10.05.2011

A pesar de que es harto difícil en materia de “guerras” (inventadas o no) creerle algo a los Estados Unidos; y dada también su histórica y alta capacidad para montar provocaciones (aún a costa de la muerte de muchos de sus soldados y conciudadanos) para luego agredir “justificadamente” al supuesto “culpable” de turno así transformado en demonio, hay otras cosas que, en sus acciones, quedan no sólo expuestas sino meridianamente claras ex profeso.

Las capuchas tan usadas por nuestros golpistas cívico-militares no eran un “accidente” ni, menos, algo oculto. Con ellas, eran trasladados los detenidos y detenidas ante el público para que éste lo viera con el debido horror: se trataba de crear terror. Era terrorismo psicológico: una parte del terrorismo. Algo a exhibir para que nadie se llamara a engaño y como advertencia.
Y algo viejo en la Historia, perteneciente a la “especie” de las crucifixiones, el cepo, la picota, la guillotina, las horcas, y un larguísimo etcétera. A ese respecto no hay, casi, nada nuevo sobre la tierra.

Volviendo a los Estados Unidos: su franco reconocimiento pregonado a los cuatro vientos de que la tortura es muy útil y beneficioso, y las cárceles clandestinas e internacionales también lo son, persigue exactamente los mismos fines.

Su franco reconocimiento, también pregonado, de que Osama Bin Laden es un nuevo desaparecido forzoso y que está muy bien que así lo sea, va en la misma dirección; persigue el mismo objetivo.

Confirma que los métodos usados en nuestro Continente: cárceles clandestinas, tortura sistemática, desapariciones en masa, forman parte de su temible panoplia democratizante, civilizatoria y humanitaria. Cosas aterradoras propias de terroristas abrillantadas con azúcar impalpable.

Lo que no quiere decir que Bin Laden no lo fuera en alto grado: no son cosas incompatibles. Puede haber terrorismo de ambos bandos y, por la estupidez arriba, puede haberlo entre tres, cuatro, o cinco bandos. Da lo mismo. Se trata de la barbarie.

Porque Estados Unidos y su prensa nos informan, para que no quepan dudas ni sea necesaria investigación alguna, que a Bin Laden y a su hermano lo cazaron y se lo llevaron. Nadie sabe ni sabrá, si muertos o si vivos. Cabe sospechar vehementemente que se los llevaron vivos: otra cosa sería como para expulsar de sus FFAA a los “comandos” tan cómodamente operantes.

Que nadie quiera imaginar qué les están haciendo ahora… Al Qaeda (“La Red”) que lo sabe (y si no lo sabe lo debe sospechar porque está “en la tapa del libro”), debe andar corriendo de un lado a otro abandonando escondites y buscando otros…

Es por eso que la foto del cadáver, tan ansiada por la prensa carroñera, no aparece. Ya aparecerá: eso, después de la “fajina”, lo “arregla” fácilmente la funeraria de la CIA. O, tampoco descartar: puede aparecer muerto en fotos estando vivo.

Es tan horrendo que duele escribirlo. Pero las cosas son así. En las más altas cumbres del mundo y parafraseando a Kesman: “es lo que hay”.
También “lo que hay” son declaraciones que por tan angelicales ponen los pelos de punta.

Y es por eso que EEUU no firma ningún Tratado Internacional y defiende a capa y espada la inmunidad de sus soldados en cualquier lugar de la Tierra. Esa es la cruda realidad. Lo demás son cuentos para el pato Donald en el disney world real.

Pero la culta Europa, con Tratados firmados y todo, y hasta incluso socialdemócrata, no le va en zaga: horas antes, injiriéndose militarmente en el enfrentamiento interno de Libia, colocó sus primorosas bombas en la casa de Gadaffi (hasta ayer su amigo) matándole a tres nietos menores de cuatro años. También, como siempre colonizadora, en nombre de la civilización, la democracia y la caridad.

En el mundo de hoy eso es rutina. No lo ve quien no lo quiere ver. O quienes ya tienen definitivamente embotada la sensibilidad por la inmensa propaganda.