26.10.2010

Dentro de una semana (el 2 de noviembre), se realizaran elecciones en el Estado de California y un plebiscito en torno a la legalización, o no, de la producción, tenencia, y uso de marihuana.

Viene precedido por una creciente liberalización al respecto: hace años autorizaron su consumo con fines terapéuticos en ese y en otros Estados.

Con la debida vista gorda, lo terapéutico devino comercio público (hay más de mil “dispensarios”) que factura unos 4.000 millones de dólares sólo en California.

La plantación con fines “farmacéuticos” en ese y otros Estados hace tiempo que oscila entre la vista gorda local y las incautaciones “federales” que, corriendo de un bosque para otro, no logran reducir ni la cantidad producida ni la extensión de tierras dedicadas a ello.

La “Intendencia Municipal” de la ciudad californiana de Oakland ha resuelto legalizar la producción de Cannabis en su territorio para abastecer la venta “legal” y crear fuentes de trabajo. Es de ver la bullaguera cantidad de modernos invernáculos viento en popa en los que además se avanza alegremente en la selección de plantas y semillas para el logro de la más alta productividad y la mayor calidad. Aplican en ello los mejores avances de la ciencia y la tecnología. Y el debido personal especializado… Oakland es un “Marihuana Valley”.

La producción de Cannabis en los Estados Unidos está estimada en 35.800 millones de dólares (equivale a la de maíz y trigo juntas).

En suma: es muy poco publicado que en el país de la DEA existen vastas plantaciones: prósperas, públicas y clandestinas, dedicadas a la producción de drogas (en especial marihuana). Eso nunca tuvo tanta ni tan mala prensa como la que “goza” dicha actividad en países del “Tercer Mundo”.
Podrá imaginarse entonces el lío que se armará si el pueblo de California vota a favor de la legalización. Algunos opinan que en ese caso otros Estados seguirán por la misma huella… El ajuste que la Gran Crisis ha provocado tuvo, entre tantas, dos consecuencias que vienen al caso: redujo el financiamiento de entidades dedicadas a esa represión y, al mismo tiempo, aumentó el hambre fiscal de los Gobiernos estaduales (con ingresos muy recortados).

El Gobierno de California estima que, legalizada la marihuana, obtendrá un ingreso por impuestos a ese comercio, de 1.200 millones de dólares anuales más los ahorros producidos por la no represión y por el vaciamiento de sus repletas cárceles.

Se produciría una crisis institucional entre el Gobierno Federal y los Gobiernos Estaduales que decidan lo mismo.

Las policías locales no sólo no perseguirán esa nueva “industria” sino que la protegerán (como a cualquier otra). Pero las federales seguirán realizando procedimientos en contra. Eso ya viene sucediendo, con interminables pleitos, para el caso de los “servicios terapéuticos”.
Nadie omite prestar atención a lo que pasará en la frontera con México (y en México) si la decisión del próximo martes habilita dicha legalización.

Estamos ante un posible “antes y después” que, de producirse, tendrá grandes repercusiones internacionales. Incluso acá.

El fracaso de la estrategia antidrogas elaborada en los Estados Unidos e impuesta a todo el mundo (muy especialmente a los países de nuestro Continente) puede tener el próximo martes, y en California, el principio de su fin. Fin que se producirá de todos modos aunque demore un poco más.

 

 

 

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