26.12.2012

Ya en el 2006, y más aún en el 2007, en oportunidad del VII Congreso del MPP, afirmábamos que obtenido el histórico triunfo electoral del 2004, la Izquierda uruguaya había quedado sin estrategia por la sencilla razón de que la estrategia que condujo a esa victoria había dado de sí todo lo que podía dar: la victoria electoral.

El triunfo del 2004 expresó, también en términos electorales, el resultado de un largo camino de acumulación y, lo más importante: la conquista del corazón y la conciencia de la mayoría de los habitantes de nuestro país.

Por ende, y ahora ya en el Gobierno, necesitábamos otra que diera cuenta de los objetivos, metas y tareas necesarias para conducir desde la potencia alcanzada, el proceso de liberación nacional.

Que diera cuenta, además, de los dramáticos cambios que presentaba nuestra sociedad y el mundo, como así también de los que se esperaban a corto y mediano plazo.

Por lo tanto, la tarea se trata de una nueva estrategia de rango histórico y no de un programa de gobierno para cinco años o de una plataforma electoral para una campaña.

Aunque sus contenidos deben nutrir programas y plataformas tanto políticas como sociales bajo pena de caminar sin rumbo, administrar con retoques el statu-quo, y no dar respuesta a los enormes desafíos que están planteados y a los que se avecinan.

ESTAMOS ANTE UNA CRISIS CIVILIZATORIA

“El imperialismo es la etapa superior del capitalismo”: pero según Mujica hoy podríamos decir que “el consumismo es la etapa superior del imperialismo”.

El capitalismo ha entrado en un proceso “sacrificial”: excluye forzosamente a una gran parte de la Humanidad. El modelo cultural y por ende civilizatorio que impone, no es para todos los habitantes del planeta.

Porque se basa forzosamente en el despilfarro, la producción de bienes de corta duración planificada y enormes cantidades de basura y contaminantes de todo tipo, el agotamiento de los recursos naturales, y la disputa por ellos.

El sistema financiero del imperialismo, en un galope desbocado para ir tirando los problemas hacia adelante, ha ido empapelando al planeta con distintos modos de falsa moneda en un monto tal que según dicen los expertos, con él se podría comprar diecinueve veces todo lo que hay en la Tierra. Ha pasado de la economía real (producción de bienes) a la economía virtual propia de los casinos en los que circulan más fichas de plástico que dinero real. Con tal de seguir jugando, sigue fabricando fichas febrilmente.

La moneda en todas sus formas, y la tasa de interés que le es inherente, no sólo configuran hoy una colosal estafa sino que son el fragílisimo basamento de un mamarrachesco sistema.

EL TRAMPOSO SISTEMA MONETARIO ES HOY EL ESLABON PRINCIPAL DE LA CADENA DE DOMINACION.

Hemos cometido el grave error de no fijar nuestra atención, nuestros estudios, nuestras denuncias, y nuestros planes de lucha en eso: el dinero. Es por ello que entre otras medidas debemos avanzar con el pueblo en pos de monedas populares, locales y alternativas como una de las tareas de emancipación más importantes de esta hora. Se trata de un asunto demasiado serio como para dejarlo en manos de los Bancos (incluso Centrales) y como para que no le propongamos al pueblo que lo tome en sus manos. Que sea dueño de su propia moneda y que ella solo sirva para lo que debe servir: facilitar el intercambio entre los productores de bienes reales y brindarles el crédito que necesitan para crear valor y garantizar sus ahorros.

Este eslabón hoy preponderante de su cadena de dominación, les permite, además, crear (producir, manufacturar…), ESCASEZ ARTIFICIAL. Sin esa ESCASEZ ARTIFICIAL así fabricada como una trampa, resultaría imposible su dominio.

