos demográficos similares a los del Primer Mundo agravados por una cuantiosa emigración.

Con estas disquisiciones queremos ir a un reclamo y a una convocatoria.

Desde siempre pedimos, y hasta imploramos, que l@s víctimas y protagonistas de aquel tan duro temporal represivo, tramo trágico de nuestra Historia, escribieran, grabaran o filmaran su Testimonio antes de que la edad que venimos soportando lo impida.

Debemos reconocer el esfuerzo en ese sentido de much@s. Pero ha sido insuficiente. No el de ell@s, sino el de l@s demás.

Pero atención: del heroico plebiscito de 1980 (epopeya popular de hace 30 años), de las Conversaciones del Parque Hotel, de las Elecciones Internas de los Partidos en 1982, del Obeliscazo, del PIT., del Primero de Mayo de 1983, de la Multipartidaria, de la Multisectorial, de sus primeros intentos de movilización duramente reprimidos, del retorno de Wilson, de la “intimidad” de todas esas y muchas otras acciones, se ha escrito muy poco, por no decir casi nada y, en algunos casos, nada.

Y si la fuga de Punta Carretas fue hace 39 años y el Obeliscazo hace 28, es clarísimo que gran parte de nuestra población, de acuerdo a la fecha de su nacimiento, carece de una inmensa cantidad de información imprescindible.

Ni qué hablar si nos referimos a períodos anteriores.

Y además omitimos en esta somera reseña, para nada exhaustiva, la información y el relato de todo cuanto l@s uruguay@s perseguid@s hicieron y padecieron en el exterior. Este es un tema que, por sí solo, ofrece ancho campo para dramas, comedias, tragedias y epopeyas que, realmente existentes, serán perdidas si no son rescatadas.

Poco importa (aunque importa) la tendencia política o el “cristal” con el que se mira cada versión de los hechos si ni tan siquiera existe “versión de los hechos”.

Nuestro aludido libro fue producto de un intenso pero agradable trabajo para conseguir y recopilar información más allá de la que nuestra memoria parcial y falible podía tener. Una obra de buena fe que no agotó ni por asomo la recopilación de todo lo que se debió hacer, especialmente afuera del Penal, para que tal hazaña colectiva fuera posible. Todavía hoy nos venimos a enterar del rol imprescindible que much@s desempeñaron en aquel “afuera”.

Hay una cantera de metal precioso a disposición de quien la quiera escarbar.

Aquella fuga fue un grito de Libertad esencialmente colectivo. Jamás vimos actuar con tanto espíritu de cuerpo, disciplina autoimpuesta y labor en equipo, a tant@s compañer@s, como en aquel desafío. Dicho con todo respeto: no parecíamos uruguay@s.

O lo éramos de raíz (algo que solemos olvidar demasiado).

“Argentinos de antes” como dijera un genial escritor porteño, con lo que la “culpa” del reiterado olvido citado, adquiere vastos territorios regionales.

En lo personal creo que eso ha sido y es así.

Intuyo, porque no me lo han contado, que el proceso de salida y expulsión de la Dictadura fue, a nivel colectivo nacional e internacional, una “obra” por el estilo pero de inmenso e incomparable volumen social y político.

Lo que, entonces, muestra y demuestra las cosas que podemos hacer tanto en Uruguay como en la Región, cuando nos las proponemos en serio.

La libertad acostumbra realizar milagros que no son más que la fuerza imponente que su demanda despierta. “Inexplicables” a primera vista e “imposibles” en los cerebros del desaliento perpetuo.

Porque en la carne propia lo sabemos, es que nos permitimos decirlo y convocar para que tod@s hagan lo suyo. Sera siempre para bien.

Publicado en “La República”, escrito por Eleuterio Fernández Huidobro.