27.05.2014

Adolfo Wassen, enfermo de cáncer a la hora terminal de su enfermedad, poco antes de la liberación de todos los presos (que no pudo ver ni disfrutar porque la muerte llegó antes), se declaró en Huelga de Hambre en infinita inferioridad de condiciones, alegando, incluso ante sus afectos más cercanos que desaconsejaban tamaño sacrificio: “Aún puedo hacer algo por los compañeros”.

Oración que pasó a ser propiedad popular multitudinaria en volantes y grafitis, y que iba dirigida, a nosotros: los que gozando de cierta salud seríamos liberados gracias a su lucha y a la de tantos y tantas, para disfrutar, además de la vida, de la Libertad.

Faltó a todos los festejos, no estuvo en ningún brindis… Le quedamos debiendo lo imposible de pagar.

Poco después, tuvimos la amarga misión de llamar a París para pedirle a un agonizante Sendic, nada menos que el permiso, para difundir su en fermedad a pocas horas, decisivas, del Plebiscito de 1989: quizás algunos recuerden las que tal vez fueran las más duras columnas periodísticas que nos haya tocado escribir a Guilermo Reichman y a mí, en aquella multitudinaria Edición del quincenario “Mate Amargo”…

Como si fuera un reiterado designio del Destino, hace pocos días, alguien más joven y en aparente mejor estado de salud que nosotros, fue golpeado alevosamente por dos rayos inesperados.

Dos heridas graves le dieron a Carlos Mara de lleno con pocos días de diferencia. De la primera salió de milagro con éxito. Pero de la segunda ya no pudo salir.
Y entonces, a pocas semanas de otra jornada de lucha muy importante para nuestro pueblo se puso, a pesar de todo, al frente, y, como todos y todas sabemos, hasta hace unas horas, ya diezmado, gravemente herido, más muerto que vivo, malanduvo entre nosotos, reclamando lugar en la primera fila. Militando hasta el fin con optimismo. Como si nada pasara. Riéndosele en la cara a la Muerte.

En nombre de todos y todas prometemos ante estos laureles, que Carlos Mara llegará.
Estará en esta y en todas las demás batallas. Nos encargaremos de eso. ¡Nos haremos cargo!

Vimos fotos de un muy joven melenudo, llevado entre dos, herido por las perdigonadas del 68, contra los estudiantes de Medicina entre los que por aquel entonces militaban juntos Marquitos Abelenda, con el por entonces folklorista Henry Engler y el Vikingo coloniense Walter Zimmer. Y tantos más.

carlos mara

En hora de tan mala noticia, sabemos muy bien que hay ojos llenos de valiosas lágrimas inimaginables en los lugares más inversímiles. Porque la gente buena, sencillamente buena, es así.

Prosaicos, no tenemos la fuerza de los poetas. Estamos indefensos e impotentes ante tan palpable testimonio de grandeza. El ser humano puede. El ser humano puede.
Estamos ante una prueba indiscutible de eso.

Nos abre de par en par la puerta de la Esperanza. Su vida defiende dentro de nosotros mismos, ante las vacilaciones y las dudas, la Fe en los seres humanos. No somos un desperdicio del Universo. Todo lo contrario.

Con la consiguiente disculpa, y apelando por favor, a esa cumbre casi inaccesible de la poesía, hemos tratado de resumir en una palabra la trayectoria humana de Carlos Mara y no se nos ocurre más que una: SIEMPRE.

Integrante de una imponente caravana de Héroes, equivale algebraicamente a la imprescindible
“constante” “SIEMPRE”.
Una persona, un ser humano y un militante, “SIEMPRE”.
Sin tasa ni medida, generosidad derramada, solidaridad y altruísmo hecho carne y hueso.
Quienes lo conocen saben: estuvo, está y estará, en todas las quijotadas, SIEMPRE.
Vayan, para tratar de expresarlo, estos humildes versos:

¿Cuándo te fuiste?: NUNCA.
¿Cuándo te estuviste yendo?: NUNCA
¿A qué hora de qué día te vas?: NUNCA

¿Cluándo no te fuiste?: SIEMPRE.
¿Cuándo no te estuviste yendo?: SIEMPRE.
¿A qué hora, de qué día no te vas?: SIEMPRE.

 

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