Vivimos inmersos en la trágica paradoja de que dados los avances científicos y técnicos, los bienes reales, entre ellos los alimentos y el agua potable de buena calidad, podrían estar disponibles para todos los seres humanos. Son y serían suficientes. El gran problema radica en que quienes más los necesitan no tienen dinero para comprarlos: sólo tienen brazos para trabajar pero tampoco se les permite ese “privilegio”. Porque hemos llegado al colmo de que tener trabajo, incluso ser explotado, es un privilegio.

Tamaño “dato” no estaba presente allá por la década de los sesenta. Era inimaginable. Hubiera parecido en aquél entonces que ello “iba hasta contra las leyes del capitalismo”.

Al mismo tiempo significa que hoy, por primera vez en la Historia, los recursos materiales para abastecer las necesidades vitales de todos los seres humanos están disponibles y son posibles. Han salido del campo de la utopía para entrar en la realidad.

Sin embargo, hoy dominan el mundo los que producen dinero del dinero. Los que crean artificialmente una insaciable hambre de dinero. Para ello han creado una mágica ilusión de “dinero” y son dueños acérrimos y absolutos no sólo del dinero sino de las máquinas “legales” que lo producen en todas sus formas.

Esta monumental mosqueta se basa en nada: solamente en la fe pública o, en su defecto, en la violencia.

El dinero vale siempre DESPUES de fabricado: cuando todos lo aceptamos y creemos en él. Antes es un papel inservible. El colmo es que, encima, nos cobran interés por ese abuso. En realidad nos tendrían que pagar por aceptar papeles que son meramente un préstamo que le hacemos al emisor: le damos crédito.

Y si se emiten cien pesos pero nos cobran interés debemos pagar los cien más el interés ¿De dónde saldrán los pesos para el interés?: se los tenemos que sacar a otros desgraciados que por ello deberán ir a pedir prestado. Con lo que el negocio además de una Jauja, es una bola de nieve que crece a ritmo exponencial. Por eso no hay más remedio que seguir emitiendo todo tipo de papeles y obligando a la gente, además, a CONSUMIR inexorablemente.

“Serás lo que tengas y si no tenés (por ejemplo ciertas zapatillas) no serás”. Es peor: “aún cuando no tengas, deberás simular que tienes luciendo para ello ciertas cosas”.

LA TRAMPA DEL “CRECIMIENTO”

Resulta claro que, entonces, el mal llamado “Crecimiento” es imprescindible para dar sostén a la burbuja. Toda la economía así entendida es una burbuja dentro de la cual a veces estallan otras burbujas.

El crecimiento anual de cada país es un imposible matemático a escala de una economía global en un mundo finito. Salvo que ese o esos países le impidan crecer a los demás. Ese crecimiento siempre será a expensas de otros y, lo que es peor aún, a expensas de la sostenibilidad medioambiental. La catástrofe ecológica es una necesidad ineludible del actual modelo y su “solución” no puede ser otra que la sobrevivencia de unos pocos a costa de la desaparición o marginación excluyente (que es lo mismo) de los demás. Muchas de sus ONG’s militan hoy muy bien financiadas para que nosotros nos encarguemos de no tocarles el medioambiente nuestro a los efectos de que ellos puedan seguir con su modelo adelante. El caso del Amazonas es demostrativo: Brasil cuenta con más de 150.000 ONG´S (10.000 de ellas en la Cuenca Amazónica a la que procuran febrilmente declarar Patrimonio de la Humanidad).

Brasil ha sido muy elocuente en sus respuestas: no tiene vocación de ser una colección de ONG’s financiadas desde el llamado Primer Mundo. Sigue procurando ser un Estado Soberano y para ello se prepara.

LA TRAMPA DEL “P.B.I.”

Encima, este peculiar “Crecimiento” se mide por una bárbara Unidad de Medida: el PBI. Que no sólo no mide nada sino que llama “Crecimiento” a cualquier desastre. En la Izquierda hemos estado omisos en cuestionar y problematizar también esos dos conceptos: “Crecimiento” y “PBI”. No los debemos aceptar nunca más.

