08.02.2011

Era plena campaña electoral en Rocha cuando Don Adauto Puñales, en procura de ser Intendente, afirmó que en caso de ser electo estaba dispuesto a trabajar las veinticuatro horas del día y muchas más si era necesario.

Esa pasó a ser una de sus tantas frases memorables y, dicho sea de paso, con ella resultó electo.

Sin embargo, muchos años antes Einstein había producido acerca del Tiempo frases mucho más disparatadas que, según los que alcanzan a saber desentrañar esas cosas, resultaron ciertas hasta nuestros días.

Asuntos insondables para nosotros los amantes de literaturas y enemigos de matemáticas aunque, la verdad sea dicha, en estos dos casos pareciera que los extremos también se juntan. Incluso más de lo que se deseaba.

Hecho el obligado introito, debo lo que sigue a mi propia preocupación y también a la de muchas personas que a lo largo de estos meses lo han manifestado: ¿Por qué no medir la renta personal por el tiempo diario “gastado” en obtenerla?

Eso, por ejemplo, nos lo reclamaron varias enfermeras en diversas oportunidades. Pero también trabajadores de otras ramas.

Parecería justo y, también, nada difícil de implementar en un país de poca población como el nuestro donde incluso con malas computadoras nos clasificaron a todos.

Desde entonces la informática ha dado grandes pasos y se alega que aún a nivel planetario nos tienen a todos bien fichados para fines nada amigables por cierto.

La propia DGI no escatima micros ni telescopios para intentar averiguar asuntos más escondidos.

Sería justo, porque no es lo mismo ingresar mil pesos trabajando una hora que trabajando doce. O dieciséis.

A los efectos del cobro del llamado IRPF, hay personas que “caen” en determinadas franjas debido a que para llegar a ciertos ingresos “meten” horas en dos o hasta en tres trabajos por día.

Según recientes datos del Instituto Cuesta Duarte hay ochocientos mil trabajadores que ganan menos de diez mil pesos lo que obliga a pensar que para poder vivir deben tener más de un trabajo o trabajar más de
ocho horas por lo que “caer” en franjas “imponibles” puede ser, incluso para ellos, una realidad.

Por el otro lado del asunto es obvia la existencia de personas que ganan esos mil pesos en mucho menos tiempo de trabajo.

La “vara de medir” adolece entonces de ciertas carencias “visuales” y, en el aspecto que venimos tratando, resulta forzosamente grosera.

Parecería más justo que a los efectos, la “renta” estuviera ligada al Tiempo invertido en producirla bajo pena de cometer el teorema de Don Adauto quién nos proponía que su Renta equivalía a 24 más “x” horas de trabajo diario (R=24 más x); o sea que el tiempo empleado en producirla tendería al infinito con lo que el valor de su hora-hombre-intendente se iría disipando hasta ser absolutamente imperceptible (como efectivamente ocurrió). O dicho del modo usado más generalmente: “en por lo menos alguno de los trabajos, duerme”.

Como demuestra la ecuación, también puede suceder que dados ciertos altos ingresos, uno de esos 800.000 trabajadores uruguayos debe trabajar una eternidad por día para conseguirlos.

Aunque ya, sin ir más lejos, llenar la actual Canasta Familiar les exige aplicar, ineludiblemente, el teorema de Adauto.