13.04.2011

Entrevista con Emiliano Cotelo, En Perspectiva.

 

En conversación con En Perspectiva, el todavía senador por el Frente Amplio (sector CAP-L) Eleuterio Fernández Huidobro se refirió al anuncio de que abandonará su banca en el Senado, realizado el martes en el Parlamento durante la votación del texto que elimina los efectos de la ley de caducidad. “Yo estoy en contra de la ley de caducidad y siempre lo estuve. Discrepamos con un texto que para mí adolece de grandes defectos y va a ser víctima de las demandas por constitucionalidad”, dijo el legislador, pero añadió: “Nosotros siempre aceptamos la mayoría, partiendo de la base de que no somos dueños de la razón”. Huidobro expresó que su renuncia “es de la lógica más rigurosa desde el punto de vista político”, y que “la principal discrepancia [con el texto interpretativo] es porque estamos pasando por encima de los veredictos populares”. Y concluyó: “A nosotros nos mandata una mayoría y aceptamos, pero al FA lo está mandatando la más grande mayoría que se puede concebir, que es la de la democracia directa de dos consultas al respecto, una de ellas hace bien poco tiempo”.

EMILIANO COTELO:
El senador Eleuterio Fernández Huidobro levantó anoche su mano para que el Frente Amplio (FA) alcanzara los votos necesarios para eliminar los efectos de la ley de caducidad. Horas antes había anunciado que renunciaría luego de dar ese paso.

“Vine a darle un abrazo a un viejo compañero con el que militamos hace 40 años. Me parece que lo tenía que hacer. Es un amigo y conozco su temperamento. Estas decisiones son personales”, dijo Mujica anoche en diálogo con Subrayado, cuando se retiraba del Palacio Legislativo.

Mujica se había trasladado especialmente al despacho del hombre con el que compartió la lucha tupamara y más de una década de prisión. “Tengo que ir, tengo que estar con él”; así reaccionó el presidente de la República apenas supo de la decisión de Fernández Huidobro de dimitir.

“Permaneció junto a él durante 15 minutos y se retiró a paso firme y casi sin hacer comentarios”, dice la crónica de Últimas Noticias.

Horas antes, con lágrimas en los ojos y con todos los diputados de la Corriente de Acción y Pensamiento-Libertad (CAP-L) a su espalda, Fernández Huidobro se despidió de la Cámara Alta. “No nos queda otro camino. Lo haré para garantizar mis derechos y fundamentalmente mi libertad”, siguió diciendo Fernández Huidobro.

Estamos en contacto con el senador Eleuterio Fernández Huidobro. Usted se convirtió ayer en la gran sorpresa de la sesión del Senado. Los focos estaban más bien puestos en la actitud que adoptaría el senador Jorge Saravia, también del FA, que había anticipado que desconocería el mandato que había aprobado el Plenario Nacional del FA. Usted, en cambio, como lo había anunciado la CAP-L, acepta la disciplina partidaria pero luego decide que tiene que irse. ¿Puede explicar un poco más el fundamento de una decisión tan dramática?

ELEUTERIO FERNÁNDEZ HUIDOBRO:
Para mí no fue nada dramática y ayer no hubo lágrimas en mis ojos. Lo hice con mucha serenidad. [Esta renuncia] está pensada desde que se había creado esta situación. Para mí es de la lógica más rigurosa desde el punto de vista político. Siempre milité organizadamente; acaté a las mayorías cuando me tocó quedar en minoría e hice valer mis derechos cuando era mayoría. Ayer, yo tenía que respetar los derechos de la mayoría, que por supuesto los tiene, y que tiene también el goce de su libertad. Al mismo tiempo, tenía que ser coherente con lo que vine pregonando, porque yo cumplí roles protagónicos en esta cuestión de la caducidad. Yo estoy en contra de la ley de caducidad y siempre lo estuve. Discrepamos con un texto que para mí adolece de grandes defectos y va a ser víctima de las demandas por constitucionalidad. La principal discrepancia es porque estamos pasando por encima de los veredictos populares. Lo que nosotros le planteamos hace tiempo al FA fue que, fuera cual fuera el texto que se aprobara, había que convocar a un nuevo referéndum. Teníamos que cumplir con eso y el veredicto que respaldara el asunto tenía que ser de democracia directa. Tampoco se pudo contra eso…

EC – …Son dos grandes argumentos los que la CAP-L ha manejado para discrepar con este proyecto que procura dejar sin efecto la ley de caducidad. Uno es que entienden que de esta forma se está desconociendo el pronunciamiento de la población en dos consultas populares sobre la ley. Lo otro es que el texto que se está sacando ahora puede ser tildado de inconstitucional.