No somos partidarios del “Decrecimiento” ni del llamado “Crecimiento Cero” (porque ambos aceptan que hay un crecimiento y no denuncian esa falsía), sino de un verdadero Crecimiento medido con una verdadera unidad de medida.

Este es un formidable asunto ideológico y una decisión soberana y democrática de cada pueblo. No puede ser que se nos consulte para cosas triviales y se nos enajene la posibilidad de decidir sobre la sustancia encajándonos aceptar lo que más nos perjudica.

LA GUERRA

Es por ello que además deben imponer, de ser necesario a la fuerza, este modelo cultural y civilizatorio a otras culturas y a otras civilizaciones. Para ello despliegan además de Fuerzas Armadas de lejana proyección y un formidable aparato de propaganda y publicidad mundial, miríadas de ONG’S con pieles de cordero.

Hoy los Derechos Humanos de Occidente entendidos como valores Universales pretenden ser impuestos por la Fuerza en otras culturas y civilizaciones que se resisten. Y lo que aún es peor: las últimas invasiones y rapiñas se han hecho en nombre de los Derechos Humanos tal como los entienden los EEUU y quienes lo apoyan en eso. Por ello, estamos en la era, también, del Imperialismo Humanitario. Es muy recomendable la lectura del libro de Noami Klein (“La teoría del Shock”) en cuánto desenmascara el “invento” peculiar de los DDHH según la Fundación Ford.

Esa forzosa descontextualización de los DDHH como principio (no importa qué pasó ni qué pasa ni quién fue el responsable) era y es la única forma en la que los más grandes violadores de los DDHH pueden transformarse en sus adalides.

Ahora han agregado la Doctrina del “Bloque de los DDHH” que internacionaliza la reforma de nuestra Constitución y le prohíbe su reforma a los uruguayos.

En este momento se discute en la ONU el llamado R2P y otras iniciativas que pugnan por eliminar el concepto de Soberanía y de No Intervención nacidos en 1648 (Paz de Westfalia) y vigentes hasta hoy, por uno muy distinto que coloca en selectos ámbitos internacionales la decisión de intervenir por la fuerza en cualquier país que a juicio de dichos cónclaves no respete ciertas cosas definidas por ellos mismos. Primero desestabilizan y luego invaden.

El resultado de tamaña “idea” no es otro que el armamentismo y la guerra interminable porque como ningún país es estúpido, la mayoría de ellos prepara su resistencia.

En suma: nos estamos asomando a una guerra de civilizaciones y, además de las armas, se fabrica hoy toda la parafernalia jurídica necesaria para justificarlo. Como siempre.

En realidad, la cruda verdad es que si la gente no acepta tener cosas, ser adquisitiva y consumista, quienes dejarán de ser son los Bancos. Se les derrumbaría el fraudulento edificio tan frágilmente basado.

Es porque saben la extrema debilidad de sus “cimientos”, que se arman hasta los dientes y se aprestan a la guerra: ese y no otro es el verdadero basamento de su Sistema.

Los gastos militares de las grandes potencias hoy superan a los de la Guerra Fría. Con muy poco de ellos se podrían resolver los más grandes problemas que afligen al mundo. Durante aquella Guerra se nos había dicho que el enfrentamiento bipolar era ideológico pero hoy vemos que lentamente se van alineando los dos mismos bloques por lo que cabría preguntarse si era realmente ideológico o si la ideología no era más que el barniz encubridor de poderosos y permanentes intereses geoestratégicos no resueltos. Esa pregunta nos interpela muy especialmente.

El guerrerismo no solo es basamento sino que lamentablemente sabemos que la guerra ha sido varias veces la Gran Solución a las crisis del capitalismo: en ellas se blanquean y queman gigantescas masas de dinero, amasando algunos (los mismos de siempre) grandes fortunas. A veces financiando a todos los bandos, como está probado, para poder volver a empezar con la misma historia hasta la próxima guerra.

