12.10.2010

Hoy en día esa es una realidad accesible a los pocos países que tienen la posibilidad de plantar con dicho objeto árboles de crecimiento “rápido”.

Uruguay es uno de ellos.
Encima, una intensa política forestal ha inundado nuestros campos ofreciendo la posibilidad de aprovechar sus residuos a los que debemos agregar otros (cáscara de arroz por ejemplo) para esa nueva industria: la generación de energía eléctrica firme y limpia.

Pero no existe hasta el momento, forestación destinada específicamente a abastecer una planta de generación eléctrica. Y por eso casi todos los cálculos al respecto se basan en forestaciones hechas para otro fin: celulosa, tablazones, paneles, etcétera. Y no es lo mismo.

Para obtener árboles de los que puedan sacarse buenas tablas en el aserradero (incluso de exportación como es del caso) se implantan en una hectárea una cierta cantidad de “plantines” que, luego de crecer, son “raleados” dejando en pie los mejores que, a su vez, deben ser “podados” a lo largo de su crecimiento para que, al fin, den troncos gruesos y sin nudos de los que el aserradero y la industria obtienen material insuperable para muebles y otros bienes de calidad.

Los sobrantes de ese largo proceso son abandonados en el campo (lo que contamina), o vendidos a las plantas de celulosa si tienen ciertas dimensiones. Ello resulta de un cuidadoso cálculo de los expertos que al efecto formulan sesudas ecuaciones.

Las empresas de generación eléctrica en base a esos “desperdicios” se “cuelan” por entre dichas ecuaciones llevándose lo que otros no utilizan. Pero esa “llevada” tiene un costo: principalmente de recogida y fletes.

No existe en el Uruguay una forestación especializada dedicada exclusivamente a la generación de energía eléctrica. Algo que, a primera vista, parecería que tendría que ser tarea de la UTE (poseedora desde antiguo de inmensos montes no especializados al respecto). Incluso tarea de ANCAP (para el ahorro de petróleo). Tarea, por fin, del Ministerio de Industria y Energía en estrecha coordinación con el de Ganadería y Agricultura, como así también con las Universidades y el INIA.

Para vanguardizar e impulsar el desarrollo de una industria que además de energía eléctrica firme y limpia y ahorro de divisas, genera cantidad de trabajo en la industria metalúrgica nacional y radica gente en el campo.

Porque debemos saber que salvo algunos componentes que deben ser importados (del Mercosur) todo lo demás, desde el arbolito hasta la planta industrial puede ser hecho acá. Todo lo que se invierta queda acá. Dando vida a este “acá” y encima, lo más valioso: dotándonos de mayor independencia energética. Algo que dado el panorama mundial, es hoy de valor incalculable. Nos explicamos: para que una planta de generación eléctrica sea rentable, lo ideal es que en su alrededor, a distancia calculada para el mayor ahorro de fletes, haya una plantación específica que produzca madera del tamaño, grosor y otras calidades técnicas ideales para los gasógenos industriales de inmenso tamaño que producen el calor para las calderas que hacen andar las turbinas de generación a vapor. Una cosa va con la otra. Y que sea implantada de modo que no falte “leña” a lo largo del año. Ello no tiene por qué ir en contra del consumo de residuos agrícolas.

Entonces la densidad de árboles por hectárea, para ese fin, será mayor que la actual para otros fines con lo que con menos hectáreas se reduce la ecuación de costos para abastecer el “horno” y, la vez, permiten a éste, rendir más y “romperse” menos. Hay un hermoso presente y mejor futuro en estas cosas.


Eleuterio Fernández Huidobro.

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