06.12.2011

Entrevista de Emiliano Cotelo para el programa En Perspectiva.

El comandante en jefe del Ejército, Pedro Aguerre, aseguró ayer en un discurso que su fuerza no tolerará “pactos de silencio” en relación a los delitos cometidos durante la última dictadura y no “encubrirá a homicidas y delincuentes entre sus filas”.

En diálogo con En Perspectiva, el ministro de Defensa, Eleuterio Fernández Huidobro, sostuvo que la postura expresada por Aguerre forma parte de un “espíritu reinante desde hace ya un tiempo en el seno de las Fuerzas Armadas”, que también se vio reflejado en discursos previos realizados por otros jerarcas castrenses durante los últimos tiempos. El exsenador agregó que “el Ejército está en su enorme mayoría integrado por personas más jóvenes” que “tienen otras cosas en la cabeza, distintas a las que teníamos nosotros hace cincuenta años”. Por otro lado, con respecto a los crímenes cometidos por militares en el pasado, manifestó que no deberían ser exclusivamente las Fuerzas Armadas quienes pidieran perdón sino todo el Estado. Sin embargo, opinó que ya ha habido “leyes, normas, decretos, reconocimientos públicos” que “reconocen y reparan” estos hechos, por lo que actualmente no se está evaluando esa posibilidad. Además, respaldó el trabajo realizado por la Comisión para la Paz con respecto a la búsqueda de datos sobre detenidos-desaparecidos y afirmó que “es posible” que surja nueva información confiable tras lo expresado ayer por Aguerre. “Sobre la base de que estén todas las cartas sobre la mesa, [debe haber] una especie de punto final sobre estos asuntos. Y no es posible hacerlo, o se hace con mucha dificultad, cuando entre los uruguayos no existe la debida confianza, el debido conocimiento mutuo”, aseveró.

EMILIANO COTELO:
A partir del discurso que dio ayer el comandante en jefe del Ejército, Pedro Aguerre, ¿hay efectivamente un punto de inflexión en la postura histórica que ha tenido esa fuerza en torno a los delitos cometidos durante la dictadura?

Ayer, y a raíz del hallazgo de los restos del maestro Julio Castro, el general Aguerre aclaró que “el Ejército Nacional nace con Artigas en 1811 y se debe conducir en todo tiempo en base a los principios artiguistas”. Puntualizó que la fuerza de tierra “no es una horda, malón o algo similar”, y sentenció: “El Ejército no aceptará, tolerará o encubrirá a homicidas y delincuentes entre sus filas”.

En una conferencia de prensa convocada especialmente, y en la que destacó que contaba con el respaldo de todos los oficiales generales, Aguerre agregó: “Quien niega el pasado ante una desgracia presente, manifiesta cobardía. Los orientales somos valientes, por lo tanto no negamos los hechos desgraciados”.

(Audio de Pedro Aguerre)

“No tengo conocimiento de ningún pacto de silencio para encubrir delitos dentro de la fuerza que comando. Pero aún desconociendo si ha existido o existiera hasta la actualidad dicho pacto, desde este momento doy la orden de su revocación inmediata”.

(Fin del audio)

¿Cómo se analiza este mensaje desde el Ministerio de Defensa Nacional? Vamos a conversarlo con el ministro Eleuterio Fernández Huidobro.

Supongo que el general Aguerre contaba con autorización del mando superior para realizar este pronunciamiento del día de ayer, ¿no?

ELEUTERIO FERNÁNDEZ HUIDOBRO:
Por supuesto, claro que sí.

EC – ¿Autorización o pedido? Porque hay versiones de prensa esta mañana que señalan que este pronunciamiento se realizó a solicitud del presidente Mujica tramitada a través de usted mismo, el ministro de Defensa.

EFH – En lo que tiene que ver conmigo niego eso rotundamente, o no tengo conocimiento. Por otra parte, Mujica no estaba en el país pero pudo haber llamado perfectamente al general Aguerre, pero de eso no tengo conocimiento. Yo sólo tengo conocimiento de lo que el general y quien habla hicimos, que fue llamarnos a una reflexión profunda ante los acontecimientos de la aparición del cuerpo. Ya lo habíamos hecho con el general Rosales poco antes de que asumiera el general Aguerre. Hay que releer el discurso de despedida del general Rosales, que ya contiene cosas parecidas a estas. Lo mismo el discurso pronunciado por el almirante Caramés el 15 de noviembre en la plaza Virgilio, en oportunidad del cumpleaños de la Armada Nacional. Esto es una continuidad de un proceso, que constituye un cambio, si quiere llamarlo así, pero yo pienso que es más bien un proceso.

EC – Usted dice entonces que habían dialogado con el general Aguerre a propósito de abrir estos espacios de reflexión.