En 1961 el insospechable Eisenhower, en su memorable discurso de despedida, alertó al pueblo de los EEUU acerca de tres peligros:

1.- Que el gigantesco Complejo Industrial-Militar desarrollado para ganar la II Guerra Mundial terminara apropiándose de los EEUU y preparando nuevas guerras.

2.- Que las Universidades fueran perdiendo sus libertades a favor de técnicos al servicio de lo anterior y que además, dicha tecnocracia se apropiara del Gobierno real sustituyendo al pueblo.

3.- Que el afán desmedido por vivir más allá de las posibilidades y de la prudencia, arrasara el medio ambiente y los recursos naturales negándole a los nietos la posibilidad de vivir como sus abuelos.

Con sus profecías cumplidas incluso más allá de los EEUU fue un Profeta. O simplemente disponía de muy buena información.

ROMPER ESQUEMAS

La prédica de Mujica ha sido criticada desde tiendas pretendidamente intelectuales como una mala filosofía del pobrismo: no han entendido nada (tal vez porque creen estar subidos al mundo de los que sobrevivirán). Tal vez creen tener asegurado su carísimo pasaje en el Arca de Noé.

Hay esquemas del pensamiento que ya no sirven. Paradigmas que están muertos y huelen mal. Debemos huir de ellos como de la peste. Si permanecemos presos en ellos no encontraremos salida alguna. Conducen a callejones sin salida. Son cajones. Es seguir dando vueltas en el laberinto de la esterilidad.

Es imposible elaborar estrategia sin romper esquemas ni siquiera esperando a que la realidad los rompa.

Se debe pensar fuera de los paradigmas impuestos y desde nuevos paradigmas que debemos construir entre todos. Por eso la crisis es cultural y civilizatoria. La base de ciertas ciencias y ni qué hablar de ciertas certezas, está en cuestión.

LA VIVIENDA

Es por ello y en ese sentido que el tema de la Vivienda pasa a tener contenidos estratégicos. No solo abarca el asunto de la carencia y los carenciados sino que alcanza dimensiones civilizatorias. Es por lo tanto un asunto demasiado grave como para dejarlo en manos de los Arquitectos. A ellos, más que a nadie, les costará muchísimo romper con los paradigmas de su Academia. Ello nos ha conducido a grandes fracasos y seguirá conduciéndonos a desastres sin remedio.

La civilización construída en base a mares de petróleo barato ha llegado a su fin. De ella, como parte esencial junto con la centralización y el proletariado multitudinario y concentrado, brotaron las ciudades y macrociudades de hoy en día (casi todas litorales cercanas a los puertos del Comercio) y por lo tanto un cierto concepto de “urbanismo” que hasta hoy es “palabra santa” en países atrasados.

Sin embargo, junto con aquella alegre y desprevenida civilización, por momentos francamente frívola, dichas grandes ciudades tal como son hoy están condenadas a muerte años más o años menos. Cuánto más y tanto más, el concepto en boga (acá) de su densificación. Algo que marcha a contramano de la Historia.

La amenaza del agotamiento de los hidrocarburos baratos, su alza de precios, la crisis ecológica, hace que cada día resulte más difícil y costoso, realizar la proeza logística cotidiana de abastecer en base a millares de camiones y otros medios a dichas ciudades. La gente paga gasoil en lugar de verdura.

Traer el agua potable repecho arriba desde Aguas Corrientes hacia la zona Metropolitana donde vivimos el sesenta por ciento de los uruguayos es un gigantesco derroche y despilfarro de agua y energía (OSE, y por eso, es el principal consumidor de la UTE). Cada vez que tiramos de la cadena tiramos petróleo. Es algo disparatado para quien mire la escena con gafas sin paradigmas implantados.

Mientras tanto, ofrecemos al mundo el traste de un gigantesco desierto fértil y verde, lleno de recursos al alcance de la mano, y peligrosamente vacío. Corremos un riesgo monumental.

