09.09.2011

EMIGRACIÓN

El caso del futbolista Nicolás López, su representante, su familia, y el Club Nacional de Fútbol, ocupó grandes espacios en la prensa y no solo en la deportiva. Sin entrar en la abundante y leve falta de respeto para con el joven y su familia, dio lugar a sesudos análisis y, por fin, ya en lo más alto de la “indignación”, a engoladas declaraciones políticas en torno a la necesidad de “legislar para que estas cosas no vuelvan a pasar…”

Que no vuelva a pasar que un joven decida irse de un club y del país porque en otro club y en otro país le pagan más, sin antes “devolverle” al club nacional lo que este gastó en su formación… O sin su autorización previa.

Sospechamos que la Constitución prohíbe lo que se propone. Pero no somos abogados.

Lo que sí llama poderosamente la atención es que dicho alborotado griterío de variado tono y multicolor gama, no haya levantado jamás ni un murmullo de protesta, ante la enorme realidad que rompe los ojos. Salvo que padezca la ceguera del que no quiere ver.

Hace ya muchos años que de este país se van los jóvenes hacia donde les paguen mejor.

Se van médicos y profesionales cuya formación le costó al pueblo muchísimo más de lo que Nacional gastó en Nicolás López. Con el agregado de que a médico se puede llegar hasta por cansancio mientras que para futbolista de primer nivel sería inútil estudiar toda la vida: porque un genio deportivo no se fabrica ni en los mejores institutos privados del planeta. Messi siendo niño ya era un genio: pero estuvo desahuciado como futuro futbolista a causa de una enfermedad de muy caro tratamiento. Por suerte un “contratista” de los tantos que el F.C. Barcelona tiene por el mundo (contra lo que algunos jóvenes ingenuos escriben), que ya lo tenía detectado en Argentina, firmó con su padre un contrato en una servilleta de papel en la mesa de un boliche. Que se cumplió religiosamente.

En este preciso momento se nos están yendo de la Fuerza Aérea, rumbo al sorprendente boom de la aviación comercial en la región, pilotos cuya formación es apreciada en el mundo y que, por llevarse las cuentas, sabemos cuánto le costó al Estado cada uno desde que entró a la Escuela Militar de Aeronáutica. Y en moneda real. Muchísimo más que lo gastado por Nacional en Nicolás López. Se van también mecánicos especializados, operadores de maquinaria compleja y, en fin, todos los que todo el Uruguay sabe. Estamos hablando de algo que nadie ignora ni puede ignorar en este país.

Obviamente, en esos tránsitos, en esas migraciones, también operan los “representantes”, comisionistas, o como quiera llamárseles. Que averiguan y saben qué estudiantes se vienen destacando y también van a la casa y “apalabran” a la familia y al joven.

La lucha por la materia gris y la mano de obra especializada es feroz.

Europa creó la Tarjeta Azul para la cacería e inmigración con alfombra roja de la materia gris del Tercer Mundo (sic).

Pero se nos han llevado no a una persona sino hasta a equipos completos de medicina. Algo así como llevarse a Peñarol entero pero sin Damiani. Y, encima, sin avisarle. Nadie dijo nada.

En muchos países del llamado Primer Mundo hace ya mucho tiempo que existen rigurosas leyes de “Devolución Social” pero no contra los futbolistas sino contra los profesionales, científicos y técnicos formados en institutos estatales. En algún caso se trata de la prohibición de irse por varios años. En otros, de devolver a lo largo de la vida el dinero gastado en su formación (que a la vez sirve para formar a otros). Lo que está en juego es algo más que un gol en un partido.

Sería muy buena una ley al respecto. Pero se afectaría a corporaciones muy pesadas…

Por eso, el griterío reseñado no se ocupará de esto (es muy difícil que el chancho chifle): más fácil es gritar contra Nicolás López y su familia. Es otra flagrante desnudez de la hipocresía criolla.

Eleuterio Fernández Huidobro