EFH – Sí, por la Corte de Justicia. Eso va a defraudar. Hay gente que se está haciendo ilusiones, pero a nuestro juicio el texto no logra los objetivos que se plantea. Aquí van a llover demandas por inconstitucionalidad y ya se anunciaron a nivel de la Corte Interamericana de los Derechos Humanos. Pero ese no deja de ser un debate jurídico. Puede haber una biblioteca que opine en contra. Nosotros tuvimos oportunidad de debatir con nuestros compañeros, dimos nuestras razones y nuestros argumentos, y las discusiones tienen un punto en que hay que terminarlas. Se vota y a otra cosa. Eso sucedió, y nosotros no tenemos ninguna protesta en ese sentido…

EC – …Su pronóstico es entonces que este proyecto que el FA saca adelante con la idea de dejar sin efecto la ley de caducidad va a fracasar porque va a ser tildado de inconstitucional por la Suprema Corte.

EFH – Sí, claro, así lo han dicho además los catedráticos que concurrieron a ambas cámaras…

EC – …O sea que no liquida el tema para nada…

EFH – Mucho me temo que no lo liquida. Lo embarulla. Los abogados defensores de los supuestos violadores de los derechos humanos están diciendo que van a apelar inmediatamente a la Corte de Justicia e incluso a los tribunales internacionales. Si se repasan las actas parlamentarias donde concurrieron los catedráticos de todas las universidades del Uruguay, llegaron a decir que también estamos violando los derechos humanos con el texto. Pero eso ya lo discutimos y nosotros siempre aceptamos la mayoría, partiendo de la base de que no somos dueños de la razón. Ojalá nos equivoquemos en este caso jurídico, tengan razón los compañeros y esto no entrevere más el asunto. Creemos que no estamos equivocados y además estamos muy bien asesorados. El otro debate, el político, a nuestro juicio ese sí es gravísimo porque es una contradicción flagrante. A nosotros nos mandata una mayoría y aceptamos, pero al FA lo está mandatando la más grande mayoría que se puede concebir, que es la de la democracia directa de dos consultas al respecto, una de ellas hace bien poco tiempo. No podemos pedir libertad de acción.

JUAN ANDRÉS ELHORDOY:
¿No es una contradicción que, por un lado, usted diga que hay que respetar a la soberanía popular, que es sagrada, que hubo dos plebiscitos que ratificaron la ley en el 89 y el 2009, y por otro lado termine primando el argumento de la disciplina partidaria, de lo que dice la mayoría de una colectividad política como el FA? ¿No está primando lo más pequeño frente a lo más global y lo más sagrado?

EFH – No, porque nosotros siempre hemos tenido a la unidad de acción en un alto aprecio. No puede haber cosas políticas sin eso y en la vida hay que acostumbrarse a eso. Lo hemos hecho toda la vida de militancia. Capaz que podemos estar equivocados también, ¿no? Siempre tenemos que partir de esa base, por algo existen las votaciones. En el caso de los referéndums, esto tiene un valor de principios muy importante para nosotros. Por eso renunciamos al Senado; porque la gente que nos votó y nos puso en el Senado nos votó, entre otras cosas, porque siempre respetamos estas cosas.

EC – A eso iba con mi siguiente pregunta. Quiero entender un poco mejor su decisión de renunciar. Usted renuncia, pero después de haber acatado la disciplina partidaria. O sea: primero le aseguró al FA el voto que el FA necesitaba para que el proyecto saliera y después se va. Usted ya no va a estar en el Senado, pero en un escenario en el que este tema ya no va a figurar. O sea, ¿cuál es la validez de que usted no esté en el Senado si este tema ya habrá pasado?

EFH – En primer lugar, yo no nací en el Senado. Milité y políticamente hice muchas cosas en Uruguay sin estar en el Senado. Voy a volver a la militancia. Yo no paro de militar. Tal vez sea mucho más útil para mi fuerza política, que es el FA y la CAP-L, [estar] afuera que adentro. Este debate sigue en la opinión pública, en los medios de prensa, en la cámara de representantes. Todavía no se aprobó la ley y todavía falta un transcurso para que la ley sea realmente aprobada. Acá tuvo media sanción y ahora va para la Cámara de Representantes.