La Vieja Academia se propone seguir amontonando gente en una ciudad hoy pletórica de prepotentes flotas automotrices que hacen de la vida un calvario y de la muerte algo que se lleva a una persona cada dieciséis horas.

“Densificar la ciudad” – dicen – “porque allí están los servicios”. Entre ellos el saneamiento.

¿Cómo puede un profesional universitario hoy en día seguir denominando “saneamiento” al desastre ambiental de la red cloacal montevideana (que conocemos como nadie)?

Aguas de lluvia, aguas servidas y efluentes hospitalarios e industriales por un mismo caño y sin tratamiento previo alguno, son evacuadas con la única salvedad de que gracias a una financiación del BID (¡Parece joda!) colocamos un caño para tirar esa asquerosidad un poco más lejos… Es impresentable.

No debe haber cosa más contaminante del Río de la Plata que las ciudades de Buenos Aires y Montevideo.

Encima, y por si fuera poco, cuando los obreros y los pobres consiguen un terreno barato, o incluso del Estado, para construir viviendas, le zampan olímpicamente que NO con cuatro temibles sellazos de goma, “porque no tiene ese saneamiento cerca”.

Sin embargo, en esas cercanías, los Countrys Privados que compraron tierra suburbana muy barata lucen esplendorosos saneamientos alternativos aledaños a sus campos de golf. Y en ellos viven muchos ingenieros y arquitectos. ¿En qué quedamos? Y además ¿Serán estúpidos los ricos? Eso es lo único que no podemos pensar de ellos.

Las 25.000 viviendas de MEVIR, una encomiable obra uruguaya, lucen también sus saneamientos alternativos en franca contradicción exitosa. Todo lo contrario a Montevideo que, repetimos, carece del más mínimo.

Y resulta que hoy en China y en otros países las casas prefabricadas vienen cada una con su propio tratamiento de efluentes.

Se alega en fase terminal que como el enorme error ya es incorregible en Montevideo, no hay más remedio que disimular y seguir por el mismo camino sin levantar sospechas pero agravándolo.

Sin embargo, el desastre tiene arreglo justamente si no densificamos la ciudad sino que, por el contrario, la llenamos de parques, espejos de agua y usinas de tratamiento previo antes de que la porquería llegue al río.

Pero habría que cambiar el Paradigma. Y hay demasiados intereses, y muy poderosos, lucrando de ese Paradigma.

Se llega incluso a criticar a la enorme población que colonizó por sí y ante sí la Ciudad de la Costa, la Costa de Oro, el Eje de la Ruta 8, el de la Ruta 7, el de la Ruta Cinco, el Rincón de la Bolsa hasta Playa Pascual en la hoy llamada Ciudad del Plata, etcétera.

Sin apoyo de nadie, sin planos de nadie, sin el mal llamado saneamiento, esa parte de la población urbana de Montevideo llevó a cabo la mayor autoconstrucción de que se tenga memoria. El único motor de eso fué el precio de la tierra.

Sólo a los grandes intereses inmobiliarios les conviene que para viviendas se compre un solar urbano que sale los dos ojos de la cara y que por ende en él se construya una torre donde para un pobre de solemnidad no hay acceso posible. Ni tampoco para quienes disponen de sueldos bajos. Pero además lo que se les propone es un nicho en alguna torre, sin verde, sin jardín y con el alma en la boca para que siga habiendo energía eléctrica y los ascensores anden (en estos días y en los EEUU descubrieron que es imposible vivir sin ellos en un alto piso: debido al Huracán ni los bomberos podían llevar medicamentos a los enfermos por tanta escalera). Y ni qué hablar si se incendia algún piso de abajo. Por si todo ello fuera poco, los niños deben vivir entre rejas sin posibilidad casi de jugar en la calle (debido a los autos y a la violencia valga la redundancia).

