04.05.2011

Hace unos días anduve feliz por equivocación: alguien me “informó” las medidas recién tomadas por Japón para reducir el consumo de energía y creí que ellas eran para siempre…

¡Por fin un país del “Primer Mundo” tomaba el toro por las guampas y emprendía el único camino posible! Pronto descubrí que estaban destinadas solamente a enfrentar este verano del hemisferio norte (severo en Japón). Pero algo es algo aunque sea miserable.

Lo malo es que se toman porque “no hay más remedio”: la catástrofe de algunas de sus Centrales Nucleares los dejó sin oferta suficiente de energía y a pesar de los esfuerzos para colmarla mediante renovadas Centrales térmicas de apuro, no llegarán a tiempo.

En un país donde en invierno calefaccionan las tablas de los inodoros y en verano refrigeran las veredas, el aire acondicionado es un gran devorador de energía.

Por ello el Gobierno encabezado por su Primer Ministro se presentó en Conferencia de Prensa sin corbata (lo que en Japón es “horrendo”), convocando con el ejemplo y la palabra a todos los funcionarios públicos y privados, como así también a la población masculina en general a no usarla en verano y, encima, a andar en mangas de camisa
(lució al efecto – tipo Mujica – una amplia camisa azul…).

Fue necesario un nuevo gran desastre nuclear para que en Japón (por lo menos ahí) se produjera tan tremenda “revolución” de las costumbres.

Casi de no creer.

Pero dada la proverbial conducta de dicha nación, al instante explotó una furibunda demanda de camisas (y una abismal caída de la de sacos), que amenaza con distorsionar también su ya lastimada economía.

Obviamente y casi de inmediato, las empresas publicitarias y las que organizan la moda y sus desfiles, sabedoras del estupendo negocio en ciernes, comenzaron a anunciar extraordinarios eventos al respecto.

Una de las peores consecuencias – dicen – es que muy probablemente la gente demandará camisas sin cuello (al estilo Mao) ya que dicho agregado ahora sería ocioso por completo… Eso, allá, modificaría a niveles dramáticos las máquinas automatizadas por no hablar del software correspondiente ni la demanda de telas.

Obviamente, el Primer Ministro anunció también que en el próximo trimestre será prohibido bajar la temperatura de oficinas y demás dependencias laborales más allá de los 28 grados (sospechamos que la noticia padece un error de imprenta).

Como no podía ser de otra manera, el Gobierno calculó hasta con varios decimales, el ahorro energético a lograr sin la corbata: monta cifras asombrosas para nosotros: varias centrales térmicas de ciclo combinado y su correspondiente consumo de combustible eran necesarias, por lo menos en Japón, para poder usar corbata…

¿Por qué no se les ocurrió antes tan inmensa elementalidad?

La “batería” incluye el cierre de plantas industriales por dos semanas, apagones programados, servicio de trenes reducidos, menos luces públicas y de publicidad, menor uso de escaleras mecánicas, menor horario en salas de juegos (las proverbiales “maquinitas”), reducción de horarios laborales, entre quince y veinte por ciento de ahorro energético obligatorio en empresas públicas y privadas, menor uso de agua caliente y de automóviles, etcétera.

La mala cuestión es que esto sólo sea por tres meses; que se busque por todos los medios volver al nivel de consumo anterior (mediante fuentes muy contaminantes), y que no se tome conciencia de que ya no se puede seguir adelante con este modelo de “civilización” forzosamente catastrófico.
Nos estamos comiendo irresponsablemente el futuro (de hijos, nietos y biznietos) por una sarta de estupideces monumentales.

Ahora discuten incluso si el diseño de las Plantas Nucleares fracasadas en Japón estuvo bien o mal hecho, cuando el verdadero problema es el diseño y la aplicación del Modelo de “Civilización” en boga que exige inexorablemente un consumo imposible de energía y por lo tanto arriesgar cualquier cosa en aras de obtenerla.