23.09.2010

La contratapa que ocupamos los jueves con esta columna, nació en enero del 2004 a partir de una idea de Fasano.

Salíamos del victorioso plebiscito por Ancap(fines del 2003) y marchábamos hacia la sentencia electoral del 2004. No debíamos eludir el desafío propuesto.

A lo largo de la vida nos tocó escribir por y para la lucha. En medio de ella. Estas columnas fueron hechas a veces al borde de una carretera.

Siempre anhelamos poder algún día hacerlo desde algún remanso alejado y apacible. Hasta incluso respecto a la lucha… Por lo general de otros. No pudimos darnos ese lujo.

Atravesamos con este diario por entre dos victorias, un primer gobierno popular, y ahora otro. O sea: por entre las trampas, ataques, campos minados y traiciones, que quisieron impedirlas. Pagamos al contado rabioso, como todos quienes estuvimos en ellas, altos precios de variada índole por hacerle tanto daño a la Derecha.

Y hablamos en plural porque ante el vil ataque desatado últimamente contra Fasano no podemos guardar silencio. Hay alguna gente que no teniendo absolutamente nada que ver con las victorias alcanzadas por este pueblo a lo largo de estos años (más bien todo lo contrario) sigue salivando desde la impunidad. Desde la diestra cada gargajo es una condecoración… No nos duelen prendas porque con Fasano hemos discrepado duramente.

En recias polémicas llegó a acusarnos de “león vegetariano”.

Asunto que ha quedado pendiente.

Si discrepamos en el pasado, discreparemos en el presente y en el futuro porque así es la cosa. Y así la queremos porque no queremos ser los dueños de la verdad ni reconocemos propietarios en ese campo.

Conviene, en especial para la juventud, refrescar algunas memorias: en las combativas y también trágicas décadas de los sesenta y los setenta a nadie la Derecha le clausuró tantos diarios (que a pesar de ello volvían a salir). La Guardia Vieja de la Izquierda lo sabe.

Incluso trabajó en ellos. ¡Y vaya si los leyó!

Fasano fue el mejor “vespertinista” de la prensa uruguaya y en aquéllas tardes de lucha, miles de personas, en especial l@s jóvenes, esperábamos sus diarios no sólo para saber lo que estaba pasando, sino también para participar en la nunca vista pelea contra la Derecha que los clausuraba, les prohibía el uso de ciertas palabras y dar ciertas noticias (todo ello por sendos Decretos de antología). Un puñado de periodistas, con Fasano al frente, los volvía a abrir con otro nombre, inventaba desopilantes giros para decir las palabras prohibidas o titulaba por ejemplo: “HOY NO PASO NADA” cuando todo el mundo (sic) sabía lo que había pasado porque era de tamaño inocultable.

¡Más de sesenta mil ejemplares por día, inundando las calles, expresaron aquélla pulseada de los débiles contra la prédica arbitraria, falsa, y monopólica de los gigantes del autoritarismo y la reacción!

Y en la noche más negra del terrorismo de Estado, lo encontramos entre nosotros mientras muchos se iban precipitadamente al mazo.

Especialmente aquélla noche y madrugada de Buenos Aires, cuando muchísimos flaquearon. Nos referimos a la tan aciaga de 1976 y a los asesinatos del Toba, Zelmar, Rosario, y “Blanquito” pero también al intento de asesinar a Wilson (que integraba el horrendo “programa” de aquella horrenda noche).

Cuando murió Hugo Cores y en esta misma columna dijimos que por encima de las discrepancias que pudimos haber tenido (los acuerdos siempre fueron más) le admirábamos las suelas rotas (un día se las vimos) de tanto caminar cuando tantos se quedaron al margen del camino quietitos como gurí cagado.

Desafiamos a la Derecha para que encuentre un solo momento de este último medio siglo en que Fasano haya estado de su lado.

Especialmente cuando las papas quemaron. Le damos la chance de que incluso busque en la Izquierda a alguien que los ayude a encontrarlo.

Colados ni estúpidos nunca le faltarán pero ni aún así.

Preguntamos en cuál de las grandes batallas populares Fasano personalmente, o sus diarios, anduvieron por la vereda de enfrente. O (porque siempre fue posible) se quedaron “en el molde” para esquivarlas.

Hay gente que a veces equivoca su lugar y hay otra que no.

¡Parece un poquito exagerado insultar ahora diciendo que ha sido fiolo de la Izquierda como lo han excretado desde el diario de la Dictadura (“EL PAIS” por si algún joven nacido hace muy poco aún no lo sabe)!

¡Tiene que ser muy grande el odio por el daño recibido como para no encontrar otro insulto en la vastedad infinita del idioma!

Y más grande la incapacidad política de apelar a la Izquierda para intentar agredirlo.

Porque siendo también inimaginable pensar en la Izquierda y en sus grandes conquistas desde 1985 a la fecha sin el diario “La República”, la deuda contraída por aquella a favor de ésta es de las impagables con plata.

Pero estamos ante algo más peligroso: antes era moda tergiversar la Historia y en eso el diario El País no fue protagonista: fue el más prostituido lamedor del terrorismo de Estado. Y aún peor, si cabe, muchas veces. Por eso hoy apuesta al olvido pero, si no los queman, ahí están los archivos de prensa disponibles en la Biblioteca Nacional y en la del Poder Legislativo para que la juventud vaya y de un paseíto por los años del terror leyéndose El País.

Experimentará dimensiones desconocidas del asco y verá que El País, primero siempre, desde 1962 tuvo un fiolo: el terrorismo de Estado; y que, efectivamente, ha sido el diario más vendido del Uruguay.

Hubo que luchar muchísimo para desmontar sus mentiras hasta que por fin perdieron esa batalla.

Entonces ahora han puesto de moda insultar a la militancia.

Apuntan a la juventud que han perdido y quieren caparla para falsificar el Futuro.

Como no pueden seguir contando historias falsas, ahora DEBEN descalificar para que la Historia también quede capona y así ponerle cimiento a un futuro fraudulento.

En todo caso dirán que no la hizo nadie: ni seres humanos ni ideas; resultó ser una casualidad o, a lo sumo, una errata. Ese propuesto y tan visible cambalache de verdugos y caretas engatusa querendonas mascaritas que adhieren tocando el bobo bombo bobo en el trampolín del tanque seco.

Publicado en “La República”, escrito por Eleuterio Fernández Huidobro.