Decir que esa gente carece de saneamiento y llamar saneamiento al mamarracho montevideano es una burla macabra.

OCUPAR EL TERRITORIO

La diseminación de las poblaciones en ciudades pequeñas lo más cercanas posible a los recursos básicos; la generación energética distribuída; el tratamiento de basuras y efluentes en cantidades manejables (no queremos hablar ahora del Chernobyl montevideano de la calle Felipe Cardozo ni tampoco del de Cañada Grande), el ahorro de combustible, el autoabastecimiento, la calidad de vida y muchas otras razones, señalan el camino hacia una nueva civilización y un nuevo ordenamiento territorial. Una nueva geografía humana.

Capítulo aparte merece el tema de las casas prefabricadas rechazadas con ferocidad por los “expertos”.

Lo que en todo el mundo se viene aplicando para resolver rápidamente el dramático problema de la vivienda, en Uruguay es tabú. Está prohibido. Nunca el atraso intencional, impuesto desde arriba, ha podido ser observado tan de cerca.

La Izquierda, su clase obrera y demás estamentos de la población deben incluir en su Programa la lucha para que tanto viviendas, como escuelas, centros CAIF, liceos y salones de todo tipo escapen a la órbita prohibicionista y lo prefabricado pase a ser el centro de las inversiones y actividades del Gobierno en ese tema. Uruguay, con los recursos disponibles hoy, tiene a mano la solución rápida de este asunto.

Luego de ocho años de Gobierno ello ha sido imposible solamente por la resistencia que distintos estamentos corporativos han opuesto a las soluciones que en todo el mundo se aplican. Vetustas relaciones de producción impuestas mediante el poder se oponen al desarrollo de las fuerzas productivas.

No debe haber tarea programática y civilizatoria que requiera más del desarrollo local y barrial que la lucha por la autonomía alimentaria, energética y laboral de los pueblos. Sobre la libre disponibilidad de energía, alimentos y agua, pende una amenaza rotunda y sombría. Tanto para el país como un todo como para cada barrio y localidad. En caso de escasez serán ellos, los barrios y las localidades, los primeros en ser desprovistos.

Pero nunca como ahora están disponibles tantas tecnologías y recursos como para lograr esa autonomía y así beneficiar también al país en su conjunto.

Se trata de un cambio radical en el ordenamiento territorial, la matriz energética, en la de transporte, en los sistemas constructivos, etcétera: un nuevo paradigma cultural y civilizatorio.

Cambios en la generación energética, en la acumulación, en la distribución, en la eficiencia y junto con ellos, muy unidos, en el tratamiento de basuras y efluentes. Cada barrio y localidad debe apoderarse de su basura y sus efluentes, sacando de ellos el mejor provecho y eliminando sus efectos contaminantes. Ello incluye las actividades productivas y no sólo las domiciliarias.

Uruguay carece de una política al respecto pero la mejor de las políticas es ir hacia el manejo descentralizado de estos asuntos.

Cada barrio y localidad debe procurar autoabastecerse de alimentos y suministros básicos para evitar también por ese medio grandes gastos en transporte y ganar autonomía que prevenga desabastecimientos provenientes de fallas en los sistemas logísticos centralizados. Cada localidad debe procurar generar puestos de trabajo en sus alrededores por la misma razón. En ello pueden y deben jugar un gran papel los sistemas monetarios propios.

EL NUEVO ESTADO

No se trata de discutir si es necesario más Estado o menos Estado. El dilema tampoco radica en privatizar o estatizar.

Pero hay que partir sí de una certeza a esta altura objetivada: con este Estado, así como está, no se puede caminar hacia el futuro. Mucho menos producir los cambios que la sociedad reclama.

El Estado actual es funcional al más rígido statu quo. Tiene vida propia y milita activamente contra los cambios.

Guarda en su seno, enquistados y atrincherados, enormes intereses burocráticos entrelazados con poderosos intereses corporativos públicos y privados que medran en la quietud y el inmovilismo.