EC – Hablando de la Cámara de Representantes, su sector político, la CAP-L…

EFH – …Va a votar. Nosotros acatamos el mandato de la mayoría.

EC – ¿Entonces también habrá diputados de la CAP-L que renuncien a sus bancas luego de ese episodio?

EFH – Pensamos que no. Ayer lo dijimos bien claramente: no creemos que todos los demás que estaban en circunstancias parecidas tenían que renunciar, porque cada uno es la vida que vivió y eso es intransferible y muy personal. En la primera convocatoria a plebiscito, allá entre el 86 y el 89, gran parte de la prensa adversaria decía que nosotros, casi personalmente los tupamaros, no íbamos a acatar el resultado. Era una forma de la propaganda en contra de que la gente firmara y de que la gente votara. Agregaban a eso la amenaza del: “¿y después qué?”. Yo tuve que salir muchísimas veces por todos los medios de prensa a decir que íbamos a acatar el resultado. En las esquinas, en los actos públicos grandes, chicos, medianos, en las entrevistas de prensa… siempre [dijimos] que íbamos a acatar el resultado y junté las firmas diciéndole eso a la gente. Le puedo garantir que hubo gente que firmó estando en contra de nuestra posición, simplemente para que se pudiera votar. Nosotros le decíamos: “Aunque usted esté en otra posición, firme para que la gente decida”. Yo lo hice. Hicimos todo lo que teníamos al servicio de esa causa en aquel entonces, que era una radioemisora, un medio de prensa de difusión. Debo ser coherente: no es muy complicado convocar ahora por tercera vez a la gente.

EC – Por último, una decisión como la suya implica un costo muy alto para el FA. La aplicación de la disciplina partidaria deriva nada menos que en la renuncia a su banca en la Cámara Alta de una figura de las principales que tiene el partido de Gobierno. ¿Cómo entiende usted que esto condiciona al presidente de la República? Porque ayer, varios legisladores de los partidos de la oposición le pidieron al presidente José Mujica que ejerciera su derecho de veto sobre esta ley si es que sale del Parlamento. ¿Qué implica su paso de ayer para Mujica?

EFH – Mujica ya declaró varias veces que no va a vetar ninguna ley que apruebe el Parlamento. No creo que Mujica vaya por ese camino y creo que es inútil pedírselo. Con Pepe tuve una charla como la de siempre. Incluso le dije que si no era muy necesario que no viniera, porque la prensa lo iba a agarrar en el Parlamento e iba interpretar cualquier cosa de su venida. Pero él igual decidió venir. También fue mi compañero en el Senado, en batallas cuando éramos oposición dura y estábamos nosotros dos nada más en ese momento, por la corriente de pensamiento que ocupábamos, que era el Movimiento de Participación Popular (MPP). Yo lo voy a seguir apoyando a muerte. Se lo dije; no me gusta poner a un compañero en altos cargos como en el que está él y después dejarlo solo. Tampoco serrucharle las patas, como lamentablemente se ve que se hace. Este lío no lo organizó él…

EC – …¿Qué quiere decir?

EFH – Esta iniciativa nació en el FA. No es responsabilidad del presidente de la República. Claro que va a serlo, porque al fin de cuentas él termina siendo responsable de todo.

EC – Va a terminar siendo responsable, entonces.

EFH – Y sí, porque a fin de cuentas él es la principal figura y todas las culpas van sobre él.

EC – Dice hoy el diario El País que, según fuentes de su entorno, el presidente apoyó su decisión de renunciar. ¿Es correcto?

EFH – De algún modo sí. Él me dijo: “Ñato, yo te apoyo. Estoy contigo”. Pero es una relación muy personal la que tengo con Pepe y la renuncia es un hecho político. Pero ni la CAP-L sabía que iba a renunciar. Es más, tengo que presentar el papel con la renuncia y hacer el trámite burocrático en el Senado. Pero antes quiero hablar con todos mis compañeros y convocar una reunión de la dirección nacional de la CAP-L. Ni mi más inmediato colaborador sabía lo que yo iba a hacer, porque si le decía a alguien lo que iba a hacer se iba a armar un lío… y mi gesto podía parecer una presión indebida sobre el conjunto del FA y sobre mis propios compañeros.

 

 

 

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