09.09.2010

Decía el inefable Senador Doctor Don Pablo Millor, que los abogados (él lo es) no podían ejercer su profesión siendo legisladores porque resultaba incompatible hacer leyes y ejercerla.

Algunos colegas (en su mayoría abogados y escribanos) murmuraban que a Millor no le gustaba trabajar lo que a fuerza de que llegara a ser verdad era, como única respuesta a sus dichos, grueso sofisma.

Siempre sorprendió el profundísimo silencio senaturial que Millor creaba con dichas palabras cada vez que, muy a menudo, las repetía.

Y los quedaba mirando con ojos afinados ex profeso del tipo “águila escrutando remotos horizontes”.

La verdad sea dicha: desde la más remota antigüedad, el Poder Legislativo ha sido dominado cuantitativamente por abogados y escribanos.

Dicen los más viejos funcionarios que hasta el horario de sesiones de ambas Cámaras está ancestralmente adaptado al de Juzgados y otras oficinas sitas en la Ciudad Vieja.

¡Claro! ­ se dirá ­ ¿Que profesión sino esa está más capacitada para fabricar leyes con certificado ISO?

Si bien hoy abundan, padecemos nostalgia de aquellas memorables tenidas jurídicas, entre los Senadores Singer, Correa Freitas, Korzeniak, García Costa y, de a ratos como suplente, nada menos que Don Gonzalo Aguirre Ramírez… ¡Era como para alquilar balcones aún cuando la mitad transcurriera en latín!

Se los llegaba a “ver”, envueltos en cándidos mantos (como crisálidas), de sandalias y laureados cabe los gansos (que al efecto, y en casal, fueron presupuestados: no faltó quien denunciara que algunos eran patos criollos.

Cuantos estuvimos allí, sufriendo y disfrutando: periodistas, ujieres y hasta Senadores no habilitados, encajamos pasivamente un doctorado forzoso sin Diploma ni algún otro reconocimiento hasta hoy (una injusticia).

A este fenomenal fenómeno parlamentario debemos agregar que estas dos profesiones disfrutan el monopolio del para nada electivo Poder Judicial. In totum.

Colosal “reserva de mercado” (otro latifundio) que exhibe la finísima y sutil particularidad de que cuanto escribano o abogado ingrese por sus arcadas, no podrá ejercer portones afuera.

Pero a la vez, ninguno que no sea de él, podrá ingresar él salvo que lo haga por el más inferior de los escalones.

Dicho de otro modo: si Tristán Narvaja y Jiménez de Aréchaga (dos calles) tuvieran la peregrina idea de concursar por un cargo medio, los consignarían a sendos Juzgados Rurales de Tacuarembó para que allí perdidos por entre inhóspitas quebradas, “comenzaran debidamente su carrera”.

Es uno de los tantos y curiosos casos en los que se puede llegar a ser Pelé por antigüedad. Rigurosa.

Debemos agregar también que no existe Oficina Pública Nacional o Departamental, se trate de lo que se trate, que no ostente un apretujado cuanto temible y multitudinario “Departamento Jurídico” por el que todo, como en los peajes, debe pasar. Absolutamente.

No podemos omitir en esta contabilidad para nada exhaustiva, a la Facultad de Derecho (media Universidad) ni a sus apiñados catorce mil estudiantes… Si bien la costumbre de ascender por antigüedad es paradigma propio de un país demográficamente envejecido, debemos reconocer que el afán juvenil patente en la cifra señalada es, ante el ineludible panorama criollo, racional.

Hasta Bordaberry, de tan obvio destino rural, optó por la más asfáltica de las carreras, agregando a tamaña deserción el rugby y el twitter. Doce millones de bovin@s también de origen inglés, quedaron estupefact@s.

Incluso estamos en condiciones de informar que Don Jorge Larrañaga es Doctor.

Esto ha hecho del país un territorio de acendrada vocación al pleito. Según estudios, dicha inconfundible característica civilizatoria, nos eleva al grado de etnia.

Lo podemos observar hasta en los cuantiosos y entreverados Estatutos boyantes: tanto del más barrial Club de Bochas, cuanto del propio Frente Amplio.

Para navegar por tan peligrosos pantanos se requieren perplejos expertos que han dedicado su vida a tales estudios puntuales.

Hay con eso en el Frente Amplio dos eruditos (sólo dos) capaces de realizar hercúleas hazañas. Aún viven.

Incluso las expresiones culturales más queridas y voluminosas del país, como el fútbol, son ilustrativas (como una viñeta) a ese respecto (Dr. Corbo; Dr. Bauzá; etcétera). Ellas generan incansablemente el más polícromo y variado tipo de pleitos en sucesión interminable.

Proeza física jamás superada por el fútbol propiamente dicho.

En ello, como va dicho, destacan los periodistas especializados que, en sus diversas versiones: dedican gran parte de su ímprobo trabajo, a los pleitos. Con fruición.

Es por ello que contamos, ahí también, con abogados debidamente entrenados como para entrar, tipo Garrincha, en las más entreveradas gambetas reglamentarias.

Han producido obras de antología como cuando la suspensión de un partido en el Parque Central donde se llegó a incursionar ya no sólo en los más recónditos componentes atómicos de varios Reglamentos, sino hasta en la ontología del Derecho y en la Física del Movimiento, el Espacio y el Tiempo.

Sin olvidar que, superando sagas nórdicas y a la mitología griega, han producido una, (uruguaya), en base, apenas, al Paco Casal.

Los aficionados, que somos todos los habitantes del país, no les vamos en zaga y, la mayoría de las veces, los pasamos como a postes, en las encarnizadas discusiones que libramos a brazo partido.

Entonces: a nuestro juicio no conviene declarar la incompatibilidad reclamada por Millor. Peca de irredimible inocencia: “hago como que no ejerzo pero sigo ejerciendo” y eso daría lugar a miles de pleitos…

Sería mucho mejor a nuestro juicio (que sabemos utópico, inviable e inútil), prohibirle ejercer la “profesión” de “polític@s” y, ya entrando en detalles, la de legislador@ o Ministr@, Subsecretari@ y demás peldaños del escalafón.

Quedaríamos desamparados. Tanto el Gobierno como la Oposición.

Es más: por no citar a los demás líderes del Uruguay (lo que sería ocioso), el Frente Amplio presenta una “anomalía” (como la de ciertas órbitas planetarias): muestra como Presidente a un Ingeniero Químico. ¡Errata cósmica!

Debe ser por eso que solemos oír en diestra y en siniestra, graznidos implacables y sin alguna vergüenza, oriundos de la pelea por ese cargo.

“Sexo explícito”, que muestra una otrora inimaginable idea de “hombre nuevo” pero que, confirmando a Discépolo, “se prueban la ropa que vas a dejar”. Y en público.

“Los problemas del Frente Amplio” yacen en patético striptease.

Publicado en “La República”, escrito por Eleuterio Fernández Huidobro.