En ese sentido puede decirse sin error ni exageración que está casi totalmente privatizado y es por eso que grita a favor de cuanta estatización sea posible. Genera pensamiento e ideología extremadamente conservadora aún cuando se forre con colores atractivos, tramposos y confusionistas.

El clientelismo ya no pertenece a ningún Partido: fue privatizado por el Estado mismo como monstruosa supercorporación con vida propia sea cual sea el color gobernante de turno. Cinco años, ocho años, no es nada ante su permanencia secular inamovible. Hay también en él diversas corporaciones profesionales, algunas antiquísimas y otras flamantes, que poseen en el Estado inmensos latifundios burocráticos propios, ajenos por completo a la sociedad y reserva de mercado monopólica para todos sus abusos. Trabajo asegurado para generaciones de descendientes. Hereditarios como títulos de nobleza. Nadie ni nada conoce los laberintos y las telas de araña que ellas mismas han creado pacientemente a lo largo de décadas para que sean inexpugnables y para que nadie que no les pertenezca pueda reptar por entre ellos. Quien lo intente se perderá irremisiblemente y tal vez para siempre.

Uno de los caminos, no el único, para construir un Estado al servicio de la población es descentralizarlo y poner en manos directas del pueblo usuario y financiador el control y la dirección de última instancia de cada una de las partes descentralizadas. Jamás en manos de los funcionarios de cada repartición.

Mucho mejor las asociaciones de vecinos. Mucho mejor el conjunto de los trabajadores cuando viven la mayor y mejor parte de su tiempo fuera de la fábrica, el taller o la oficina.

El hipercentralismo es por obvias razones un grandísimo aliado del mal que venimos reseñando.

Los controles de gastos deben dejar de ser previos para pasar a ser posteriores y más rigurosos. En nombre del control previo se esconde muchas veces la intención de trancar para obtener resultados muy planificados o simplemente para impedir la pérdida de algunos privilegios tanto internos como externos. Todo ello se retribuye (hasta con tarifas) y además nada ni nadie controla al controlador. La mejor gestión se obstruye o se destruye sin que además nadie ni nada pueda averiguar jamás quien lo hizo porque la responsabilidad se diluye en innúmeras oficinas.

Es por ello que en cuanto se pueda, conviene poner en manos de los vecinos la decisión y el manejo de los recursos disponibles.

Absolutamente siempre se utilizara el argumento de que los vecinos no están capacitados para tomar decisiones. Y lo que es peor: que solamente los especialistas debidamente habilitados pueden hacerlo. Ni siquiera los especialistas: sólo los habilitados. La tecnocracia, sustituyendo al Soberano, basa su dominación en diplomas restringidos. O sea, como el sistema financiero, en papel sellado de curso legal y forzoso.

La autogestión social del Estado es muchísimo mejor que lo actualmente conocido y sus deformaciones.

El Estado puede tener el monopolio de ciertas actividades pero ello no significa que una sola entidad ejecute las tareas de dicho monopolio. Ni tampoco que exista una sola Academia o “Escuela”.

Se hace imprescindible que la clase obrera junto con los trabajadores en general y con los empresarios productivos, vuelva a plantearse la creación de sus propias Universidades, sus propios Bancos, sus propias monedas, sus propias cooperativas, sus propias casas…

Esta alianza, fuerza motriz de los cambios históricamente necesarios, puede hoy, más que nunca, encontrar cuantiosos aliados en todos los países del mundo sin exclusión alguna.

Porque entre otras cosas y nuevamente, el sistema financiero mundial y su sistema bancario y monetario ha golpeado muy duramente también a los pueblos del llamado Primer Mundo. La lucha por la Liberación de esa coyunda puede y debe reunir fuerzas incontrastables. Ella es imprescindible también para impedir el desastre más grande imaginable: la guerra.

Eleuterio Fernández Huidobro.