EFH – Es reflexionar muy concretamente sobre los descubrimientos producidos por la Justicia en torno a la forma en que fue asesinado Julio Castro y todo lo que eso implicaba. Nada más que eso. Fue por teléfono además, muy breve. Él me visitó en mi casa el sábado y yo no tuve injerencia en lo que el señor comandante hizo. Estamos hablando entre hombres adultos y todos sabemos cómo tenemos que comportarnos. Me enteré del texto del discurso por la prensa, y ayer le hice llegar mis felicitaciones.

EC – ¿Cuánto cambia a partir de ayer la postura histórica de las Fuerzas Armadas respecto a los delitos cometidos durante la dictadura?

EFH – Le vuelvo a decir que es un proceso, hay temas generacionales, hay un cuerpo de generales que ayer estuvo junto al comandante. Entonces no son sólo sus palabras como una cuestión personal sino colectiva. Hay otros problemas que tal vez también contribuyen a todo esto, como la modernización de las Fuerzas Armadas, esa mirada hacia delante urgente que tenemos que hacer y en la que están trabajando todas las Fuerzas Armadas. Las situaciones del mundo, cómo cambia todo. Y también un problema de edad, de generaciones. No es fácil de explicar.

EC – Sí, es interesante ese análisis que usted hace de por qué ahora este pronunciamiento y este giro. Aguerre señala que la información sobre el caso Julio Castro precipita este punto de inflexión, sin embargo hace años que hay indicios fuertes de otros casos de personas detenidas durante la dictadura que no murieron simplemente “en la tortura”, que fueron ejecutadas por funcionarios militares. Pueden citarse los casos de Elena Quinteros, de María Claudia García de Gelman, después de robarle su bebé, o el caso de militantes del PVP secuestrados en Argentina y traídos a Uruguay en el llamado “segundo vuelo”…

EFH – …El caso de los fusilados en Soca…

EC – …Sí, es otro ejemplo. Entonces, ¿por qué el caso Julio Castro es el que motiva esta reacción positiva del mando del Ejército?

EFH – Vuelvo a decirlo, porque el caso, como usted dice, tiene un impacto pero también hay cambios en el Ejército.

EC – ¿La impronta personal del general Pedro Aguerre influye?

EFH – No sólo la de él sino la de todos los generales del Ejército. Si usted se pone a sacar cuentas, el Ejército está en su enorme mayoría –tanto oficiales como personal, soldados y suboficiales– integrado por personas más jóvenes y por lo tanto tienen otras cosas en la cabeza, distintas a las que teníamos nosotros hace cincuenta años, totalmente distintas diría yo. Y eso también influye enormemente. El tiempo hace lo suyo.

Ayer no sé quién lo decía, no sé si lo leí o lo escuché, ¿cómo se le explica esto a los nietos o a los hijos? Por ejemplo en el caso de este señor comandante que su abuelo estuvo preso y su otro abuelo fue asesinado en París. ¿Cómo hace un ser humano para explicarle a esa tierna juventud una cosa tan compleja y tan rara?…

EC – …Usted está aludiendo a la peripecia personal del general Pedro Aguerre. El padre del general Aguerre fue un militar seregnista preso durante la dictadura y el suegro del general Aguerre era nada menos que el coronel Ramón Trabal, asesinado en París.

EFH – Efectivamente. Pero esa peripecia humana no es solo del señor comandante, atraviesa muchas familias y muchas relaciones humanas en Uruguay debido a los acontecimientos. Ahora, los nietos, los hijos, piden explicaciones y a veces es muy difícil darlas.

EC – El Centro Militar salió casi de inmediato a respaldar el discurso del general Aguerre. Ese dato fue sorprendente para muchos, ¿cómo lo vio usted?

EFH – Yo lo vi de otra manera, yo vi que un periodista buscó ese reportaje.

EC – Eso es cierto, pero al mismo tiempo tuvo una respuesta.

EFH – Cualquier avezado periodista sabe de antemano lo que le van a contestar, porque somos un país muy chico y conocemos a todos los protagonistas. El señor coronel retirado Cedrés cometió una barbaridad y creo que cuando lo llamaron sabían que la iba a cometer, era casi de cajón.

EC – Usted está aludiendo al hecho de que, además de respaldar el discurso del general Aguerre, el coronel retirado Guillermo Cedrés agregó: “Los militares que mataron a Julio Castro actuaron con la misma brutalidad que los guerrilleros que mataron a Pascasio Báez”.

EFH – Eso es verdad y con esa frase coincido. La frase vandálica es la que dice que Julio Castro supo por qué moría. Creo que se debe estar arrepintiendo de haber dicho tamaño disparate.

EC – El coronel Cedrés agregó: “Por lo menos Julio Castro sabía por qué moría, en cambio Pascasio Báez no lo supo”.

