22.03.2011

Batir “récords” de importación de autos cero kilómetro fue aplaudido por Sanguinetti en su hora y también por nosotros hoy.

El auto es símbolo de cierto “status”. Y portador de felicidad en el “Modelo” vigente. Sobran explicaciones al respecto. Ahora bien: tener una máquina para usarla unas pocas horas al día podría parecer por lo menos “raro”.

Brindarle el espacio urbano que ocupa pareciera exagerado si se lo compara con el que podemos hoy ocupar sin riesgo los seres humanos. Ellos han copado las ciudades.

Fumarse sus emanaciones parece por lo menos tan peligroso como el tabaco. Pero sin embargo no llevan advertencia visible en la carrocería. Curar sus heridos, atender a los de por vida y enterrar a
sus víctimas pareciera más duro y costoso en todos los sentidos que el consumo de drogas; Comprarles una pesada cantidad de petróleo y, para su buena digestión, refinarlo hasta la etiqueta negra; contaminar el planeta como lo vienen haciendo en alta proporción, no pareciera indicar razonables los mimos que la sociedad les prodiga: los ciudadanos en su mayoría son peatones pero pagan las calles y su mantenimiento. Y encima no pueden cruzarlas ni menos usarlas…

Para ellos se destinan señalizaciones, semáforos, inspectores, policías y demás. Pareciera mejor “castigar” fiscalmente su uso y destinarlos a paseos distantes; “peatonalizar” la mayor cantidad posible de calles recuperándolas para la gente, en especial la niñez; incluso negarles barrios y zonas enteras como ya se hace en varias ciudades; premiar el transporte colectivo en todas sus formas: ómnibus, taxímetros, remises, tranvías, etcétera; facilitar el arriendo de autos para dar
mayor uso a la máquina generalmente ociosa; ir evolucionando con medidas concretas hacia vehículos eléctricos o, por lo menos, híbridos; privilegiar las bicicletas…

La lista puede seguir pero sabemos que el auto y todo cuanto lo acompaña, en especial los intereses petroleros, amén de otros, forman un bastión principal del Paradigma. En realidad le dio nacimiento.

Allá por comienzos del siglo XX, el casamiento entre el motor de combustión interna y el petróleo barato dio origen a esta civilización de corta duración que por estos días se va en medio del desastre ambiental que perpetró.

También los chinos, y los hindúes, y todo el mundo, quieren tener y usar autos: y es posible que una buena cantidad de ellos lo logre. Bien sabemos que eso sería gravísimo para todos los seres vivos incluído el homo sapiens.

Ahora bien: ¿Esto es “crecer”?.

Por el contrario, es ir con los ojos abiertos a la ruina.

Sin embargo festejamos la cantidad que compramos. Es más: nos parece índice de “crecimiento”.
En el mundo ya se vienen tomando severas medidas contra esta plaga “políticamente correcta” pero muy peligrosa.

¿Dicha acción, dicho reclamo, dicho punto programático, será de izquierda o será de derecha? De algo estamos seguros: no puede haber izquierda que no lo haga suyo. Por el bien de todos.