09.06.2011

En este mundo tan materialista hay un “empresario” uruguayo que teniendo más de seis millones de dólares para cobrar, no va a cobrar. Lo llaman insistentemente y no viene. Tal vez por un tórrido romance, prefiere descansar en las playas de Israel.

Ese milagro está sucediendo en el Ministerio de Defensa, que quiere pagar y no puede. Tanta maravilla exige explicación.

Por primera vez (sin precedentes), una investigación administrativa que duró quince meses concluyó por estos días en durísimas sanciones administrativas (arrestos a rigor en racimo) a doce oficiales superiores y en la suspensión de catorce “empresas” como proveedoras de dicho Ministerio. Tres de ellas para siempre, y once por un año porque tanto unos como otros, algunos ya procesados, están a disposición de la Justicia que, tiempo al tiempo, también dictará sentencia.

Dichas “empresas” proveedoras lo fueron a lo largo de muchos años. Increíblemente pueden seguir siendo proveedoras del Estado en otras reparticiones ya que hasta que no se expida la Justicia, lo actuado vale solo para el Ministerio de Defensa. Vaya esto como alarma.

Este sumario administrativo sin parangón, puso las tripas al sol de uno de los mecanismos que usa la burocracia para encaramarse en el poder.

Oficiales superiores forzosamente pasajeros, transeúntes, fugaces en el tiempo, pero igualmente involucrados, más “empresas” proveedoras permanentes en el tiempo, longevas, boyantes sea cual sea el gobierno o la oficialidad. Quistes antiguos que mimetizan.

A cierto nivel de ese reino perenne, no hay diferencia ontológica entre jerarcas públicos y “empresarios” privados. Todo allí es ambivalencia. Como en la física cuántica, la cosa puede ser onda o partícula: tanto da. Difícil discernir quién es quién o quién fue quién. Lo esencial es que al Estado hay que ponerle cánulas en las arterias, e importa poco quién las pone. No se trata, tampoco, de las consabidas arterias abiertas sino, lo que es peor aún, de las arterias ocupadas, secretas, ocultas, e inconfesables.

El Ministerio citado dispone de unos 150 millones de dólares para “compras” (noventa por su Presupuesto y sesenta por lo que la ONU paga para reponer el material gastado en operaciones de paz). Según pálidas estimaciones, estas catorce “empresas”, hace añares que tragan el ochenta por ciento de dicho rubro. Descontemos gastos verdaderos y hasta seamos generosos: de todos modos, estos “empresarios” que para nada lo son (juegan al número que va a salir y ganan de cualquier manera), han encajado por años una suculenta capitalización totalmente gratuita que, obviamente, deben haber invertido en otros rubros, hasta incluso y tal vez, productivos: así se construye poder en Uruguay. Desde hace añares.

Han amasado fortunas de este modo porque el Ministerio de Defensa es casi nada: imaginemos por un momento estas cánulas, catéteres, ventosas, aspiradoras, y demás vías intravenosas (que para el caso serían enormes caños maestros cloacales), colocadas en la UTE (más de mil millones de dólares de facturación al año), Ancap (unos tres mil millones); Antel (ochocientos); OSE (trescientos); BROU (quinientos de ganancia bruta en el 2009); los Ministerios con mayor presupuesto; la enseñanza; UdelaR; ASSE; los demás bancos oficiales; las intendencias de todo el país.

Sólo los gastos del gobierno (sin entes, servicios descentralizados y sin intendencias) montan diez mil millones de dólares. Si le agregamos ese “resto”, y su “arrastre”, casi el 50% del PBI uruguayo camina por los pretiles del Estado.

Lo del Ministerio de Defensa puede ser, apenas, el botón para la muestra.

Esta gigantesca expropiación de la burocracia contra el país (incluidas las empresas “de verdad” que además no pueden competir con tamaña “productividad”), se financia con la miseria de gran parte de la población, incluida la enorme mayoría de los empleados públicos.

Esta brutal acumulación de riqueza, a lo largo de añares, y en la medida que la burocracia fue copando (le debemos agregar el contrabando y otros “tráficos” sólo posibles con la vista gorda de un Estado así parasitado) se ha ido invirtiendo (lavando) en actividades legales (entre ellas las productivas). Ventajosas desde el pique ya que disponen de un capital gratuito por robado. Lo peor de todo: genera una “ética” consonante que se generaliza: nadie quiere ser Jesucristo.

El PBI uruguayo del año 2010 anduvo por los 40.000 millones de dólares.

En el 2009 el sector primario (agricultura, silvicultura y pesca) aportó el 9,5%: unos 4.000 millones de dólares. Parecido a lo que posiblemente, por vía arterial y para una ultraminoría, aportó la “actividad” que venimos reseñando. ¡Sin plantar soja, tener tierra, ni absolutamente nada de nada! ¡Sin ni tan siquiera ser menores de edad! Sin riesgo alguno hasta ahora.

Porque cabe destacar que esta vez el golpe dado contra la burocracia no ha sido contra los “fusibles” (como sucede a veces para tapar el ojo): fue contra la “instalación”. Esta operación tendrá feroces consecuencias. Se metió el dedo en un ventilador peligroso.

Publicado en “La República”, escrito por Eleuterio Fernández Huidobro.