EFH – Es verdad que Pascasio Báez no lo supo, pero no es verdad que Julio Castro lo supiera. Pretender que una persona por escribir, por estar en contra de la dictadura, debía saber por qué lo mataban es un disparate de un tamaño realmente inconcebible.

EC – De todos modos, ¿qué dice usted como tupamaro a propósito de la comparación entre la brutalidad de la muerte de Julio Castro y la de Pascasio Báez?

EFH – La muerte de Pascasio –y lo dije siempre, lo dijimos siempre– fue una brutalidad, hemos pedido disculpas. Es así nomás, lo dijimos hace añares, cuando salíamos esquina por esquina, apenas salidos de la cárcel, a hacer mateadas con el micrófono abierto, a disposición del público. La gente se ocupó de preguntarnos. Y luego lo dijimos en la prensa, lo escribimos. Pero comparar eso con esta circunstancia no. ¿Qué delito había cometido Julio Castro? ¿Qué había hecho Julio Castro?

EC – Ahora, yendo al fondo de lo que dijo el coronel Cedrés, el apoyo al planteo del comandante en jefe, ¿qué señala usted sobre ese punto?

EFH – Creo que no tiene más remedio. Además yo no confundo los centros y las entidades sociales que agrupan a los retirados de todas las jerarquías de las Fuerzas Armadas con la opinión del coronel Cedrés. Hay otros dirigentes que no fueron citados por la prensa.

EC – ¿Le parece posible que a partir del mensaje de ayer del general Aguerre se obtenga información nueva y fiable, por ejemplo sobre lo ocurrido con detenidos desaparecidos? Se lo consulto porque informantes militares en su momento entregaron información falsa a la Comisión para la Paz en el gobierno de Batlle y otros entregaron información falsa al propio Comando del Ejército durante el gobierno de Tabaré Vázquez.

EFH – Discrepo con esa apreciación acerca de la Comisión para la Paz, que viene siendo injustamente criticada por tirios y troyanos en los últimos tiempos. No sé si eso se puso de moda, pero en prácticamente todos los avances que se han hecho –desde que el doctor Jorge Batlle al comienzo de su Gobierno dio noticias del hallazgo de la nieta de Gelman en adelante– es la que ha realizado más aportes, la que ha permitido encontrar lo que se ha encontrado. Obviamente recibió información equivocada o falsa, intencionada o no, de civiles y de militares. Hubo una enorme información que llegaba permanentemente desde todos los ámbitos de la vida nacional.

EC – Le aclaro que con la pregunta yo no estaba cuestionando el trabajo de la Comisión para la Paz, estaba simplemente constatando el hecho de que una parte de la información que esa comisión recibió después se ha comprobado que no era verdadera.

EFH – Es así, lo cual no es extraño ni quita ningún mérito a la Comisión para la Paz. Porque incluso en el caso en que el doctor Gonzalo Fernández, acompañado por el entonces comandante en jefe [del Ejército Ángel] Bertolotti, concurrió con la nieta de Gelman a este mismo lugar y se marcó este lugar, tal vez el error fue haberse precipitado, pero es en este lugar donde ahora se encontró a Julio Castro, metros más, metros menos. En el marco de una unidad militar entre tantas que hay en el país fue marcada esa, y en el ámbito de un campo que tiene casi 400 hectáreas vírgenes fue marcado ese lugar, ¿cómo se puede decir que el dato era erróneo?

EC – De todos modos, yo le preguntaba, ¿le parece posible que ahora con esta orden que da el comandante en jefe del Ejército se obtenga efectivamente información nueva y confiable?

EFH – Sí, me parece posible, pero uso nada más que esa palabra: me parece posible.

EC – ¿Usted entiende que hasta ahora ha venido operando una especie de pacto de silencio?

EFH – Sí, lo creo, pero no ha sido así en todas las Fuerzas Armadas. Yo no sé si la orden que se dio ayer será acatada. Ese pacto de silencio compromete a un núcleo muy minoritario hoy dentro de las Fuerzas Armadas, del cual cada vez va quedando menos gente porque se están muriendo o enfermando a niveles que van a hacer imposible ningún aporte dada su edad. Son personas que actuaron en el marco de los servicios de inteligencia, de ciertos selectos servicios que perpetraron las más grandes fechorías. Y creo que ahí hay civiles comprometidos también, no sólo militares. Eso ya se ha demostrado: dictadores presos, expresidentes de la República, cancilleres. Entonces el pacto de silencio abarca no sólo a militares sino también a civiles.

EC – El hecho de que el comandante en jefe del Ejército dé una orden de revocar ese pacto de silencio, si es que alguna vez existió, teóricamente tiene su significación en la vida militar, una orden se respeta y se cumple. En este caso, ¿cómo la ve usted?

