01.03.2011

Acaban de ser detenidas dos personas por cultivar marihuana en sus casas. En Uruguay hay unas trescientas personas presas por cultivarla o tenerla. Su consumo es legal (¡).

Presas en cárceles que están horrendamente sobrepobladas. Personas que además no son delincuentes… Hay movilizaciones de protesta y en la Cámara de Representantes varios legisladores de distintos partidos han puesto manos a la obra en pos de una Ley que termine con tamaña insensatez.

Al respecto y en este mismo espacio hemos venido varias veces con el mismo reclamo (ver: “Legalizar” del 28.9.2010; “Marihuana Valley” del 26.10.2010 y “Marihuana” del 19.11.2010).
En esta última oportunidad dijimos:

“En estos días el Diputado Lacalle Pou ha presentado en el Parlamento una iniciativa al respecto que desde ya saludamos”.

Y finalizamos:
“Esperemos que el Proyecto de Ley del Diputado Lacalle Pou no guarde en los cajones el sueño de los justos pero también que su debate transcurra por lo alto y no por las cuevas de la mezquindad y la hipocresía.

Debate que, por otra parte, llegó para quedarse. A no dudarlo”.

Por suerte, el “sueño” se ha hecho realidad en el sentido de que varios Representantes han tomado la tarea de “pulir” un solo Proyecto de Ley iniciando el “trámite” de su tratamiento Legislativo. Estamos seguros de que harán cosa buena.

Estaremos a lo que el inminente debate produzca pero hemos avanzado.

Para no reiterar, y porque la oportunidad lo amerita, nos permitimos recordar parte de lo dicho en el pasado mes de noviembre:

“Comprobando el calamitoso estado de los países y regiones por donde el tráfico de drogas actúa vuelve, recurrente, la pregunta: ¿No será mejor legalizarlo?
Porque hoy es harto evidente que el “remedio” resulta mucho peor que la “enfermedad”. Y evidencia también no sólo su ineficacia sino su “grosería” en el sentido de tratar de evitar una plaga mediante procedimientos inadecuados, burdos y obsoletos.

La clave de la cuestión no está en los países ni regiones productoras sino en los del consumo con alto poder adquisitivo.

Solamente una enorme tasa de ganancia explica las infraestructuras desplegadas y los riesgos que acepta correr el “tráfico”.

Y el precio que produce esa rentabilidad se explica fundamentalmente por la prohibición. De otro modo ese comercio no produciría lo que produce: entre otras cosas una gran acumulación de riqueza.

La prohibición actúa de hecho como un gran impuesto y como una subrepticia pero colosal reserva de mercado. Ambas cosas a favor de los grandes beneficiarios que, y esto es decir, no son los grandes traficantes sino los bancos: el sistema financiero a dónde sin otro remedio ni mejor cloaca a la vista, deben ir a parar esos dineros.

Sistema financiero que como todo el mundo sabe, no le hace asco a nada.

Si dicho tráfico se transformara en simple comercio, además de evitar tanta tragedia, el producto de sus impuestos y otras alcabalas sería más provechoso para la sociedad y podría financiar otro tipo de lucha contra el consumo. Parece más inteligente.

Pero se ha creado, como siempre pasa, un “statu quo” muy confortable para quienes viven y enriquecen del tráfico prohibido. Sin descartar para nada a quienes hoy se dedican a su represión. Tanto instituciones como personas: públicas y privadas.

Pero al daño físico y mental que el consumo provoca se agrega el tan enorme y a veces peor que su prohibición genera.

Y parece por lo menos hipócrita que en países de alto consumo y poder adquisitivo, que son los que dan origen al mercado “Premium” de las drogas, se haga comparativamente poco para combatir su consumo mediante otros métodos y menos para su represión a la vieja usanza.
¿Quién le paga a los pueblos y regiones donde se cultiva o por donde transita la droga hacia aquellos apetecibles y convocantes mercados, los gastos en que deben incurrir y las enormes desgracias que la prohibición les acarrea?

Esto ya no es solamente hipócrita sino otra de las injusticias en la relación de países ricos con países pobres o en desarrollo.

Alguien dijo: “¡Es la economía estúpido!” e hizo famosa la frase.
Podríamos apelar a ella: mientras haya demanda a manos llenas, habrá oferta cueste lo que cueste. Todo será cuestión de precio.

Absolutamente todo: incluso el tamaño de las coimas.

 


Eleuterio Fernández Huidobro.

 

 

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