EFH – En la vida militar sí. En esa vida no me cabe la más mínima duda de que va a ser cumplida y acatada. Pero repito: hay civiles que no tienen por qué. Y hay personas que fueron militares y han perdido su carácter por los hechos que hicieron, hay personas que eran policías, es público lo que estoy diciendo.

EC – ¿Usted o el presidente Mujica han coordinado con el general Aguerre los pasos a dar de ahora en adelante en esta materia?

EFH – No, yo no he hablado con el presidente Mujica. Lo voy a hacer dentro de un rato en el Gabinete de Seguridad, al cual estoy convocado desde que se fue a Venezuela. Así que no he tenido oportunidad de hablar de este ni de ningún otro tema.

EC – Para terminar, le consulto sobre el final de la locución del general Aguerre. El comandante dijo: “No soy un escéptico, ni un cínico moral y ético. Al contrario, la moral y la ética son herramientas aliadas en este camino que defiendo. Por tanto, por mi responsabilidad de comando, en el día de hoy y de modo extraordinario, solicito una vez más colaboración de todos para restablecer una reconciliación de acuerdo al interés común”. ¿Cómo interpretó esa frase usted?

EFH – Antes había dicho prácticamente lo mismo, pidiendo ayuda de adentro y de afuera para el esclarecimiento de lo que se pudiera esclarecer. Y terminó su discurso con esa frase, que está en un tono idéntico a los discursos recientemente pronunciados por el almirante Caramés y por el general Rosales en el momento justo de pasar a retiro y que asumiera el actual comandante en jefe. ¿Qué quiero decirle con esto? Que es un espíritu reinante desde hace ya un tiempo en el seno de las Fuerzas Armadas.

EC – ¿Qué entiende usted debe contemplar esa reconciliación de acuerdo al interés común?

EFH – Sobre la base de que todas las cartas estén sobre la mesa, [debe haber] una especie de punto final sobre estos asuntos. Hay que mirar para adelante y discernir bien la paja del trigo. Tenemos un presente y un futuro promisorios, y mucho trabajo para hacer mirando hacia delante. Y no es posible hacerlo, o se hace con mucha dificultad, cuando entre los uruguayos no existe la debida confianza, el debido conocimiento mutuo. Estoy hablando de unas Fuerzas Armadas compuestas hoy en su enorme mayoría por gente joven, que no tiene nada que ver con las cosas que pasaron hace tantos años. Al general Aguerre yo le llevo once años, lo cual es un dato bastante elocuente.

EC – ¿Puede repetir el dato?

EFH – El general Aguerre es once años más joven que yo, ese es un dato que hay que tener en cuenta también en el marco de estos análisis.

EC – Cuando se discute a propósito de reconciliación aparece el debate sobre pedir perdón o no. Hay versiones de prensa que dicen que cuando se elaboraba el texto que ayer comunicó el general Aguerre con algunos de los oficiales generales este tema surgió. ¿Usted qué dice? ¿Tiene que darse un pedido de perdón de parte de las Fuerzas Armadas?

EFH – En todo caso de parte del Estado, no de las Fuerzas Armadas exclusivamente. Los hechos del pasado, las atrocidades que se cometieron, las violaciones, fueron en primerísimo lugar decisión civil, no militar. Y además involucraron a potencias extranjeras. No caben las simplificaciones, sería demasiado fácil entender la historia del pasado de un modo tan unilateral, tan monocular.

EC – ¿Efectivamente en el Poder Ejecutivo se está evaluando esa posibilidad de que haya un pedido de perdón de parte del Estado?

EFH – No, por el momento no, pero ha habido reconocimientos públicos del Estado. En el caso que acompañó la denuncia ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos el Estado reconoció su responsabilidad en forma total. El Estado ha legislado y ha promulgado leyes que reconocen, que reparan. Todo eso constituye un cuerpo de leyes, normas, decretos, reconocimientos públicos –incluso de nivel internacional– de un Estado. No sé qué otro acto tiene que hacer.

EC – Probablemente un pedido de disculpas más general, más amplio.

EFH – Lo voy a proponer a iniciativa suya.

EC – No, no es una propuesta mía. Se lo digo porque es algo que permanentemente surge cuando se analiza este asunto, está con frecuencia en el debate.

EFH – Claro, pero surge siempre referido a los militares, y yo entiendo que en todo caso tiene que ser un pedido del Estado. ¿Qué tiene que pedir un oficial del Ejército hoy, que no tuvo nada que ver con esas cosas de haber disuelto el Parlamento, de haber enviado cantidad de gente al exilio, a la destitución, a la cárcel? Sería una injusticia pedirle a esa multitud que sólo ella en todo el Uruguay pida perdón.